El aire de mis ventanas
que tanto quiere mi viento
me filtra olores que siento,
perfumando la mañana.
Niñez, que asoma un instante
con sopor de adolescente
de juventud displicente
de madurez anhelante.
Quisiera parar el tiempo,
revisarlo,
suprimir aquel momento,
tan aciago.
El aire de mis ventanas
que tanto quiere este viento
viendo las flores del tiempo
que blanquearon mis canas.

Niñez que asoma y repite
errores inevitables
estancias inhabitables
miasmas de aquel pupitre
¡Cuánto esperas la madurez!
Tanto, cuanto la deseas.
Tanto que te desespera
estar lejos de la vejez.
Y hoy, final de mi era,
¿repasando?
Debo eludir tanta espera
anhelando.
El aire de mis ventanas,
que tanto quiere mi viento
viendo las flores del tiempo
que blanquearon mis canas.
Madurez endurecida
reposo de anciano saber
riqueza para no perder
lucro de toda una vida
Eres mi mejor tesoro
acumulado.
Ese, y el amor que adoro,
enamorado.
El aire de mis ventanas,
que tanto quiere mi viento
me filtra olores que siento,
al despertar la mañana.