Comienzo a dudar si tras sesenta años de ejercicio sé algo de Derecho.
Espero seguir sabiendo algo, aunque sólo sea de Justicia.
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Mirando el bosque
Degeneración democrática
DEFENSA DE LA TAUROMAQUIA

La empresa Nautalia Viajes S.L. gestora de la Plaza de Toros de Valencia en 2025 ha visto invadida su libertad de Empresa (Derecho constitucional) porque ha publicado su vídeo de presentación de la Feria de Fallas 2025 en youtube y se lo han bloqueado.
¡Vergüenza debería darles a los responsables de youtube!
https://videos.toromedia.com/w/ePSRS8KQigWwJS8LN9ifU5
De antifascistas y locos (todos tenemos un poco) – distopías diarreicas.
Sobre estúpidos e ignorantes https://www.zendalibros.com/perez-reverte-sobre-estupidos-e-ignorantes/
Los PENSAMIENTOS de Josejazz.
A Sánchez se le puede aplicar esta frase de Miguel Cabanellas: «Ustedes no saben lo que han hecho porque no le conocen como yo (…) Si ustedes le dan España, va a creerse que es suya y no dejará que nadie lo sustituya en la guerra o después de ella, hasta su muerte». Hablaba del dictador Francisco Franco.
OLE y los trampantojos
“Encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.”
Si Platón hubiera vivido en el s. XXI nos hubiera hablado del trampantojo de la caverna, en lugar del mito, dado que la realidad social que vivimos se nos presenta en su totalidad como un gran trampantojo por medio del cual un enorme colectivo de ciudadanos, encadenados de cuello y piernas casi desde su nacimiento por un engranaje mediático-político que sobrepasa a cualquier pretendido cambio de poder o devenir ideológico, generalmente conocido como “stablishment” pero que el filósofo griego calificó como “farsantes prestigiosos”, proyecta sobre el fondo de nuestras conciencias imágenes que son reflejo ensombrecido de lo que éstos pretenden que confundamos con una realidad que dista mucho de ser la que nos ofrecen.
La existencia de aquellos dos mundos, el sensible – de las apariencias – y el verdadero – de las ideas – es perceptible a cualquiera que se proponga cultivar un tanto de perspicacia y dar un repaso al panorama socio-político en que nos estamos desenrollando, que no desarrollando.
A poco que estemos dispuestos a pararnos a pensar sobre esta realidad, que no verdad, social en la que nos desenvolvemos, podremos comprobar que el trampantojo de la caverna de Platón está hoy más alejado que nunca de tratarse de un mito.
Si queremos seguir refrescando la continuidad del relato de “La República” veremos que alguien que proviene del mundo de las verdaderas ideas, trata de conseguir la liberación de aquellos que permanecen en el interior del de las sombras y el adoctrinamiento.
En España este intento está siendo llevado a cabo en los últimos años por un nutrido grupo de ilustrados que parece haber quedado postergado al más ruin de los ostracismos, aquellos que tras la denominación de “Campaña OLE, Otra Ley Electoral” vienen afanosa e incansablemente laborando por conseguir que esa inmensa mayoría de ciudadanos que creen vivir una realidad, dejen de ver sus sombras.

A algunos de los que permanecíamos en el interior del mundo de las sensaciones y de las sombras nos deslumbró la luz que este conjunto de personas, de ciudadanos, nos mostró en sus innumerables intentos de hacernos llegar al mundo de las ideas. Platón no se equivocó cuando afirmó que esta labor, esa escapada al exterior de la caverna que simboliza la transición hacia el mundo real, el acceso a un nivel superior de conocimiento era labor de los sabios, de los ilustrados, de los “aristos”. En esta realidad nuestra hemos podido disponer de la iluminación y magisterio de Lorenzo Abadía.
Pero este intento, se nos advierte por el griego, viene acompañado por un camino complicado. Conseguir llegar a este mundo real (verdad) es difícil ya que representa el paso de lo sensible a lo inteligible. Lo sucedido en los últimos tiempos en España no hace más que adverar lo atinado del análisis de Platón. Pero ¿qué tiene de malo saber la verdad que a tan pocos interesa conocer? Nada en absoluto, salvo que le puede llevar a uno a darse cuenta de que vive engañado y ponerle en la tesitura de decidir si quiere seguir estándolo o no. Es triste, pero es así.
Es cierto. Está siendo un verdadero intento platónico en el más puro sentido alegórico del término, está siendo el viaje a Ítaca de Kavafis, o el de Fernán-Gómez, aninguna parte.

Platón ya advirtió que el regreso al mundo de las sombras de los que habían sido deslumbrados por la luz, con la ayuda de los hombres sabios, el retorno a la caverna de los que han visto el sol y alcanzado la verdad, no echarán de menos su vida anterior ni los honores disfrutados, pero si pasan de la luz a la oscuridad tardarán en acostumbrarse a la penumbra y los que todavía permanecen en las sombras creerán que salir a la luz conlleva que se estropeen los ojos por cuanto no merece la pena la ascensión.
El alumbrado que ha salido de las tinieblas debe ayudar a sus compatriotas. Las tinieblas representan una existencia en la que sólo se concede valor a lo sensible. En el ámbito social y político las tinieblas representan la manipulación de la opinión pública, que se basa en la persuasión mediante lo aparente y no mediante lo real, que es más difícil de comprender.
Pues bien, ¿Hasta qué punto toda esta metáfora ha cobrado carta de naturaleza en la campaña OLE? Pues hasta el punto de que en un desmesurado afán de ayudar a los menguados a ver la luz e intentar hacerlos salir de su trampantojo, se inicia el cervantino mito de la lucha contra los “molinos de viento” y, a sabiendas de que en realidad se trata de molinos, no se duda en arremeter, lanza en ristre, a todo el galope de Rocinante contra el primer molino que estaba delante, y después a otro, y luego a más sin considerar tan siquiera el riesgo de que de repente “dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.”
Y es que en esta ocasión son en realidad gigantes y no molinos de viento.
Justo Coll Villanueva.
Gustavo Bueno a cuatro años de su muerte
Enlazado desde Miércoles, 02/Sep/2020 Lino Camprubí El Mundo
Ayer, 1 de septiembre, Gustavo Bueno hubiera cumplido 96 años. Me pide Fernando Palmero una semblanza del filósofo a cuatro años de su fallecimiento. Agradezco la oportunidad de recordar a mi muy querido abuelo, maestro y amigo. Como ciudadano interesado en las ideas filosóficas que organizan, lo queramos o no, nuestras interpretaciones y reinterpretaciones del mundo que nos rodea, acepto muy honrado el reto de valorar el lugar de la filosofía de Gustavo Bueno a fecha de 2020.
Pero cuatro años no son suficientes. Sirven, eso sí, para constatar que la obra de Bueno sigue viva tanto explícitamente como implícitamente en ámbitos muy diversos. Explícitamente, desde algún que otro monográfico dedicado a su filosofía a innumerables menciones en artículos académicos y periodísticos, pasando por intentos de apropiación política de uno u otro signo. Y luego están los interminables (y a veces fructíferos) debates en las arenas de Facebook, Twitter y Youtube.

La presencia implícita de la filosofía de Bueno se percibe por su parte en la importante influencia cultural de varias de sus ideas y distinciones teóricas (pese a que quienes las usan a menudo no nombren su procedencia).
A pesar de todo esto, quien haya leído con calma algunos de los libros más complejos y ricos de Bueno no podrá evitar la sensación de que la presencia de su filosofía es a menudo superficial y no hace justicia al verdadero alcance intelectual de sus ideas.
La verdad y coherencia de una obra filosófica están lejos de ser los únicos factores que explican su difusión y popularidad social; condicionantes sociológicos que el autor podrá tratar de aprovechar, pero nunca logrará controlar, juegan también un papel decisivo. Aquí entran, entre otras variables, las modas culturales y académicas del momento, los posicionamientos políticos en un tablero usualmente polarizado y, en el caso de un maestro de tantas generaciones, los discípulos y su capacidad de engranar (o no) con importantes medios de difusión cultural.
Los discípulos de Gustavo Bueno suelen ser conocidos como buenistas. Pero su heterogeneidad formativa, social, ideológica y filosófica hace sencillamente imposible tomarlos como un todo uniforme.
Hace falta una teoría del follower y su relación con el influencer. En nuestro caso, a algunos les atrae el Gustavo Bueno más mediático y polemista o el chispeante erudito. A otros alguna teoría concreta (a menudo reducida a cliché ideológico) que pueda otorgar una aureola filosófica a su cosmovisión previa sin exigir mayores indagaciones.
Que conste que el Gustavo Bueno más militante no tenía ningún problema con este uso pragmático de su pensamiento, al menos mientras estuviera al servicio de una causa por la que, en un momento dado, él creyera que merecía la pena, como Sócrates, bajar a la plaza pública y mancharse de barro.
Tres ejemplos. En las décadas de los 60 y 70 Bueno fue compañero de viaje del combativo Partido Comunista español, pese a importantes divergencias en sus concepciones sobre el Estado, la economía o la naturaleza. En sus célebres participaciones en programas de televisión de los años 70 y 80 se alineaba a menudo con cientifistas agnósticos frente a sacerdotes y curanderos, sin necesidad de airear demasiado la ontología de su ateísmo esencial ni su teoría de las ciencias como cierres categoriales. Ya entrado el nuevo milenio, su defensa razonada de la unidad de España frente a amenazas internas y externas le granjeó tantos enemigos como lectores de ocasión. Se habló de un «giro a la derecha», a pesar de que Bueno trituró el dualismo izquierda/derecha en dos libros que cada día ganan en actualidad.
Aún así, las doctrinas filosóficas en general, y las de Bueno en particular, adquieren su verdadero peso en tanto forman parte de un sistema lo más coherente posible. Gustavo Bueno tenía opiniones, como todo el mundo, pero procuraba fundamentarlas lo más posible en teorías filosóficas sustentadas en las ciencias y otros saberes prácticos.
Bueno llamó «materialismo filosófico» a su sistema de pensamiento. Ese rótulo tiene al menos dos siglos de antigüedad y fue de uso común entre los marxistas de Lenin en adelante, aunque Bueno lo adoptó en los 70 precisamente para distanciarse del materialismo soviético (que aunaba el materialismo histórico de Marx y el materialismo dialéctico de Engels).
Para evitar esa generalidad, en sus últimos años Bueno acuñó el rótulo más específico «materialismo discontinuista». En su sentido filosófico, el materialismo suele identificarse con el monismo reduccionista. Sin embargo, el materialismo de Bueno se opone tanto al dualismo espiritualista como al monismo materialista. Siguiendo una tradición potente pero a veces olvidada, se trata de un materialismo inclusivo extremadamente rico y fecundo. Con sus característicos rigor lógico y dominio de la historia de la filosofía, Bueno fue extendiendo este sistema a campos como la antropología, la teoría política o la bioética, entre otros.
Llegamos con esto a los lectores más sistemáticos de Gustavo Bueno. Afortunadamente, entre los continuadores, críticos y enmendadores de la obra filosófica de Bueno hay diversas interpretaciones. Ni siquiera la Fundación que lleva su nombre, y que tanto ha hecho por difundir su obra, quiere ni puede marcar la línea oficial de interpretación, si es que algo así tuviera sentido. Como toda escuela filosófica que en la historia haya sido, el materialismo discontinuista o se basa en el debate crítico y la revisión o cae en el dogmatismo.
Los criterios para determinar qué formulación del sistema del materialismo discontinuista es la más sólida los marca la discusión misma. Para ello hay que reanudar los cabos que inevitablemente dejó sueltos el propio Bueno, aunque ello exija cortar algún que otro nudo gordiano. Hay, además, que actualizar su filosofía manteniendo el interés por la realidad cambiante que siempre mantuvo el maestro. Y, sobre todo, hay que medir sus teorías con teorías alternativas en los grandes debates filosóficos nacionales e internacionales que se desarrollan en la actualidad. Y para eso hacen falta más de cuatro años.
Lino Camprubí es escritor y profesor de Filosofía en la Universidad de Sevilla. Entre otros es autor de Los ingenieros de Franco (Editorial Crítica).
¿Monarquía parlamentaria o República jacobina?
Y TAMBIÉN #OtraLeyElectoral
¿PARA QUÉ NECESITO UN REY?
«Felipe VI es un hombre sereno y formado… …y en mi opinión es el único dique que nos queda frente al disparate y el putiferio en que puede convertirse esto si nos descuidamos un poco más. Se lo dije una vez: es usted un asunto de simple utilidad pública, señor. Que no es poco, tratándose de España. La delgada línea roja. Dije eso y sonrió como suele hacerlo, bondadoso y prudente. Y todavía lo quise más por esa sonrisa.»
Arturo Perez-Reverte.

DEMOCRACIA, EN CUARENTENA
Después de más de cuarenta años de democracia sin que el sistema electoral haya soportado la más mínima modificación, es necesario pararse a reflexionar y tomar distancia para echar una ojeada sobre la situación actual de la política en España.
Habiendo dejado atrás los años de “cuarentena” no está de más someter también a ella a la LOREG.
Aunque promulgada en 1985 su connotación con la Constitución del 78 es más que evidente. La sociedad española del primer tercio del siglo XXI no es, ni de lejos, la misma que la del último cuarto del XX. Los jóvenes de hoy no vivieron aquellos momentos y los más mayores viven una realidad muy distinta.
¿Qué es necesario hacer? Pues de entrada un análisis sereno y pausado. Un análisis sobre la calidad de nuestra democracia que, aunque instaurada y consensuada durante la transición (1975-1978), ha ido adquiriendo con el tiempo una evidente debilitación, no siempre por los efectos del calendario sino también por causa de los pactos entre los partidos que se han ido consolidando como hegemónicos, así como por el funcionamiento intrínseco del Parlamento en su visión más amplia y genérica.

Ya desde un principio, los propios partidos políticos ignoraron la prohibición del mandato imperativo consagrado en la Constitución. Posteriormente se quebró, deliberadamente, la independencia del poder judicial al quedar el nombramiento de los magistrados del Consejo General en manos de los partidos ganadores en cada legislatura. Si a todo esto le añadimos el hecho, ya clamoroso a todas luces, de la dependencia de los diputados, cuya libertad política queda a merced de los jefes de filas de su partido en lugar de hacerlo desde el mandato (no)recibido de sus electores como consecuencia de las candidaturas contenidas en listas cerradas confeccionadas en la organización interna del partido de turno, la debilidad de nuestro sistema democrático, la debilidad en suma de nuestra democracia se hace más que evidente.
El sistema de listas cerradas es una de las trabas que el actual sistema electoral nos presenta y que, indubitablemente, limita – si no anula – nuestra capacidad de elegir a nuestros representantes en la institución que corresponda. Un profesional médico, abogado o arquitecto sale de la facultad con un título acreditativo de su presunta capacitación y al menos jurídicamente está legitimado para ejercerla. Un político sale de las urnas gracias a su inclusión en una lista confeccionada por el partido y solo si podemos elegirlo, diputar-lo, directa y personalmente tendremos la posibilidad de evaluar su capacidad y talento, solo así estaremos participando realmente en un sistema democrático.
“Nuestro” presidente es elegido por los diputados, por el poder legislativo, en suma, al contrario que en otros países en los que es elegido por los ciudadanos en un proceso electoral diferenciado: otra limitación a la auténtica y única democracia real posible al quebrar el principio de separación entre el poder legislativo y el ejecutivo.
Por último, se le llama Poder Judicial, no porque juzga según la ley en un Tribunal o en un Juzgado, eso no sería poder sino facultad, sino porque se supone que la alta jerarquía judicial debe poder impedir que se produzcan injerencias de los otros dos poderes ejecutivo y/o legislativo en la propia función, por lo que necesita ser una corporación independiente.
¿Con qué independencia el Consejo General del Poder Judicial va a proceder al nombramiento y ascenso de Jueces y Magistrados si la designación de sus componentes depende a su vez del Parlamento?
Deviene pues imprescindible que la sociedad civil transmita a los propios estamentos de la oligarquía política que nos gobierna la necesidad de someter a consideración un replanteamiento de todo el sistema electoral, desde la provincia como distrito hasta las listas cerradas como método. Y este sometimiento debe contemplar, sin necesidad de ninguna propuesta concreta de salida, cuatro principios básicos:
A.: Una persona un voto
B.: Vínculo entre el ciudadano y el electo.
C.: Potenciar el acceso del talento a la política.
D.: Equilibrio en la representatividad de las sensibilidades de los ciudadanos de los distintos territorios.
Tal es el proyecto que defiende la plataforma de #OtraLeyElectoral, promovida por un conjunto de ciudadanos, libres, independientes y comprometidos exclusivamente con la democracia y refrendada por una larga lista de personalidades que han ratificado su apoyo al mismo y cuyo contenido es fácil de comprobar en www.otraleyelectoral.es y que mantiene un criterio totalmente transversal, sin ninguna ideología subyacente y con el firme compromiso de no transformarse nunca en un partido político.
La Ley electoral es materia constituyente y como tal compete a los ciudadanos su instancia. Cambiar la Ley electoral es fundamental para conseguir una sociedad de ciudadanos libres e iguales. Nuestra sociedad ha cambiado y sus reglas deben cambiar. La integridad de nuestra democracia está bajo mínimos por causa de la partidocracia. El voto de cada ciudadano es un contrato, un mandato con su representante y debe quedar claro con quién lo firma.
Es necesario conceder más poder a los ciudadanos. Es necesaria Otra Ley Electoral.
JUSTO COLL VILLANUEVA.
Abogado
