Entre la estructura de la mente y la estructura del cerebro hay una gran distancia y mucho confusionismo.
Hoy sabemos, gracias a nuestro inefable Ramón y Cajal y su “teoría de la neurona”, que nuestro cerebro está compuesto por innumerables células almacenantes de información y, gracias a los estudios que sus sucesores nos han regalado, que con las comunicaciones que establecen estas neuronas a través de las sinapsis somos capaces de recibir, almacenar, elaborar y editar conceptos, ideas y pensamientos.
Pero hemos evolucionado de tal manera que las máquinas, las computadoras, e incluso los “pequeños” chips inteligentes como los de un móvil, hoy rebautizado como Smartphone, han llegado a cotas en las que parece que nos superan en esta labor. Sin embargo esta tecnología ha llegado a incidir en campos antaño reservados al ámbito del pensamiento como la filosofía y es ahí donde aparece el concepto de “Funcionalismo filosófico” o “Funcionalismo computacional”, llegando a comparar algunos pensadores dos ámbitos
tan extraños como son la mente humana y los circuitos electrónicos.
No es de extrañar pues que por este camino, con el cada vez más pujante fundamentalismo democrático – como advierte Gustavo Bueno en su visión de lo que él mismo identifica como “pensamiento Alicia” – nos estemos viendo abocados de forma vertiginosa a perder consciencia (que no conciencia) de nuestra propia naturaleza, tanto en el plano individual como en el social.
España está inmersa en un verdadero tsunami, no ya financiero y económico, sino social y político. Estamos asistiendo a escenarios que escapan a lo racional, afirmaciones y propuestas
que también parecen propias de poblaciones en las que la cultura y el conocimiento todavía no ha alcanzado el nivel mínimo que estimaríamos para considerar a tal conjunto social como “culturalmente equilibrado” – que no ya avanzado – así lo estamos viendo a poco que escrutemos en las encuestas electorales y sus cocineros, en los mensajes que ruedan por los noticiarios de la televisión y por las rotativas de la prensa.
Solo a título de ejemplo, sin entrar en mayores puntualizaciones:
¿Qué dirían ustedes de la decisión adoptada por una población anglosajona que pretende a través de la mayoría estadística una reforma educacional para instaurar como obligatoria la enseñanza del Diseño Inteligente? Les dejo el enlace a la noticia para que no crean que me lo acabo de inventar ([i]).
Pues bien, de seguir por este camino, un buen día veo a los pasajeros de un autobús decidiendo por mayoría en qué esquina tiene que girar el conductor o a la tripulación de un barco – o de una aeronave – decidiendo a qué puerto o aeropuerto debe dirigir el capitán su navío.
([i]) http://www.microsiervos.com/archivo/ciencia/diseno-inteligente-en-inglaterra.html












