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Mirando el bosque

Ante la llegada de Trump a la presidencia de EE.UU. recuerdo que Ronald Reagan constató tras su mandato: «Los líderes de opinión estaban equivocados. El hecho es que lo que llamaban radical era en realidad lo correcto. Lo que llamaban peligroso era desesperadamente necesario»

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OLE y los trampantojos

Encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.”

Si Platón hubiera vivido en el s. XXI nos hubiera hablado del trampantojo de la caverna, en lugar del mito, dado que la realidad social que vivimos se nos presenta en su totalidad como un gran trampantojo por medio del cual un enorme colectivo de ciudadanos, encadenados de cuello y piernas casi desde su nacimiento por un engranaje mediático-político que sobrepasa a cualquier pretendido cambio de poder o devenir ideológico, generalmente conocido como “stablishment” pero que el filósofo griego calificó como “farsantes prestigiosos”, proyecta sobre el fondo de nuestras conciencias imágenes que son reflejo ensombrecido de lo que éstos pretenden que confundamos con una realidad que dista mucho de ser la que nos ofrecen.

La existencia de aquellos dos mundos, el sensible – de las apariencias – y el verdadero – de las ideas – es perceptible a cualquiera que se proponga cultivar un tanto de perspicacia y dar un repaso al panorama socio-político en que nos estamos desenrollando, que no desarrollando.

A poco que estemos dispuestos a pararnos a pensar sobre esta realidad, que no verdad, social en la que nos desenvolvemos, podremos comprobar que el trampantojo de la caverna de Platón está hoy más alejado que nunca de tratarse de un mito.

Si queremos seguir refrescando la continuidad del relato de “La República” veremos que alguien que proviene del mundo de las verdaderas ideas, trata de conseguir la liberación de aquellos que permanecen en el interior del de las sombras y el adoctrinamiento.

En España este intento está siendo llevado a cabo en los últimos años por un nutrido grupo de ilustrados que parece haber quedado postergado al más ruin de los ostracismos, aquellos que tras la denominación de “Campaña OLE, Otra Ley Electoral” vienen afanosa e incansablemente laborando por conseguir que esa inmensa mayoría de ciudadanos que creen vivir una realidad, dejen de ver sus sombras.

A algunos de los que permanecíamos en el interior del mundo de las sensaciones y de las sombras nos deslumbró la luz que este conjunto de personas, de ciudadanos, nos mostró en sus innumerables intentos de hacernos llegar al mundo de las ideas. Platón no se equivocó cuando afirmó que esta labor, esa escapada al exterior de la caverna que simboliza la transición hacia el mundo real, el acceso a un nivel superior de conocimiento era labor de los sabios, de los ilustrados, de los “aristos”. En esta realidad nuestra hemos podido disponer de la iluminación y magisterio de Lorenzo Abadía.

Pero este intento, se nos advierte por el griego, viene acompañado por un camino complicado. Conseguir llegar a este mundo real (verdad) es difícil ya que representa el paso de lo sensible a lo inteligible. Lo sucedido en los últimos tiempos en España no hace más que adverar lo atinado del análisis de Platón. Pero ¿qué tiene de malo saber la verdad que a tan pocos interesa conocer? Nada en absoluto, salvo que le puede llevar a uno a darse cuenta de que vive engañado y ponerle en la tesitura de decidir si quiere seguir estándolo o no. Es triste, pero es así.

Es cierto. Está siendo un verdadero intento platónico en el más puro sentido alegórico del término, está siendo el viaje a Ítaca de Kavafis, o el de Fernán-Gómez, aninguna parte.

Platón ya advirtió que el regreso al mundo de las sombras de los que habían sido deslumbrados por la luz, con la ayuda de los hombres sabios, el retorno a la caverna de los que han visto el sol y alcanzado la verdad, no echarán de menos su vida anterior ni los honores disfrutados, pero si pasan de la luz a la oscuridad tardarán en acostumbrarse a la penumbra y los que todavía permanecen en las sombras creerán que salir a la luz conlleva que se estropeen los ojos por cuanto no merece la pena la ascensión.

El alumbrado que ha salido de las tinieblas debe ayudar a sus compatriotas. Las tinieblas representan una existencia en la que sólo se concede valor a lo sensible. En el ámbito social y político las tinieblas representan la manipulación de la opinión pública, que se basa en la persuasión mediante lo aparente y no mediante lo real, que es más difícil de comprender.

Pues bien, ¿Hasta qué punto toda esta metáfora ha cobrado carta de naturaleza en la campaña OLE? Pues hasta el punto de que en un desmesurado afán de ayudar a los menguados a ver la luz e intentar hacerlos salir de su trampantojo, se inicia el cervantino mito de la lucha contra los “molinos de viento” y, a sabiendas de que en realidad se trata de molinos, no se duda en arremeter, lanza en ristre, a todo el galope de Rocinante contra el primer molino que estaba delante, y después a otro, y luego a más sin considerar tan siquiera el riesgo de que de repente “dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.”

Y es que en esta ocasión son en realidad gigantes y no molinos de viento.

Justo Coll Villanueva.

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DEMOCRACIA, EN CUARENTENA

Después de más de cuarenta años de democracia sin que el sistema electoral haya soportado la más mínima modificación, es necesario pararse a reflexionar y tomar distancia para echar una ojeada sobre la situación actual de la política en España.

Habiendo dejado atrás los años de “cuarentena” no está de más someter también a ella a la LOREG.

Aunque promulgada en 1985 su connotación con la Constitución del 78 es más que evidente. La sociedad española del primer tercio del siglo XXI no es, ni de lejos, la misma que la del último cuarto del XX. Los jóvenes de hoy no vivieron aquellos momentos y los más mayores viven una realidad muy distinta.

¿Qué es necesario hacer? Pues de entrada un análisis sereno y pausado. Un análisis sobre la calidad de nuestra democracia que, aunque instaurada y consensuada durante la transición (1975-1978), ha ido adquiriendo con el tiempo una evidente debilitación, no siempre por los efectos del calendario sino también por causa de los pactos entre los partidos que se han ido consolidando como hegemónicos, así como por el funcionamiento intrínseco del Parlamento en su visión más amplia y genérica.

2007Elections

Ya desde un principio, los propios partidos políticos ignoraron la prohibición del mandato imperativo consagrado en la Constitución. Posteriormente se quebró, deliberadamente, la independencia del poder judicial al quedar el nombramiento de los magistrados del Consejo General en manos de los partidos ganadores en cada legislatura. Si a todo esto le añadimos el hecho, ya clamoroso a todas luces, de la dependencia de los diputados, cuya libertad política queda a merced de los jefes de filas de su partido en lugar de hacerlo desde el mandato (no)recibido de sus electores como consecuencia de las candidaturas contenidas en listas cerradas confeccionadas en la organización interna del partido de turno, la debilidad de nuestro sistema democrático, la debilidad en suma de nuestra democracia se hace más que evidente.

El sistema de listas cerradas es una de las trabas que el actual sistema electoral nos presenta y que, indubitablemente, limita – si no anula – nuestra capacidad de elegir a nuestros representantes en la institución que corresponda. Un profesional médico, abogado o arquitecto sale de la facultad con un título acreditativo de su presunta capacitación y al menos jurídicamente está legitimado para ejercerla. Un político sale de las urnas gracias a su inclusión en una lista confeccionada por el partido y solo si podemos elegirlo, diputar-lo, directa y personalmente tendremos la posibilidad de evaluar su capacidad y talento, solo así estaremos participando realmente en un sistema democrático.

Nuestro” presidente es elegido por los diputados, por el poder legislativo, en suma, al contrario que en otros países en los que es elegido por los ciudadanos en un proceso electoral diferenciado: otra limitación a la auténtica y única democracia real posible al quebrar el principio de separación entre el poder legislativo y el ejecutivo.

Por último, se le llama Poder Judicial, no porque juzga según la ley en un Tribunal o en un Juzgado, eso no sería poder sino facultad, sino porque se supone que la alta jerarquía judicial debe poder impedir que se produzcan injerencias de los otros dos poderes ejecutivo y/o legislativo en la propia función, por lo que necesita ser una corporación independiente.

¿Con qué independencia el Consejo General del Poder Judicial va a proceder al nombramiento y ascenso de Jueces y Magistrados si la designación de sus componentes depende a su vez del Parlamento?

Deviene pues imprescindible que la sociedad civil transmita a los propios estamentos de la oligarquía política que nos gobierna la necesidad de someter a consideración un replanteamiento de todo el sistema electoral, desde la provincia como distrito hasta las listas cerradas como método. Y este sometimiento debe contemplar, sin necesidad de ninguna propuesta concreta de salida, cuatro principios básicos:

A.: Una persona un voto

B.: Vínculo entre el ciudadano y el electo.

C.: Potenciar el acceso del talento a la política.

D.: Equilibrio en la representatividad de las sensibilidades de los ciudadanos de los distintos territorios.

Tal es el proyecto que defiende la plataforma de #OtraLeyElectoral, promovida por un conjunto de ciudadanos, libres, independientes y comprometidos exclusivamente con la democracia y refrendada por una larga lista de personalidades que han ratificado su apoyo al mismo y cuyo contenido es fácil de comprobar en www.otraleyelectoral.es y que mantiene un criterio totalmente transversal, sin ninguna ideología subyacente y con el firme compromiso de no transformarse nunca en un partido político.

La Ley electoral es materia constituyente y como tal compete a los ciudadanos su instancia. Cambiar la Ley electoral es fundamental para conseguir una sociedad de ciudadanos libres e iguales. Nuestra sociedad ha cambiado y sus reglas deben cambiar. La integridad de nuestra democracia está bajo mínimos por causa de la partidocracia. El voto de cada ciudadano es un contrato, un mandato con su representante y debe quedar claro con quién lo firma.

Es necesario conceder más poder a los ciudadanos. Es necesaria Otra Ley Electoral.

JUSTO COLL VILLANUEVA.
Abogado

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DEMOCRACIA DE CRISTAL

DEMOCRACIA DE CRISTAL

Desde que en 1978 estrenamos Constitución, aprobada por una abrumadora mayoría en el referéndum del 6 de diciembre, todos creímos que a partir de ese momento viviríamos en una democracia. Nuestro deseo de salir de un Gobierno autoritario, en el que carecíamos de la más absoluta libertad política, nos abocó a asumir el nuevo sistema nacido de aquella Constitución.

Por razones de calendario, todos los españoles que estén por debajo de los cincuenta años carecen de una imagen que les recuerde la sociedad española de entonces, pero no importa, en tiempos de manipulación de memorias históricas la mía, al menos, la conservo intacta.

Cuando escribo estas líneas – abril de 2020 – casi cuarenta y dos años después no tengo ninguna duda de que aquel sistema instauró una democracia de cristal y voy a explicar por qué.

Desde la promulgación de la Ley Constitutiva de Cortes, de 17 de Julio de 1942, un tercio de la Cámara (Procuradores en Cortes) se elegía de entre la autoridad municipal (Alcaldes por designación del Jefe del Estado) y la Organización sindical (sindicatos verticales adeptos al régimen) otro tercio, llamado el tercio de familia(1) se proveía mediante un mal llamado voto popular, mientras Franco designaba al resto, cuarenta Procuradores conocidos como los cuarenta de Ayete.

El régimen se autodefinía como una “Democracia Orgánica”. Evidentemente, por mucho que pretendamos edulcorar la descripción, aquello era una dictadura, (2) y tales antecedentes nos hacían pensar a la población española que salíamos de ella para entrar en una democracia, pero el tiempo ha demostrado que se trataba de un espejismo, de una ilusión óptica como la que voy a describir a continuación. No importa qué edad tenga el lector de estos párrafos, solo la suficiente para analizar y evaluar las afirmaciones que voy a verter a continuación diseccionando la realidad de nuestro sistema político.
Intentaré, en lo posible, huir de tecnicismos y de conceptos jurídicos para llegar al lector con el lenguaje más llano que me sea posible, aunque a veces me resultará inevitable no hacerlo.

diputado

LISTAS CERRADAS:
No creo que sea necesario explicarlas, son las papeletas que cada partido político o coalición electoral pone a nuestra disposición en los comicios conteniendo una relación de personas, candidatos, cuya identidad y orden decide el propio partido o coalición de acuerdo con sus estatutos internos. A tenor del número de votos que vaya recibiendo esa lista, (número de papeletas introducidas en la urna computadas mediante la llamada Ley D’Hondt que no voy a explicar aquí porque no altera mis conclusiones) irá adquiriendo la condición de electo cada uno de los incluidos en ella por riguroso orden correlativo.

Desde el momento que es la jerarquía del partido la que decide quién va en la lista y qué lugar ocupará en la misma, yo – votante – no puedo decidir si a un determinado candidato deseo elegirlo o no, o si deseo darle preferencia en el orden.

Ésta es la primer traba que el actual sistema electoral nos presenta y que, indubitadamente, limita nuestra capacidad de elegir a nuestros representantes en la institución que corresponda. Un profesional de carrera sale de la Facultad con un título acreditativo de su “supuesta” capacitación y al menos jurídicamente está legitimado para ejercerla. Un político sale de las urnas, y sólo si lo podemos elegir, (diputar3) directa y personalmente tendremos la capacidad de discernir y por tanto de poner en valor su talento. La inclusión de su nombre en una lista definida por el jefe de filas del partido no nos garantiza la ideoneidad, capacidad y seriedad de ese candidato.

VOTO SINDICADO:
La Constitución Española de 1978 establece en el artículo 67. 2 que los miembros de las Cortes generales no estarán ligados por mandato imperativo. Esto significa que el diputado tiene plena libertad para votar cada propuesta legislativa de la forma que estime pertinente, siempre acorde con el interés general y con su proyecto político.

La prohibición del mandato imperativo presupone que los votantes son el cuerpo electoral cuya tarea es elegir a la Cámara, pero debe ser el libre debate en el Parlamento la condición necesaria para la adopción de una decisión coherente con el interés nacional que exige la más absoluta libertad del diputado, que no puede verse coartada por el perturbador mandato de sus superiores orgánicos en el partido de turno, dejando así a salvo el cumplimiento del programa electoral con que se haya presentado a sus electores. Si algún mandato debe ser cumplido inexorablemente es el recibido de éstos a tenor de los compromisos adquiridos.

Sin embargo, desde la primera legislatura que comenzó el 23 de marzo de 1979 bajo la presidencia de Adolfo Suárez, ya se instauró la sistemática de los propios partidos políticos de lo que se dio en llamar la “disciplina de voto” – voto sindicado – por la cual todos los Diputados que habían formado parte de la candidatura de un partido votaban en las sesiones del Congreso de acuerdo con las instrucciones que daba el portavoz de ese grupo, ¡mandato imperativo prohibido constitucionalmente!
Son por tanto los partidos políticos los primeros infractores de una Constitución que habían jurado (o prometido) cumplir y hacer cumplir.

AUSENCIA DE SEPARACIÓN DE PODERES: (4)
– El Poder Legislativo, en España el Congreso de los Diputados con revisión en segunda Cámara por el Senado.
Es el único de los tres poderes básicos del Estado en el que podemos influir los votantes solo de forma muy relativa, como hemos visto antes a través de las listas cerradas, pero ahí termina nuestra débil participación. Hasta dentro de cuatro años o hasta la convocatoria de nuevas elecciones.

– El Poder Ejecutivo, en España el Presidente del Gobierno y sus ministros.
Como todos sabemos por experiencia “nuestro Presidente» es elegido por los diputados, por el poder legislativo en suma, al contrario de otros países en los que es elegido por los ciudadanos en un proceso electoral diferenciado: otra limitación a la auténtica y única democracia real posible que requiere una total separación entre el legislativo y el ejecutivo.
¿A mi Presidente no lo puedo votar yo si luego le tengo que llamar «mi Presidente»?

– El Poder Judicial, en España el Consejo General del Poder Judicial, (CGPJ), y dos subramificaciones: el Tribunal Supremo, (TS) y el Tribunal Constitucional, (TC).
El CGPJ tiene entre sus amplias funciones las de gobierno y administración interna del tercer poder del Estado: el nombramiento y ascenso de Jueces y Magistrados, prohibiciones e incompatibilidades; la inspección de Juzgados y Tribunales, y el régimen disciplinario judicial.
Al TS le compete, entre otras funciones, la de juzgar a los diputados y políticos “aforados”, (persona que goza del derecho, en caso de ser imputado por un delito, de ser juzgado por un tribunal distinto al que correspondería a un ciudadano no aforado. Hay cerca de 250.000 aforados en España.)
El TC es competente esencialmente, entre otras funciones, para determinar si una Ley o un artículo de la misma infringe alguna norma constitucional.

Todos los miembros de estas tres altas instituciones judiciales son designados mediante pactos entre los grupos parlamentarios con presencia en el Congreso. Ninguna capacidad de elección para los ciudadanos.
Se le llama poder judicial no porque juzga, según la ley, en un Tribunal o en un Juzgado (eso no sería poder sino facultad) sino porque se supone que la alta jerarquía judicial debe poder impedir que se produzcan injerencias de los otros dos poderes ejecutivo o legislativo en la propia función, por lo que necesita ser una corporación independiente.

– ¿Con qué independencia el CGPJ va a proceder al nombramiento y ascenso de Jueces y Magistrados y ejercer disciplina judicial, si la designación de sus propios componentes dependen a su vez del Parlamento?
– ¿Con qué independencia el TS va a juzgar criminalmente a los aforados, si su propia composición está en manos de los partidos políticos?
– ¿Con qué independencia el TC analizará la constitucionalidad de las Leyes que emanan del mismo Poder Legislativo que ha decidido quiénes lo componen?

¿Es, o no, una democracia de cristal la que tenemos en España? Y de cristal en su doble acepción metafórica, porque se nos presentó en su día como un cristal de color verde esperanza, haciéndonos creer en un sistema democrático y porque está confeccionada con unos elementos tan frágiles que la acaban convirtiendo en una verdadera partidocracia: gobierno de los partidos y sus estructuras. Una oligarquía de partidos en suma.
La necesidad de modificar en profundidad este sistema, por evidente, se torna imperiosa.
Veánlo, entenderán por qué pinchando aquí. OLE

Richard Vaughan nos cuenta qué es la REPRESENTACIÓN POLÍTICA y cuáles son sus EFECTOS REALES

Y si no, juzgue el lector si he hecho alguna afirmación que no se corresponda con la realidad política que vivimos.

Joël Heraklión Silesio.

1.- «tercio» era la forma convencional de referirse a la representación orgánica de las «entidades naturales» consideradas los únicos cauces posibles para la expresión de la voluntad popular (familia, municipio y sindicato)

2.- Desde la década de los 60, se le comenzó a llamar vulgarmente una “Dictablanda”

3.- Destinar, señalar o elegir a alguien o algo para algún uso o ministerio.

4 .- Principio político según el cual las funciones legislativa, judicial y ejecutiva del Estado deben estar separadas, como poderes independientes, para limitar así las facultades del gobierno y proteger los derechos individuales. El poder legislativo decide el contenido de las leyes generales. El poder judicial aplica las leyes generales a los casos particulares. El poder ejecutivo, aparte de hacer efectivas las decisiones de los otros dos poderes, maneja la administración de recursos del país y atiende al bienestar de sus ciudadanos.

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ESTAR EN POLÍTICA O ENTRAR EN POLÍTICA

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En esta ocasión pretendo sincerarme con los que me conocen bien y desnudarme ante los que no me conocen tanto o ni siquiera me conocen.

A mediados del 2011 comenté con mi esposa la propuesta que me llegaba desde el partido de encabezar la lista a la alcaldía de mi municipio en las elecciones locales de aquel año. Su inmediata respuesta me dejó congelado, casi en estado catatónico:

  • Pues, voy a hablar con la emisora de radio del pueblo y proponer que te hagan una entrevista.

En ese momento me enfrenté por primera vez al vértigo de entrar en política. En mi vida profesional he hablado numerosas veces en público en distintos foros, he impartido charlas y conferencias, por lo que hacerlo una vez más no me creaba ninguna dificultad, pero otra cosa era pensar en el contenido de esa entrevista radiofónica como candidato por mi partido a la alcaldía municipal. Ese contenido sí me preocupaba, porque no iba a hablar en mi propio nombre sino en el del partido político que representaba.

Y es que hay quien “está” en política – como es mi caso – y quien “entra” en política que es el caso de otros.

Hacía tiempo que me dolía España:

– Los gobiernos autonómicos reclamaban cada vez más competencias generando profundas desigualdades entre los españoles de uno u otro territorio.

– Se generalizó la sentencia de “Montesquieu ha muerto”. Este “afeitado”, al más puro estilo taurino de los cincuenta, lo remató otra reforma judicial: los jueces perdían la facultad de decretar prisión provisional, prerrogativa que quedaba en manos del fiscal.

– Las Diputaciones provinciales se habían convertido en residencias para los familiares, amigos y adláteres de los partidos.

– El sistema electoral favorecía cada vez más a los grandes y éstos a su vez – aún siendo antagónicos – se protegían recíprocamente para mantener el “statu quo” impidiendo su modificación.

– La composición de las listas electorales dependía claramente de la obediencia debida a la dirección del partido y no de los méritos y cualidades de los susodichos.

– Los políticos condenados judicialmente por delitos cometidos en el ejercicio de su cargo eran sistemáticamente indultados.

Me dolía España, por éstas y por algunas otras situaciones similares que, por conocidas y corrompidas, no precisan de más puntualización.

Por ello decidí estar en política y por ello me afilié.  Me afilié porque en aquellos momentos, ya avanzado el año 2008, aquel partido naciente precisaba de toda la ayuda que cualquier ciudadano español, consciente de los desaguisados relatados, pudiera ofrecer. Pero tengo claro que una cosa es estar y otra “entrar” en política.

Hoy, en 2016, aunque volvemos a encontrarnos en una situación muy próxima a la de entonces, la realidad no es la misma. Nos hemos quedado sin representación en el Congreso, pero la mantenemos en el Parlamento Europeo, en una Comunidad Autónoma y en bastantes municipios. Por lo tanto en la actualidad no es precisamente la ayuda de “ciudadanos conscientes” lo que necesita este partido – que también – sino el rumbo y ritmo que se le imprima desde la nueva directiva nacional que se decidirá próximamente.

Aquí es donde pretendo exponer mis sensaciones y expresarlas a corazón abierto.

Lo único cierto es que el futuro del partido es incierto. Ya no se trata de un partido totalmente desconocido y nuevo, es una organización política que ha tenido representación en el Congreso nacional y en el parlamento europeo en dos legislaturas, que ha ocupado escaño en alguna autonomía, alcaldías en algunos municipios y concejalías en muchos, que ha pisado platós de televisión, salido en portadas de prensa y realizado entrevistas radiofónicas, en definitiva que ya no es un desconocido.

Y ¿quienes lo componen ahora? Quedamos unos pocos ilusionados con resurgir y entre los que quedamos hay de todo, como en la viña: hay personas capacitadas para responsabilizarse de la organización interna con eficacia, pero menos adecuadas para ser portavoces externos ante los medios y las instituciones; hay personas mejor capacitadas para afrontar la representación pública, con dotes oratorias y vena de liderazgo que, sin embargo, reducen su eficacia cuando tienen que desempeñar funciones de gestión, organización o administración interna. Una breve reflexión a este respecto: los portavoces que exhiben el partido al exterior deberían dedicarse a ello de pleno, sin que las labores de organización y administración interna les reste tiempo y eficacia, y viceversa, quienes llevan a su cargo las funciones de coordinación, organización y administración, no conviene que distraigan ni un minuto de su escaso tiempo para dedicarse a hablar en los medios y ocupar cargos en las instituciones.

Por último quedan algunos que tan solo aspiran a medrar, a “entrar” de lleno en la política a cualquier precio, intentando abrirse paso a codazos cada vez que detectan alguna fisura por la que infiltrarse en medio de los mejor preparados.

La próxima dirección nacional, el próximo Consejo de Dirección, va a tener una labor ardua, complicada y difícil, y al mismo tiempo peligrosa. No solo tendrá que ser capaz de construir un líder nacional que recupere la atención mediática y que sea capaz de transmitir los mensajes que permitan la recuperación del voto perdido, labor ardua, sino que ha de plantear un proyecto de partido que suponga una verdadera renovación, o refundación si se quiere, a través de una profunda reforma de los estatutos internos, cometido ciertamente complicado.

Pero además ha de tener la habilidad de crear los cauces necesarios para que, sin riesgo de la democracia interna, sea posible ofrecer a los más eficaces en organización su integración en los órganos correspondientes, a los que están dotados de capacidad de liderazgo en las portavocías publicas y lugares de representación institucional, todo ello sin que los agazapados tengan oportunidad de usurpar las posiciones de unos y otros, tarea este última no solo difícil sino peligrosa. Siempre lo dije y siempre me lo han oído decir mis compañeros más allegados: “Si el jefe de la empresa coloca al portero de secretario de dirección y al secretario de dirección de portero, ninguno de los dos funciona”.

Hoy lo tengo que decir abiertamente: mi continuidad en el partido, y quizá la de otros muchos compañeros, depende exclusivamente de cómo se encauce la nueva andadura. Pero para tomar la decisión final habrá que esperar al próximo Congreso nacional.

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MOMENTOS DE LA DEMOCRACIA

Todos los que ya llevamos algún tiempo impulsados como cantos rodados por esta torrentera que es la vida, portamos grabado a fuego en nuestras entendederas aquello de que todo es según del color del cristal con que se mira. Esto es cierto, pero nada nos costaría hacer un pequeño esfuerzo para mirar a través de un cristal incoloro y sin graduación – quizá con la graduación adecuada – que no deforme la realidad objetiva.

Me ha sugerido esta elucubración un artículo de opinión de una compañera en el digital “Información” del pasado 2 de marzo de 2014, titulado “El efecto Axe” y concretamente su siguiente frase literal: “El control de la comunicación comercial a este respecto es ejemplar si lo comparamos con otros tipos de comunicaciones como, por ejemplo, la política donde, hoy por hoy, no se puede penar más que con el voto que líderes (o partidos) nos seduzcan utilizando datos falsos.”

Por asociación de ideas he llegado involuntariamente a los ya muy trabajados conceptos de democracia, disciplina de partido y libertad de conciencia: difíciles hilos para trenzarlos mediante sendos bolillos y tejer con ellos un buen entramado político.

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En este mismo blog y en otra entrada denominada “DISCIPLINA O DEMOCRACIA”, ya lo afirmé y hoy lo reitero, sin disciplina no puede haber democracia y sin democracia no hay libertad. En franca consecuencia con esta idea, esbocé otra que hoy pretendo desgranar profundizando en ella: el respeto a la propia integridad ideológica del partido no debe depender de su democracia interna, sino tan solo de la disciplina de sus militantes.

Qué duda cabe, como afirma mi compañera en el artículo aludido, que el votante para defenderse de la “publicidad engañosa” que algunos partidos o líderes políticos nos lanzan, tan solo tiene en su mano, como única herramienta, el arma del voto cuatrienal, pero no es menos cierto que desde un tiempo atrás se viene reivindicando la “democracia interna” como un valor añadido en la organización de los partidos políticos que cada cual lo aplica con distintos grados de pureza.

¿Es necesaria – imprescindible – la democracia interna en los partidos? Bueno, en mi opinión, según del color del cristal… la respuesta a esta pregunta puede ser controvertida, aunque a mí me resulta axiomático pensar que se mueve en terrenos poco firmes, poco estables, en arenas movedizas quizá. La democracia – es innegable – es una norma de convivencia fundamental para que el individuo se desarrolle en libertad. La democracia nos permite, mediante caminos más o menos tortuosos, consensuar primero y promulgar después el conjunto de normas que han de regir nuestra vida diaria pero si, a continuación, no rige la disciplina necesaria para respetar dichas normas, todo el entramado decae. Es ahí donde los partidos políticos deben garantizar esa democracia, en las instituciones, en los órganos de poder, en la convivencia diaria de y con los ciudadanos. Pero internamente, en su organización interna ¿es deseable un autogobierno en total democracia?

El profesor Gustavo Bueno nos habla a menudo del concepto de “fundamentalismo democrático” y algunas de sus definiciones podrían ser aplicables a este terreno de juego cuando nos habla de los dos momentos de las sociedades políticas democráticas: el momento ideológico y el momento tecnológico. Entrar en su análisis requiere más tiempo y espacio que el que consiente este post, por cuanto trataré de, a costa de amputarlos parcialmente, traerlos al anaquel más asequible a la comprensión media.

El término “momento” debemos situarlo no ya en el sentido ordinario de unidad de tiempo, sino en el de la importancia de su contenido, más genérico.

Desde aquí debemos concebir el momento ideológico (nematológico, para el profesor Bueno) como el sustrato filosófico que recoge desde el concepto mismo del propio sistema democrático, hasta el ideario programático con que un partido político se ofrece a entrar en lid con sus oponentes en busca de sus objetivos socio-económicos para con los ciudadanos de un determinado Estado. El momento tecnológico, por el contrario, comprende todos aquellos caminos, métodos o sistemas organizados – sistema electoral, organización política del Estado, división de poderes, organización del propio partido, jerarquización de sus militantes, etc. – que permiten aplicar, implementar o simplemente transformar en eficaces los contenidos “nematológicos”.

Desde esta óptica, desde esta perspectiva cabe pensar que la organización interna de un partido se halla más próxima a su momento tecnológico que al nematológico y que, en definitiva, la democracia parlamentaria como sistema – en contra del fundamentalismo democrático que la presenta como “la forma más depurada de la convivencia política y social mediante la cual el género humano ha alcanzado por fin los valores supremos de la Libertad, la Igualdad y la Solidaridad” – no es sino el menos deficiente de los sistemas de gobierno hasta hoy concebidos por nuestra mente.

Pues bien, restauro mi propuesta inicial: ¿es necesario llevar el momento ideológico y sus fundamentos filosóficos hasta el espacio ocupado por el tecnológico en el interior de un partido político? No estoy seguro de tener la respuesta, depende del color del cristal como ya he afirmado, pero de lo que sí estoy seguro es de que cuando un determinado partido político ha apostado por llevar el supremo valor de la “nematología” ideológica que sirve de fundamento a la democracia parlamentaria a su propia área de organización interna – lo que en términos de uso divulgativo se conoce como democracia interna – debe cuanto menos ser consecuente con ese mismo enunciado programático y dejar funcionar el ámbito de la disciplina dentro de su justos límites, como respeto a la norma dada o auto otorgada de tal suerte que la indisciplina solo – tan solo, insisto – consista en la infracción de la norma misma y en modo alguno en la indocilidad deliberada de una pretendida autoridad que desoye la norma misma.

Joel Heraklión Silesio.

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POLLYANNA

A mi amigo y admirado bloguero, coautor de sustanciosas entradas en  Destructopía dual, Julio Lleonart, le ha faltado tiempo para publicar la siguiente: “Análisis frío y divulgativo de las elecciones autonómicas catalanas de 2010” y en ella advierte: Que nadie espere en esta entrada un análisis de los resultados de UPyD, no me corresponde a mí hacerlo. Desconozco demasiado cómo se ha llevado la campaña, los medios y el objetivo esperado como para poder hacer un análisis serio y fiable.”

Vale la pena leerla y no le falta razón al esgrimir tal prevención, yo también me declaro ígnaro de cuales han sido los medios, el objetivo marcado y la gestión de la campaña, pero tales datos serían necesarios tan solo para poder realizar una valoración de los resultados obtenidos con respecto a las expectativas creadas, para evaluar el éxito o el fracaso, para sancionar la gestión, etc. para lo cual me reitero incompetente, totalmente incapaz, o incapacitado, como se quiera. Pero sí creo que es posible elucubrar al respecto, “sine iudicii animus”, para tratar al menos de realizar las oportunas reflexiones y obtener las posibles consecuencias, no de los resultados de las elecciones catalanas en general, sino de los resultados concretos de UPyD en particular, y no me voy a privar de ello.

Toda historia tiene un principio y todavía se está escribiendo el principio de la historia de UPyD. Esta formación política consiguió, habida cuenta de lo caro en votos que resultó, un satisfactorio escaño en las elecciones generales de 2008, otro en las elecciones al Parlamento vasco y otro en las del Parlamento europeo, estos dos últimos en 2009. Alguien pudo pensar que este goteo, por escaso que parezca, podría mantenerse en las recién terminadas autonómicas de Cataluña, pero quien así lo haya augurado no se pregona precisamente de buen oráculo, porque olvida – o ignora – que todavía se está construyendo la historia de UPyD. Sencillamente está jugando a la “gallinita ciega”, a ver si por suerte me topo con algún escaño en el camino, y este –permítaseme la pertinacia – no es el camino.

Los resultados son los que han sido, 5.293 votos en toda Cataluña, y eso ya es un dato, es una realidad de la que partir y supone tanto como poder dejar de seguir jugando a la “gallinita ciega”, como sucederá igualmente en mayo de 2011, en las elecciones autonómicas y municipales del resto de España, del resto de España insisto, porque si ya se han celebrado las del País Vasco y las de Cataluña, que son dos partes diferentes de España cada una, faltan las del resto.

Después de aquellos ya próximos comicios UPyD tendrá ya un suelo, un suelo electoral puntualmente evaluado para cada uno de los territorios donde concurra, ya sea en los distintos gobiernos autonómicos o en los posibles ayuntamientos donde se presente y será entonces cuando comenzará de verdad a escribir su historia, contará ya con los precedentes imprescindibles para poder “hacer camino al andar”. UPyD está en su Km. 0 y tiene aún todo por recorrer y ha de comenzar a prepararse para los maratones que tiene por delante, tiene que preparar sus medios, sus estrategias y sobre todo tiene que preparar a sus atletas, a los que han de protagonizar esos maratones para lo que han de estar suficientemente formados y gozar del necesario “fondo” para llegar, cual Filípides griego, hasta la meta.

No hay ninguna razón para ser pesimistas, antes al contrario hay que ser realistas y, si me apuran, optimistas. Hay que dejar de jugar a la “gallinita ciega” y elegir el juego de Pollyanna, el que le enseñó su padre cuando residía con él en misiones en aquel día en que, esperando una remesa de regalos para los niños pobres entre los que se encontraba ella, y deseando fervientemente una muñeca, le enviaron un par de muletas. Pollyanna ante la decepción se turbó y cayó en melancolía y fue entonces cuando su venerable padre le enseñó el juego del “alegrarse”. ¿De qué puedo alegrarme padre – inquirió la niña – si yo no necesito unas muletas? A lo que su sabio progenitor le contestó: “Precisamente de eso hija, de que no las necesitas”.

Voy a prescindir de los 5.293 votos que ha obtenido UPyD en estos comicios, pero voy a plantear el escenario que ha quedado a la vista tras ellos, sin entrar en valoraciones de quién ha perdido o quién ha ganado, no me interesa a estos efectos.

El PSC-PSOE ha obtenido algo más de 570.000 votos; el PP 384.000 y algún pico (podemos redondear a miles sin que desvirtuemos el análisis); C,s 105.000; nulos 21.000; en blanco 92.000; (con respecto a estos dos últimos datos reitero el análisis del blog de Julio Lleonart); y por último una abstención de 2.095.000 votantes. El total de personas que no han votado opciones nacionalistas asciende a casi 3.270.000. Como no está suficientemente esclarecida, al menos para mí, la línea ideológica de las demás formaciones no consideradas aquí no puedo situarlas desde el prisma identitario, pero para que el error no perjudique mis estimaciones voy a considerar que todas ellas tienen un mayor o menor sesgo nacionalista, algunas claramente identitarias, sin ningún sesgo.

Juguemos a Pollyanna: si de 5.230.000 ciudadanos de Cataluña con derecho a voto, al menos 3.270.000 electores no han votado nacionalista para que el lector no tenga necesidad de sacar la calculadora le informo de que yo ya lo he hecho y esto supone que el 62’52 % del voto en Cataluña, es, como poco, no identitario. ¿Hay o no hay “tajo” donde afanarse? ¿Es o no es un auténtico maratón lo que queda pendiente? ¿De qué podemos “alegrarnos”? Precisamente de eso, de todo lo que le queda por hacer a UPyD, de que hay mucho por lo que trabajar y de que tiene por ello que seguir trabajando, trabajando duro, sin descanso pero sin desmayo.

A mi me sigue divirtiendo jugar al juego de Pollyanna.

Pollyanna es una novela de Eleanor H. Porter publicada en el año 1913. Cuenta la historia de una niña, hija de misioneros que, al quedar huérfana de padre y madre, es enviada a vivir con su estricta Tía Polly. Educada con optimismo por parte de su padre, usa el juego que éste le enseñó de encontrar el lado bueno de cualquier situación para alegrar la vida de todos los que la rodean.