Avatar de Desconocido

ESTÉTICA DE UN TRIUNVIRATO

Avatar de Desconocido

GENÉTICA

¿Porqué no siento mi dolor?
si eso no es de ser cobarde?
Nunca hurté ninguna opción
nunca rechacé ser padre
no es genética la cuestión
solo hay que ser responsable.

Así la vida lo quiso
a mí me fue inevitable
nunca osé pedir permiso
a tan natural embate
seguí la norma sumiso
sin orillar desenlace.

Genes en el caos sumidos
que aún nadie los selecciona
con los dos brazos tendidos
tengo esta mi ansia de honra
tengo alerta mis sentidos
pero no es ni aquí, ni ahora.

Con mi vida dí su vida
con mi amor su crecimiento
sin dolor sentí la huida
de aquel desmoronamiento
la angustia noté crecida
pero acallé el sufrimiento.

Otros por mí porfiaron
plenos de respeto y amor
porque así lo entendieron
sin someterlo a condición
sintiendo orgullo paterno
junto a filial admiración.

La última de mis hijas fue
la que enderezó mi ruta
lo hizo tan sólo con nacer
así salí de la gruta
así vi la paz florecer
y agradecí la permuta.

Caóticos genes sufridos
que nadie intentó escoger
me tienen el alma en vilo,
¡no son capaces de entender!
su orgullo les ha vencido
y les impide comprender.

Ser padre con autoridad
es sin duda necesario
reconocer la realidad
no es ser autoritario
aunque moleste la verdad
sufrirla no es voluntario.

Que es necesario vivir sé
sin beberla con exceso
sea cual sea el suceso
hay que pararse a comprender
convivir es sólo eso
ser capaz de al otro entender.

No me duele la distancia
al fin es norma en la vida
me pudre la indiferencia
y sentir mi alma agredida
sin cometer negligencia
mal juzgarme sin medida.

Genes en el caos sumidos
que aún nadie los selecciona
con los dos brazos tendidos
tengo esta mi ansia de honra
tengo alerta mis sentidos
pero no es ni aquí, ni ahora.

Alboraya 28 de marzo de 2025

Avatar de Desconocido

Mirando el bosque

Ante la llegada de Trump a la presidencia de EE.UU. recuerdo que Ronald Reagan constató tras su mandato: «Los líderes de opinión estaban equivocados. El hecho es que lo que llamaban radical era en realidad lo correcto. Lo que llamaban peligroso era desesperadamente necesario»

Avatar de Desconocido

MIS VENTANAS

El aire de mis ventanas
que tanto quiere mi viento
me filtra olores que siento,
perfumando la mañana.

Niñez, que asoma un instante
con sopor de adolescente
de juventud displicente
de madurez anhelante.

Quisiera parar el tiempo,
revisarlo,
suprimir aquel momento,
tan aciago.

El aire de mis ventanas
que tanto quiere este viento
viendo las flores del tiempo
que blanquearon mis canas.

Imagen generada con IA

Niñez que asoma y repite
errores inevitables
estancias inhabitables
miasmas de aquel pupitre

¡Cuánto esperas la madurez!
Tanto, cuanto la deseas.
Tanto que te desespera
estar lejos de la vejez.

Y hoy, final de mi era,
¿repasando?
Debo eludir tanta espera
anhelando.

El aire de mis ventanas,
que tanto quiere mi viento
viendo las flores del tiempo
que blanquearon mis canas.

Madurez endurecida
reposo de anciano saber
riqueza para no perder
lucro de toda una vida

Eres mi mejor tesoro
acumulado.
Ese, y el amor que adoro,
enamorado.

El aire de mis ventanas,
que tanto quiere mi viento
me filtra olores que siento,
al despertar la mañana.

Avatar de Desconocido

ESTOY DESPIERTO

El momento se acerca
No, no es cierto
Él está quieto
Soy yo el que se mueve.
No, no es cierto
No estoy en movimiento


Pero algo se mueve
Cuando algo se acerca
Aunque no haya movimiento
Sólo hay espera, sólo hay tiempo
No hay espacio, no llega el momento

Pero el momento se acerca
No, no es cierto
Él está quieto.
Yazgo en mi lecho y espero
Pero ¿Qué espero
Si nada viene, si no me muevo?

Y espero y espero
Espero que llegue el momento
No, no es cierto
No es un momento
Es el acontecimiento

Espero que ocurra
Que suceda, aunque no venga
Espero alcanzar el sueño.
No, no es cierto
Porque yo no avanzo
No me muevo.

Es sólo cuestión de tiempo
Y no sé cuándo pasó
No sé cuándo llegó
Sólo sé que ahora veo y oigo,
Ya estoy despierto.

Avatar de Desconocido

DISFORIAS GALILEANAS

Eppur si muove

«La obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo.» Platón (427 AC-347 AC)

Parece que hay una parte del género humano que permanece en el tiempo, han existido siempre, desde la antigüedad, como si no hubieran fenecido. Son los que sufren lo que yo defino como “disforias galileanas”.

Víctimas de esta humanidad inhumana fueron Hipatia de Alejandría y Sócrates en la antigüedad, más adelante Giordano Bruno y Galileo Galilei, el más famoso, y los más próximos a la actualidad, Miguel Servet y Mahama Gandhi. En todos ellos encontramos un distintivo común que los convirtió en objeto de persecución y aniquilamiento: su contribución a la ciencia y al pensamiento, costándole la vida a alguno de ellos.

Ha habido otras muchas víctimas de disforia popular en el tiempo, pero por otras razones, religiosas, políticas, ideológicas que nada tienen que ver con la ciencia y el intelecto, así Jesús de Nazaret, Juana de Arco, Julio Cesar, John F, Kennedy y tantísimos otros mártires de toda clase de ideologías y creencias, pero éstos no son objeto de este análisis.

Ahora me referiré al presente más inmediato, a la era de la tecnología, de lo digital, de internet y sus recién nacidas redes sociales.

  • Primero fue el teléfono móvil que “afectaba al cerebro” cuando hablabas con él.
  • Luego fueron las antenas de telefonía, que “provocaban cáncer”.
  • Le siguieron las “chem trails” o estelas de vapor de agua de los aviones a reacción que difundían partículas nocivas, controlaban la climatología y las tormentas.
  • Más delante el 4G, seguida del 5G, “nocivas” como ninguna.
  • La Agenda 2030, “no tendrás nada pero serás feliz”, sentencia que no aparece en ninguno de sus 17 ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible).
  • Y ahora, como quién no quiere la cosa, la AI, o Inteligencia Artificial, que “destruirá al ser humano para sustituirlo”.


    Lo comentaba hace poco tiempo con un buen amigo mío, culto y de pensamiento crítico, muy preocupado por eso que se ha dado en llamar la “conspiranoia” del momento: Sólo se teme a lo desconocido.
Avatar de Desconocido

OLE y los trampantojos

Encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.”

Si Platón hubiera vivido en el s. XXI nos hubiera hablado del trampantojo de la caverna, en lugar del mito, dado que la realidad social que vivimos se nos presenta en su totalidad como un gran trampantojo por medio del cual un enorme colectivo de ciudadanos, encadenados de cuello y piernas casi desde su nacimiento por un engranaje mediático-político que sobrepasa a cualquier pretendido cambio de poder o devenir ideológico, generalmente conocido como “stablishment” pero que el filósofo griego calificó como “farsantes prestigiosos”, proyecta sobre el fondo de nuestras conciencias imágenes que son reflejo ensombrecido de lo que éstos pretenden que confundamos con una realidad que dista mucho de ser la que nos ofrecen.

La existencia de aquellos dos mundos, el sensible – de las apariencias – y el verdadero – de las ideas – es perceptible a cualquiera que se proponga cultivar un tanto de perspicacia y dar un repaso al panorama socio-político en que nos estamos desenrollando, que no desarrollando.

A poco que estemos dispuestos a pararnos a pensar sobre esta realidad, que no verdad, social en la que nos desenvolvemos, podremos comprobar que el trampantojo de la caverna de Platón está hoy más alejado que nunca de tratarse de un mito.

Si queremos seguir refrescando la continuidad del relato de “La República” veremos que alguien que proviene del mundo de las verdaderas ideas, trata de conseguir la liberación de aquellos que permanecen en el interior del de las sombras y el adoctrinamiento.

En España este intento está siendo llevado a cabo en los últimos años por un nutrido grupo de ilustrados que parece haber quedado postergado al más ruin de los ostracismos, aquellos que tras la denominación de “Campaña OLE, Otra Ley Electoral” vienen afanosa e incansablemente laborando por conseguir que esa inmensa mayoría de ciudadanos que creen vivir una realidad, dejen de ver sus sombras.

A algunos de los que permanecíamos en el interior del mundo de las sensaciones y de las sombras nos deslumbró la luz que este conjunto de personas, de ciudadanos, nos mostró en sus innumerables intentos de hacernos llegar al mundo de las ideas. Platón no se equivocó cuando afirmó que esta labor, esa escapada al exterior de la caverna que simboliza la transición hacia el mundo real, el acceso a un nivel superior de conocimiento era labor de los sabios, de los ilustrados, de los “aristos”. En esta realidad nuestra hemos podido disponer de la iluminación y magisterio de Lorenzo Abadía.

Pero este intento, se nos advierte por el griego, viene acompañado por un camino complicado. Conseguir llegar a este mundo real (verdad) es difícil ya que representa el paso de lo sensible a lo inteligible. Lo sucedido en los últimos tiempos en España no hace más que adverar lo atinado del análisis de Platón. Pero ¿qué tiene de malo saber la verdad que a tan pocos interesa conocer? Nada en absoluto, salvo que le puede llevar a uno a darse cuenta de que vive engañado y ponerle en la tesitura de decidir si quiere seguir estándolo o no. Es triste, pero es así.

Es cierto. Está siendo un verdadero intento platónico en el más puro sentido alegórico del término, está siendo el viaje a Ítaca de Kavafis, o el de Fernán-Gómez, aninguna parte.

Platón ya advirtió que el regreso al mundo de las sombras de los que habían sido deslumbrados por la luz, con la ayuda de los hombres sabios, el retorno a la caverna de los que han visto el sol y alcanzado la verdad, no echarán de menos su vida anterior ni los honores disfrutados, pero si pasan de la luz a la oscuridad tardarán en acostumbrarse a la penumbra y los que todavía permanecen en las sombras creerán que salir a la luz conlleva que se estropeen los ojos por cuanto no merece la pena la ascensión.

El alumbrado que ha salido de las tinieblas debe ayudar a sus compatriotas. Las tinieblas representan una existencia en la que sólo se concede valor a lo sensible. En el ámbito social y político las tinieblas representan la manipulación de la opinión pública, que se basa en la persuasión mediante lo aparente y no mediante lo real, que es más difícil de comprender.

Pues bien, ¿Hasta qué punto toda esta metáfora ha cobrado carta de naturaleza en la campaña OLE? Pues hasta el punto de que en un desmesurado afán de ayudar a los menguados a ver la luz e intentar hacerlos salir de su trampantojo, se inicia el cervantino mito de la lucha contra los “molinos de viento” y, a sabiendas de que en realidad se trata de molinos, no se duda en arremeter, lanza en ristre, a todo el galope de Rocinante contra el primer molino que estaba delante, y después a otro, y luego a más sin considerar tan siquiera el riesgo de que de repente “dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.”

Y es que en esta ocasión son en realidad gigantes y no molinos de viento.

Justo Coll Villanueva.

Avatar de Desconocido

Gustavo Bueno a cuatro años de su muerte

Enlazado desde Miércoles, 02/Sep/2020 Lino Camprubí El Mundo

Ayer, 1 de septiembre, Gustavo Bueno hubiera cumplido 96 años. Me pide Fernando Palmero una semblanza del filósofo a cuatro años de su fallecimiento. Agradezco la oportunidad de recordar a mi muy querido abuelo, maestro y amigo. Como ciudadano interesado en las ideas filosóficas que organizan, lo queramos o no, nuestras interpretaciones y reinterpretaciones del mundo que nos rodea, acepto muy honrado el reto de valorar el lugar de la filosofía de Gustavo Bueno a fecha de 2020.

Pero cuatro años no son suficientes. Sirven, eso sí, para constatar que la obra de Bueno sigue viva tanto explícitamente como implícitamente en ámbitos muy diversos. Explícitamente, desde algún que otro monográfico dedicado a su filosofía a innumerables menciones en artículos académicos y periodísticos, pasando por intentos de apropiación política de uno u otro signo. Y luego están los interminables (y a veces fructíferos) debates en las arenas de Facebook, Twitter y Youtube.

La presencia implícita de la filosofía de Bueno se percibe por su parte en la importante influencia cultural de varias de sus ideas y distinciones teóricas (pese a que quienes las usan a menudo no nombren su procedencia).

A pesar de todo esto, quien haya leído con calma algunos de los libros más complejos y ricos de Bueno no podrá evitar la sensación de que la presencia de su filosofía es a menudo superficial y no hace justicia al verdadero alcance intelectual de sus ideas.

La verdad y coherencia de una obra filosófica están lejos de ser los únicos factores que explican su difusión y popularidad social; condicionantes sociológicos que el autor podrá tratar de aprovechar, pero nunca logrará controlar, juegan también un papel decisivo. Aquí entran, entre otras variables, las modas culturales y académicas del momento, los posicionamientos políticos en un tablero usualmente polarizado y, en el caso de un maestro de tantas generaciones, los discípulos y su capacidad de engranar (o no) con importantes medios de difusión cultural.

Los discípulos de Gustavo Bueno suelen ser conocidos como buenistas. Pero su heterogeneidad formativa, social, ideológica y filosófica hace sencillamente imposible tomarlos como un todo uniforme.

Hace falta una teoría del follower y su relación con el influencer. En nuestro caso, a algunos les atrae el Gustavo Bueno más mediático y polemista o el chispeante erudito. A otros alguna teoría concreta (a menudo reducida a cliché ideológico) que pueda otorgar una aureola filosófica a su cosmovisión previa sin exigir mayores indagaciones.

Que conste que el Gustavo Bueno más militante no tenía ningún problema con este uso pragmático de su pensamiento, al menos mientras estuviera al servicio de una causa por la que, en un momento dado, él creyera que merecía la pena, como Sócrates, bajar a la plaza pública y mancharse de barro.

Tres ejemplos. En las décadas de los 60 y 70 Bueno fue compañero de viaje del combativo Partido Comunista español, pese a importantes divergencias en sus concepciones sobre el Estado, la economía o la naturaleza. En sus célebres participaciones en programas de televisión de los años 70 y 80 se alineaba a menudo con cientifistas agnósticos frente a sacerdotes y curanderos, sin necesidad de airear demasiado la ontología de su ateísmo esencial ni su teoría de las ciencias como cierres categoriales. Ya entrado el nuevo milenio, su defensa razonada de la unidad de España frente a amenazas internas y externas le granjeó tantos enemigos como lectores de ocasión. Se habló de un «giro a la derecha», a pesar de que Bueno trituró el dualismo izquierda/derecha en dos libros que cada día ganan en actualidad.

Aún así, las doctrinas filosóficas en general, y las de Bueno en particular, adquieren su verdadero peso en tanto forman parte de un sistema lo más coherente posible. Gustavo Bueno tenía opiniones, como todo el mundo, pero procuraba fundamentarlas lo más posible en teorías filosóficas sustentadas en las ciencias y otros saberes prácticos.

Bueno llamó «materialismo filosófico» a su sistema de pensamiento. Ese rótulo tiene al menos dos siglos de antigüedad y fue de uso común entre los marxistas de Lenin en adelante, aunque Bueno lo adoptó en los 70 precisamente para distanciarse del materialismo soviético (que aunaba el materialismo histórico de Marx y el materialismo dialéctico de Engels).

Para evitar esa generalidad, en sus últimos años Bueno acuñó el rótulo más específico «materialismo discontinuista». En su sentido filosófico, el materialismo suele identificarse con el monismo reduccionista. Sin embargo, el materialismo de Bueno se opone tanto al dualismo espiritualista como al monismo materialista. Siguiendo una tradición potente pero a veces olvidada, se trata de un materialismo inclusivo extremadamente rico y fecundo. Con sus característicos rigor lógico y dominio de la historia de la filosofía, Bueno fue extendiendo este sistema a campos como la antropología, la teoría política o la bioética, entre otros.

Llegamos con esto a los lectores más sistemáticos de Gustavo Bueno. Afortunadamente, entre los continuadores, críticos y enmendadores de la obra filosófica de Bueno hay diversas interpretaciones. Ni siquiera la Fundación que lleva su nombre, y que tanto ha hecho por difundir su obra, quiere ni puede marcar la línea oficial de interpretación, si es que algo así tuviera sentido. Como toda escuela filosófica que en la historia haya sido, el materialismo discontinuista o se basa en el debate crítico y la revisión o cae en el dogmatismo.

Los criterios para determinar qué formulación del sistema del materialismo discontinuista es la más sólida los marca la discusión misma. Para ello hay que reanudar los cabos que inevitablemente dejó sueltos el propio Bueno, aunque ello exija cortar algún que otro nudo gordiano. Hay, además, que actualizar su filosofía manteniendo el interés por la realidad cambiante que siempre mantuvo el maestro. Y, sobre todo, hay que medir sus teorías con teorías alternativas en los grandes debates filosóficos nacionales e internacionales que se desarrollan en la actualidad. Y para eso hacen falta más de cuatro años.

Lino Camprubí es escritor y profesor de Filosofía en la Universidad de Sevilla. Entre otros es autor de Los ingenieros de Franco (Editorial Crítica).