Avatar de Desconocido

FLORILEGIO de Dimes y Diretes (Recopilación 2013)

He hecho una recopilación de la mayoría de mis afirmaciones en diversas redes sociales que, como advierte mi slogan de este blog, todas constituyen «mis convicciones desde la duda».
La mayor parte de ellas son exclusivamente de cosecha propia y solo algunas provienen del reciclaje de otros pensamientos que me las han provocado…  pero es que nadie nació sabiéndolo todo. Son de libre disposición de quién las quiera compartir, sin derechos de autor, porque en otro caso carecería de sentido aquella en que afirmo:
«Si la información que posees te la reservas, acabará desapareciendo contigo, si la compartes con tus semejantes servirá a toda la humanidad.»

ENTRE DIMES Y DIRETES

¿Será porque no me paro a pensar lo que tengo que decir, que siempre acabo diciendo lo que pienso?

El crecimiento demográficco y la limitación del acceso a las humanidades hace decaer peligrosamente el porcentaje de los socialmente cultos

Una gran mayoría coincide en los cambios políticos que necesita España, pero se resisten a que los realice un partido serio y transparente.

Para alcanzar tu meta fija tu mirada en el horizonte pero, de vez en cuando, vigila tus pasos para no salirte del camino. Seguro que llegas.

La reducción de las estructuras administrativas del Estado se justifica por su eficacia, eficiencia y economía. No hay otra razón

Nadie debe despreciarse a sí mismo, pero tampoco apreciarse tanto que acabe siendo despreciable.

La democracia es el sistema de gobierno que permite que puedan llegar a alcanzarlo políticos desaprensivos gracias al voto de desinformados.

Quien quiere brillar más que el sol se equivoca camuflándolo tras una sombrilla. Hay quien evita apoyarse en el mejor para no verse superado.

Mi acierto es saberme rodear de los mejores, ellos son los que hacen posible mi éxito que no es más que el reflejo de la luz que desprenden.

Las grandes reformas de las estructuras del poder hay que hacerlas desde dentro lideradas por hombres de Estado que queden para la historia.

JeanFrancoisRevelBW

Jean-Francois Revel

Jean-François Revel (1924-2006) sostuvo buena parte de su vida que el verdadero socialismo era inseparable del liberalismo.

Aunque hayan pasado los días de fiesta siempre hay un motivo para sonreír. Hay que contar un día más vivido, no uno menos por vivir.

Tan solo el que estudia es capaz de descubrir su propia ignorancia.

No quisiera parecer «exquisito». Prefiero la sencillez sin caer en la vulgaridad.

Cuál es una palabra de 4 letras que tiene 3 aunque se escribe con 6 mientras tiene 8 raramente consta de 9 y nunca se escribe con 5.

Me gustan las personas que tardan en hablar, pero que lo hacen con consistencia y veracidad cuando se deciden a hacerlo.

Una vanagloria es una gloria vana, a la viceversa.

Si después de una decisión complicada conservas el ánimo sereno, es que has elegido la opción adecuada.

La «confidencia» viene de la mano de la confianza. El «rumor» ataca por la espalda: ponlo en cuarentena hasta que se torne en confidencia.

El tiempo feliz es tan efímero como el de la miseria. La búsqueda del equilibrio debe ser quien marque el camino.

Para llegar a buen puerto es mejor una pequeña lancha segura que un gran barco a la deriva.

Un gramo de certeza presupone, al menos, cien gramos de dudas.

La diferencia entre lo que dices y lo que haces, es tu nivel de coherencia. Entre lo que piensas y lo que dices es el de tu honorabilidad.

La verdad es transparente y permite ver la luminosa faz de su adalid. La opaca mentira la obstruye y camufla su espíritu maligno.

La vida es una elección. Es tu vida. Elige conscientemente, elige sabiamente, elige honestamente. Elige felicidad.

La salud conlleva una libertad de la que muy pocos se dan cuenta, hasta que ya no la tienen

La ciudadanía sigue adormilada y sigue sin querer enterarse de lo que está pasando.

De vez en cuando es necesario quitar el polvo a las sinapsis cerebrales y restaurar las neuronas. El choque con la realidad del día a día puede conducir a estados «alterados de la inconsciencia».

No gestionar adecuadamente las emociones durante la infancia prepara el caldo de cultivo para un comportamiento desviado y/o antisocial durante la juventud.

Cuando se evidencia la necesidad de alcanzar mayores cotas de felicidad y/o de bienestar, no hay mejor manera de acabar en la infelicidad que no cambiar de forma de ser o de pensar.

Un niño – antes que cruel es inocente – inconsciente de que le cause daño a otro, es un ser humano en trance de ser educado, de ser absorbido por la sociedad en la que ha tenido la suerte o la desdicha de aflorar a este paquete de quarks, física cuántica y ondas entrelazadas en cuerdas de que está constituido casi todo lo que conocemos.

Cruel es el que tiene la crueldad de tildar de crueles a los niños.

Mientras los mayores hablan los niños se callan. Cuando fui mayor tuve que aprender simplemente que debo respetar las conversaciones ajenas y esperar mi turno de palabra.

La vida es la diaria pérdida de la virginidad ante las nuevas experiencias que ella misma nos depara en cada instante vivido.

100_1412bNADA

No tengo nada que perder
Porque lo he perdido todo
No tengo nada que ganar
Porque a ganar nada aspiro.
A los demás sólo pido:
Dejadme andar mi camino.

El secreto está en amar, sin preocuparte por cuanto te amen.

A pesar de mi edad, todavía me quedan ramalazos de idealismo inocente.

Cuando algún pensamiento, que está más allá de mi opinión, me parece de sentido común – me resulta evidente – no veo la necesidad de propagarlo ya que estimo (de ahí lo de idealismo inocente) que todos los demás lo consideran igual de evidente que yo.

Estoy convencido de que los hombres sobresalientes – incluso aquellos que permanecen en círculos pequeños – y que fueron considerados líderes gracias a sus obras, comparten todos el mismo ideal de paz mundial y justicia social. Sin embargo tienen poca influencia. Tal parece que el destino de los estados permanece inevitablemente en manos de los dueños del poder político más irresponsables.

Einstein advertía que las sociedades y los colectivos tienen menos sentido de la responsabilidad y menos conciencia que el individuo, sin embargo los resultados más valiosos solo se logran por medio del trabajo conjunto e impersonal de todos. Ambas cosas muy cerca de la verdad, pero ciertamente paradójicas.

Las personas cambian con el tiempo ¿O es el tiempo quien las muestra tal cual son?

Fernando Savater si dejas de escribir sobre filosofía apagarás uno de los pocos Faros que permanecen encendidos en los apéndices de la ciencia, destinados a iluminar la nocturna oscuridad de muchas mentes desorientadas, a las que ni siquiera los modernos GPS les pueden ser útiles para esquivar los accidentes del camino.

Nunca fracasará el hombre que tenga buenos amigos.

Que nada, ni nadie, nos quite nuestra manera de disfrutar de la vida.

Quien se afilia a una organización política asume su ideario nunca a la inversa. Hay quien cree que aquélla debe asumir las del afiliado.

La risa es algo demasiado serio como para tomársela a broma.

Personalidad es no hacer lo que hacen los demás por el simple hecho de que lo hacen, consiste en saber porqué lo hacemos.

Cuando el amor es firme y verdadero todo es posible, incluso un milagro.

Solo le digo a mi esposa que la quiero dos o tres veces al día. El resto me dedico a demostrárselo. Pero no sé si lo consigo.

La bondad de los justos no cambia el mundo, pero salva el espíritu de la humanidad al interrumpir la cadena del mal.

La muerte es un instante en la existencia en el que salimos de esa concepción del tiempo cuya real inexistencia no alcanzábamos a comprender.

Si la información que posees te la reservas, acabará desapareciendo contigo, si la compartes con tus semejantes servirá a toda la humanidad.

Franco no necesitó la cadena perpetua ni la doctrina Parot porque utilizaba la pena de muerte. Una vez derogada ésta, debió regularse aquella.

Paradigma del egoísmo: «Tu dolor es mi recompensa y tu ganancia es mi pérdida.»

Navidad y Carnaval ritos cristiano y pagano. Ambos pretenden ocultar la realidad subterránea bajo una festiva capa de hipocresía y mentira.

¿Qué nos lleva a pensar que sólo nosotros tenemos razón y quien discrepa es el equivocado, a veces de forma imperdonable?

La disciplina debe estar siempre basada en la convicción y la responsabilidad y hay que saberla distinguir de la obediencia bajo el temor.

Comprender no implica compartir pero sería el primer paso para el acercamiento. Si por no compartir no intentas comprender el diálogo fracasa.

Si yo me rodeo de los mejores, estaré entre los mejores, aunque no sea el mejor. Si lo hago de los peores, quizá sea el mejor: de los peores.

Por definición, un solo pitido es infinitamente más ruidoso que el silencio de muchos.

Sólo fracasan los que lo intentan, pero sólo lo consiguen quienes perseveran por encima del fracaso.

Las gentes de izquierdas y de derechas parten de unos prejuicios con los que toman postura ante temas complejos de los que saben muy poco.

El Estado es para los hombres y no los hombres para el Estado. De la Ciencia puede decirse lo mismo.

NO PRETENDO que pienses como yo, solo que PIENSES, si además coincidimos… saludos.

Tan importante es evitar a las personas tóxicas cómo comportarnos nosotros mismos como individuos tóxicos.

¡Cuántos me recuerdan a Charlie Brown tomando 100 decisiones todos los días y la mayoría equivocadas!

Todos los insultos zoológicos son inadecuados no hay ningún animal que pueda reproducir en su bajeza comportamientos similares a los humanos.

La autoridad bien ejercida siempre ha de ser positiva, nunca dañina.

Una pequeña dosis de autoridad en el cuerpo puede obnubilar toda razón en el cerebro.

La palabra es el ámbito de la política, el silencio lleva a la sospecha y termina siendo complicidad.

No estamos obligados a castigar a los que nos ofenden, sino a aconsejarles la enmienda de sus ofensas. El alto espíritu aspira a cosas altas.

Quién hace frente a su infelicidad sin refugiarse en artificios es quien domina su vida y su libertad sin permitir que nadie se la usurpe.

La virtud de recibir la información adecuada para la toma de decisiones la deberían ejercitar los que tienen la responsabilidad de tomarlas.

Tanto me enriquece cultivar el valenciano cuanto me empobrece soterrar el castellano. Un valenciano bilingüe.

El que sabe como andar es difícil de atropellar.

Cuando dimitir supone salir del «fango» se convierte en un honor en lugar de la constatación del fracaso.

Obremos en conciencia y no fallaremos. Contra el “piensa mal y acertarás” está el “piensa bien aunque te equivoques”.

ASONADA (escrache) Reunión tumultuaria y violenta para conseguir algún fin, por lo común político DRAE ¡¡Haced algo por respetar la lengua!!

Valora a quien te dedica su tiempo, te está dando algo que nunca recuperara.

Los que desobedecen a las autoridades actuales, en su imaginación se están enfrentando retrospectivamente a Franco.

Es más fácil atacar las opiniones ajenas que sustentar las propias: la razón humana es tan débil para edificar como formidable para destruir.

Nunca nos aprecian tanto los demás como cuando nos apreciamos nosotros mismos.

Es tal el respeto que siento por mi propia persona que no puedo entender que alguien acepte que hablen de él aunque sea mal.

Necesito un tiempo y un espacio para el abandono si tengo que seguir el resto en el orden.

Mis actos, trabajos y pensamientos de los que me siento humanamente satisfecho me sirven de refugio cuando desde fuera me vienen «mal dadas».

Me pregunto cuál es, en opinión de Goirigolzarri, el «nivel» de corrupción tolerable en España.

Si tu enemigo deviene tu amigo, ambos habréis destruido a vuestro enemigo.

A la política solo la podemos cambiar nosotros, no los políticos.

La transparencia es un deber ineludible, no una deferencia de quienes ostentan el poder.

Los errores son humanos, pero más humano es tratar de conocerlos y corregirlos.

Mi partido político no es aquel que más me ofrece, sino aquel del que pueda sentirme más orgulloso.

La honestidad te garantiza la verdadera amistad.

Muchas personas modifican en su mente la realidad para acercarla a su interés. Mi interés es modificar mi mente para acercarla a la realidad.

Lo importante no es la representación sino el pensamiento que se representa.

Establecer el contrapunto para entender la realidad no es comparar, es constatar un hecho.

El corazón tiene razones que la razón ignora, pero las razones del corazón fructifican en flores que adornan la vida.

Las ideas fáciles de comprar son poco meditadas por quien las adquiere.

Coherencia es decir lo que se piensa, consecuencia es hacer lo que se dice.

El pasado ya no es, el futuro aún no está, el presente se va ya ¿En qué tiempo estoy ahora?

Nacemos humanos, la sociedad nos transforma en individuos, pero muy pocos alcanzan a ser personas.

Yo solo quiero ser esclavo de mi libertad.

Siempre hay una persona para cada trabajo. Lo difícil es encontrar un trabajo para cada persona.

Conócete a ti mismo y conocerás el Universo.

Las medias tintas nunca fueron buenas, pero en el término medio siempre estuvo la virtud.

Cuando el amor es fuerte los grandes problemas se diluyen, si es débil los pequeños se magnifican.

La vida es solo un parche entre dos infinitudes: el puente colgante que une el nacimiento con la muerte.

Si lloras porque has perdido el sol, tus lágrimas no te dejaran ver las estrellas.

El derecho a vivir equivocado forma parte esencial de la libertad individual.

Nunca atribuyas a la maldad lo que pueda ser explicado por la estupidez (principio de Hanlon).

Solo el Norte y el Sur tienen existencia propia. El Este y el Oeste son relativos.

La pérdida de libertad no es la prisión o esclavitud, es la permuta de la propia dignidad por la saciedad de los apetitos.

El tiempo no consiste en un momento concreto, necesita una sucesión de hechos que ocupan todos los tiempos.

Una inmensa multitud de este mundo vaga en busca de un Brigadoon.

Sin disciplina no hay democracia y sin democracia no hay libertad.

Daría la vida porque no existiera la muerte. (Nil Tameroglu Coll,  con 7 años).

El que no vive para servir, no sirve para vivir.

Para amar es imprescindible conocer, para odiar es necesario haber amado.

El grupo es tan bueno como el peor de sus miembros.

El 8 de enero de cada año: «Se les comunica que el simulacro de paz y bondad navideño ha finalizado. Pueden volver a ser las RATAS de siempre».

No tengo tiempo para odiar a quienes me odian, estoy demasiado ocupado amando a quienes me aman.

Nada hay que cueste tanto que darlo todo, que es la única manera de tenerlo todo.

Si amo a quien me hace feliz, no puedo evitar sufrir si el ser amado cambia, hay que correr el riesgo de ser humano.

Nunca tomes decisiones en momentos de odio y de rencor, puesto que más tarde te puedes arrepentir  –  seguro que te arrepientes.

Concentrémonos en hacer bien aquello que mejor sabemos, lo demás no importa.

Cuando uno se odia a sí mismo, está muerto permaneciendo vivo: anestesia los buenos y los malos sentimientos para no sentir nausea.

Cuando el arte del té deviene ritual, constituye la esencia de la aptitud para ver la grandeza de las cosas pequeñas.

En la hora de todos los finales, adviene sin remedo la verdad.

La venganza es un intento encolerizado de hacer justicia…  que deviene injusta.

La fidelidad, además de ser grata al respetado, enaltece a quien la practica.

El sexo entre mi esposa y yo siempre tiene presente nuestro amor, éste sin embargo no siempre está basado en aquél.

El celoso siente más su sufrimiento, no el amor.

La vida es corta, escoge muy bien tus batallas. Algunas no vale la pena pelearlas. Otras es prescindible librarlas.

Vivimos en un mundo que pende del poder de las palabras y no de los actos, donde lo que prospera es un falso lenguaje que cautiva a las masas.

El hombre no ha progresado mucho desde sus inicios: sigue pensando que no está aquí por casualidad, que unos dioses benévolos velan su destino.

Si hay algo en el mundo por lo que valga la pena vivir, no nos lo podemos perder, porque una vez muerto no hay tiempo de arrepentirse.

Un «snob» vive entre dos mundos: el que frecuenta y aquél en el que le gustaría entrar.

Algunas personas dedican su existencia a discurrir sobre los hombres como si de autómatas se tratara y de las cosas como si fueran un capricho subjetivo.

Hay quien es incapaz de aprehender lo que constituye la esencia de aquello que contempla.

El fundamentalismo democrático tiende a ocultar la realidad del nivel de democracia realmente existente.

El arte sin transgresión es menos.

Esnobismo: práctica del snob. SNOB: “sine nobilitate” (sin nobleza).

Cada vez se evidencia más la necesidad de un cambio de paradigma político-económico mundial.

El anonimato siempre fue el refugio de aquellos a quienes falta valor para mostrar su verdadero rostro.

Ya estoy en twitter. El mundo ya no volverá a ser el mismo.

Joel Heraklión Silesio.

Avatar de Desconocido

Camino de Ítaca, a través de Jericó (solo para iniciados)

 Las Murallas de Jericó

  • “Sucedió que después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, habló el Señor a Josué, hijo de Nun, ministro de Moisés, y le dijo: ‘Mi siervo Moisés ha muerto; anda y pasa el Jordán tú y todo el pueblo contigo, para entrar en la tierra que daré a los hijos de Israel”.
  • Con esas palabras el Señor le ordenó a Josué la conquista de Canaán. Y una vez frente a Jericó, volvió a hablarle para decir: “Mira, Yo he puesto en tus manos a Jericó y a su rey y a todos sus valientes. Dad la vuelta a la ciudad una vez al día todos los hombres de armas. Y haréis esto por espacio de seis días. Y al séptimo tomen los sacerdotes siete trompetas de las que sirven para el jubileo, y vayan delante del Arca del Testamento, y en esta forma daréis siete vueltas a la ciudad, tocando los sacerdotes sus trompetas; y cuando se oiga su sonido más continuado y después más cortado, e hiriere vuestros oídos, todo el pueblo gritará a una con grandiosísima algazara, y caerán hasta los cimientos los muros de la ciudad por todas partes, y cada uno entrará por la que tuviere adelante”

Dice Kavafis, en su exquisito poema Ítaca, que cuando emprendas tu viaje hacia ella no has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni la cólera del airado Poseidón, porque si tu pensamiento es elevado y tu alma limpia, los lestrigones y los cíclopes y el feroz Poseidón, no podrán encontrarte, si tú no los llevas ya dentro, en tu alma, si tu alma no los conjura de ti.

Hace ya algo más de tres años que yo decidí emprender mi personal camino a Ítaca, un camino que ciertamente ha de ser largo, como también augura el propio Kavafis, y no me importará si tengo que “marchar” antes de llegar a tan anhelado destino porque no estoy solo en él, otros muchos me acompañan y seguirán sin mí y a buen seguro, hasta el final.

Lo emprendí cuando, escuchando a una relevante y admirada figura de la política española actual recibí el mensaje de que alguien estaba proponiendo precisamente aquello que yo pensaba: “que la política ha de estar al servicio de los ciudadanos y no de las siglas de los partidos”, que éstos no son sino “un instrumento al servicio de la política” y que ésta solo se justifica si su finalidad no se aparta del objetivo de “resolver los problemas de aquellos”.

Lo que Kavafis no previno es que en ocasiones este viaje a Ítaca necesita atravesar Jericó, porque hay circunstancias en que alguien o algunos no han sido capaces de alcanzar la madurez democrática suficiente para entender que el talante democrático implica necesariamente el respeto al resultado de unas elecciones limpias y ordenadas. Hay circunstancias en que la falta de entendimiento desata pasiones, controversias y antagonismos, de mayor altura y consistencia quizá que las propias murallas de Jericó. Estamos convencidos de que “el entendimiento ha de construirse no en base a reparto de poder sino a partir del debate sereno y sincero sobre ideas y propuestas” , sobre todo si queremos hacer política, “hacer política de otra manera”, encontrar otra manera de hacer política. Es necesario tomar iniciativas que “incentiven el esfuerzo y la participación” si queremos construir un conglomerado “estable y fiable, que trabaje de forma inmediata para sacarlo del estado de depresión en que se encuentra.

Ni que decir tiene que los entrecomillados en cursiva, son frases pronunciadas y/o escritas por esa relevante figura de la política actual española a la que antes hice referencia.

No puedo obviar una cita frecuente que tan notable personalidad atribuye a Stanislav J. Lec: “Una pequeña piedrecita puede hacer variar el rumbo de la avalancha” y que en el aforismo de moda podría también identificarse con el llamado “efecto mariposa”.

Y los sacerdotes hicieron sonar sus trompetas siete veces y los muros de la ciudad cayeron desde sus cimientos.

Recientes acontecimientos de alcoba me han provocado la idea de que la piedrecita ha saltado al camino, la mariposa ha comenzado a volar y los sacerdotes de Josué han iniciado sus siete vueltas alrededor de Jericó.

Mientras estamos manteniendo públicamente que España lo que necesita es que se rompa la política de bloques, hay quien se empeña en mantener esta dinámica en las cocinas donde se cuecen los guisos con los que pretendemos alimentar a la cosa pública, provocando enfrentamientos “demasiadas veces de forma tan artificial como perjudicial para el conjunto”.  Es imprescindible porfiar en el “empeño de superar las trincheras y defender lo que nos une buscando el máximo denominador común.” “Queda demostrado que defendiendo principios y valores es posible alcanzar éxitos políticos.

Es cierto: “el viaje sigue y empieza a la vez” y Jericó “no es sino una de las escalas de nuestro particular viaje a Ítaca.” El viaje va a estar pleno de aventuras, para poder honrar a los hombres que permanezcan fieles a sus convicciones, fieles a su pueblo, fieles a su compromiso.

Joel Heraklión Silesio.

Avatar de Desconocido

LO QUE NOS SEPARA (O EL FEBRON DE FABRA)

 

Lodazal de las descalificaciones

Lodazal de las descalificaciones

Me preocupa el caso Fabra, me preocupa por múltiples razones, más de las que se han argüido últimamente… quizá por ninguna de ellas.

No puedo evitarlo pero tengo que recurrir a la lógica aristotélica porque de lo contrario, dejándome llevar por la indignación, acabaría en esa ciénaga común en que se lustran, se abrillantan, se enlucen los políticos de corte clásico sin apreciar que está repleta de tarquín: la ciénaga de las descalificaciones, del juicio paralelo, del prejuicio.

Debería explicarme, pero no sé si lo conseguiré. Lo que me bulle en mi “naranja mecánica” es muy complejo, se me agolpan las conjeturas, se confunden con las ideas y se transforman en un torrente de conclusiones que tratan de salir al exterior de forma caprichosa, deslavazada, desordenada, inconexa, descompuesta y por ello se hace necesario ordenarlas porque la cuestión es compleja y ardua. Quiero partir de la premisa de que lo acaecido con el caso de Carlos Fabra es indignante, no debería haber sucedido, tampoco debería haberse producido la concatenación de hechos que se han ido aglomerando en torno suyo y, por supuesto, el final no debería haber sido el que ha sido. Para evitar que la indignación que este resultado me produce me lleve a rebozarme en el fangal antes aludido tengo necesariamente que pararme a reflexionar.

Para mí es importante la distinción entre verdad material y verdad formal, aquella reside en la singularidad de los hechos que en un momento determinado tienen lugar, las acciones u omisiones que alguien lleva a cabo y que quizá solo él conozca; ésta, la verdad formal, es la que queda recogida en una sentencia judicial como consecuencia de la prueba practicada en el proceso correspondiente y que puede o no coincidir con aquella. Si se pierde de vista esta fundamental distinción podemos caer en tremendas incongruencias, tales como decir que Carlos Fabra ha sido declarado inocente y que se le pidan disculpas por los que mantuvieron lo contrario, como pretenden algunos de sus correligionarios o pedir su dimisión o, lo que es peor, considerar que se ha salido de chinitas gracias a la prescripción de “su delito”, lo que para algunos se ha producido gracias a las “maniqueas” manipulaciones de algún Corleone que anda suelto, apologetizar el deshonor de invocar la prescripción o proponerle el montaje de un dispensario de consejos de cómo engañar a la Hacienda Pública.

Ninguna de todas estas declaraciones se sostiene sola, primero porque al Sr. Fabra nadie le ha declarado inocente, al no haberse celebrado juicio, y segundo que ninguna sentencia ha constatado que hubiera cometido delito alguno – por ahora – y son esta clase de manifestaciones públicas, ostensiblemente aviesas, grandilocuentes y rayanas en el exabrupto las que están desprestigiando a la clase política, porque los ciudadanos silenciosos permanecen silenciosos pero no ignorantes y se dan cuenta de lo que a sus ojos se presenta como un intento de manipulación de su propia inteligencia.

Muralla de Adriano

Muralla de Adriano

Estamos en UPyD por lo que nos une y todos los que estamos en este partido tenemos claro qué es lo que nos une, pero esta moneda tiene dos caras, no estamos en ningún otro partido por lo que nos separa, por lo que nos diferencia. Somos más respetuosos con el Estado de Derecho que cualquiera de los demás, más respetuosos con la presunción de inocencia que cualesquiera de ellos, que es nuestra muralla de Adriano y deberíamos mantenernos atentos a qué es lo que nos diferencia y permanecer lejos del lodazal de las descalificaciones, del juicio paralelo, del prejuicio y apuntar allí donde la razón, el análisis equilibrado y la crítica fundamentada nos hará diferentes.

Nunca podremos estar seguros de que aquellos hechos que se le imputaron fueran o no realmente cometidos por Fabra, al menos aquellos cuyas consecuencias han sido declaradas prescritas, porque lo que ha prescrito es la acción jurídica que permitía entrar a conocerlos – no el supuesto delito en sí – y por ello tales hechos no podrán ser investigados ni ser objeto de procedimiento judicial alguno.

Esto es propio de un Estado de derecho y debe ser respetado como tal por UPyD.

Pero tal situación en modo alguno nos debe llevar al terreno de dejarnos impávidos y por ello permanecer impasibles ante ella. No podemos ni debemos consentir que tales acontecimientos puedan reproducirse y en tanto no tengamos capacidad de condicionar la norma debemos denunciar aquellas que deben ser modificadas, porque lo peor del caso Fabra no es quedarnos sin saber si fue autor y responsable de unos hechos que de haberse probado hubieran constituido delito, lo peor del caso es que haya funcionado el sistema de la forma que lo ha hecho, que haya sido posible aplicar la prescripción, en definitiva que se haya llegado tarde. Esa debería ser la clave de la crítica pública, aquella que coincide con nuestro lema de regeneración democrática y lucha contra la corrupción, clamando por una reforma legislativa que impida que un representante político pueda quedar al margen de un enjuiciamiento permitiendo con ello o bien que un posible culpable permanezca impune, o un inocente quede bajo sospecha permanente, y no se me diga que de ser este último el supuesto bastaría con someterse al procedimiento obviando la prescripción porque tal opción no es realista.

Si es necesario alargar los plazos de prescripción cuando los servidores públicos resulten imputados por determinados delitos, y no me refiero solo a los representantes políticos, habrá que hacerlo, si hay que poner los medios para que el funcionamiento de la administración de justicia cobre una agilidad por la que se viene suspirando por los juristas y la opinión pública desde hace muchos años sin que los remiendos introducidos hayan surtido el efecto deseado, pónganse esos medios, si es necesario hacer lo que sea necesario propongámoslo, solicitémoslo públicamente – a voz en grito – pero no caigamos en el tópico del insulto, del exabrupto y de la descalificación, porque eso es lo que nos ha de diferenciar del resto de la clase política, eso es lo que nos diferencia a la par que es lo que nos une.

Joel Heraklión Silesio.

Avatar de Desconocido

JUEGOS DE VIDA, JUEGOS DE MUERTE

2266. La preservación del bien común de la sociedad exige colocar al agresor en estado de no poder causar perjuicio. Por este motivo la enseñanza tradicional de la Iglesia ha reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la legítima autoridad pública para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte.
(Catecismo de la Iglesia Católica. Tercera Parte, Segunda Sección, Capítulo Segundo, Artículo 5  EL QUINTO MANDAMIENTO. I El respeto de la vida humana…)
 

I – La pena capital. El debate sobre la pena de muerte desapareció prácticamente de la escena política española tras nuestra transición democrática, empero en los últimos tiempos y de manera lamentable ha comenzado a reflotar en la opinión de no pocos círculos privados, quizá demasiados, aquellos que en otra ocasión denominé como ciudadanos silenciosos. Los atentados terroristas, los violadores reincidentes – recalcitrantes diría yo – y aún los asesinos encapsulados en el eufemismo de “violencia doméstica”, que tiene mucho de violencia y nada de doméstica, o el de “violencia de género”, han venido despertando en gran parte de esa ciudadanía silenciosa la nostalgia de la pena capital. 

En las aulas de la Facultad de Derecho de Valencia, todavía en el histórico y vetusto edificio de la calle de la Nave, durante la musicalmente denominada década prodigiosa de los sesenta del pasado siglo, abrió brecha una importante corriente universitaria contra la entonces vigente pena de muerte entre cuyos seguidores me cabe la satisfacción de poder incluirme. El ilustre iusnaturalista D. José Corts Grau – para entonces Rector Magnífico de la Universidad Literaria valenciana – se prodigaba en esfuerzos para justificar aquella pena considerándola como la amputación del órgano enfermo que hace peligrar la vida del paciente u otros argumentos de similar inconsistencia, llegando incluso a aportar fundamentos teológicos o de derecho divino o de defensa de la sociedad contra sus agresores. Resulta curioso que la Iglesia Católica en su doctrina nunca se haya manifestado abolicionista… es verdaderamente curioso. 

Pero el afán antifranquista, en ocasiones embadurnado de anticlericalismo, y el rechazo a toda reminiscencia de la dictadura, ha hecho evolucionar el derecho penal español a derroteros que ponen en peligro la salud mental de una gran porción de ciudadanía que – hasta anteayer – había asimilado con encomiable sosiego la abolición de la pena de muerte, de tal suerte que todos nos encontramos con algún vecino, amigo o incluso familiar que, ante situaciones desgarradoras como las de violadores reincidentes, delitos de terrorismo u otros de similar gravedad, nos dice (casi al oído por si acaso): “Esto se acabaría restaurando el garrote vil”.

Y es que estos irreflexivos – pero respetables ciudadanos – que quieren recuperar no tanto la pena de muerte cuanto la tranquilidad de todos, están evidenciando que hoy en España delinquir resulta barato. Por un lado la venialidad de las penas, por otro la inexistencia de una auténtica reinserción en infinidad de casos y la remisión de condena en casi todos, hace que gran parte de la sociedad se indigne por el trato que nuestro sistema judicial aplica a delincuentes que no solo son antisociales sino que, a mayor abundamiento, son peligrosos.

Resulta ineludible y aún imprescindible caminar hacía una auténtica – y todo lo revisable que se quiera – cadena perpetua en la que la única remisión posible esté exclusivamente condicionada a una acreditada reinserción, al estilo de la de D. Eleuterio Sánchez, que tras haber sido condenado a muerte y conmutada su pena a cadena perpetua todavía bajo la dictadura franquista, quedó definitivamente en libertad en 1981. Su nivel de reinserción fue tal que, detenido por última vez en 2006 por la Guardia Civil tras una denuncia de su esposa por malos tratos, los tribunales confirmaron definitivamente su absolución por violencia de género siendo declarada falsa por los jueces la denuncia interpuesta. ¿Acaso es éste un peor avatar que el que se hubiese derivado de la ejecución de la primera condena?

Solo trabajando en esta dirección será posible devolver a toda la sociedad una, hoy descarriada, confianza en la justicia y poder enarbolar de nuevo, con el orgullo de los universitarios de los sesenta, la bandera abolicionista. Ni la preservación del bien común de la sociedad, ni colocar al agresor en el estado de no poder causar perjuicio justifica en modo alguno, ni tan solo en los de “extrema gravedad”, la pena capital. Las sociedades modernas, actuales, son más fuertes que todo eso incluso en el supuesto de nula reinserción. El Estado cuenta con medios suficientes – ciertamente onerosos – para garantizar la protección responsable de la sociedad y el aislamiento del agresor (salvo que lo que realmente se pretenda sea economizar erario público). La lenidad punitiva instaurada en nuestro sistema legal no se sostiene bajo ningún emblema ideológico, ni histórico, ni de lucha antifascista, ni tan siquiera democrático. Cuando los ciudadanos silenciosos se ven desprotegidos y comienzan a considerar los derechos de los condenados como privilegios, se vuelven reaccionarios y, como tales, propenden a restablecer lo abolido.

Llevemos cuidado, ni la vida ni la muerte son un juego. El no a la pena capital debe seguir siendo un objetivo con vocación de universalidad, porque nosotros no somos dueños de la vida de los demás, porque nosotros ni siquiera somos dueños de nuestra propia vida, no disponemos de ella sino todo lo contrario, es la vida, es la esencia vital, “l’elán vitale” la que dispone de cada uno de los seres vivos organizando la biosfera y manteniéndola en homeostasis tal como James Lovelock conjeturó en su original “Teoría de Gaia” para asegurar su propia supervivencia… la de la esencia vital, no la nuestra.

Avatar de Desconocido

ACERCA DE LA ESENCIA VITAL

Hemos establecido, mas allá de cualquier obsceno debate, que el feto entra en la vida – preste atención el lector a mi expresión: “entra en la vida” – con suficiente anterioridad al hecho puntual del nacimiento. Ya he dicho que a mí no me importa saber cuándo. No me interesa. Me es irrelevante. Ni siquiera la absurda y malintencionada distinción entre “embrión” y “feto” me altera lo más mínimo, no cambia mi convicción: ambos tienen vida, ambos están dentro del ciclo vital y por este camino vamos a llegar inevitablemente al momento mismo de la concepción. ¿Qué pasa con el espermatozoo? ¿Y con el óvulo? Para intentar su comprensión sería muy conveniente comenzar por el análisis etimológico de ambos morfemas. Espermatozoo o espermatozoide, procede del griego “sperma”, semilla y “–zoo”, vida animal, estamos pues ante una semilla de vida animal. La etimología de óvulo, sin embargo, es latina, no griega. Procede de ovŭlum, diminutivo de ovum, huevo. Sería algo así como huevecillo, también una vida en ciernes.

Pero espermatozoide y óvulo, ¿Son seres vivos? ¡Cuidado con las afirmaciones rotundas! Casi siempre suelen ser irreflexivas y en tanto que tales, erróneas (cuanto menos escoradas). Va a depender mucho de cual sea nuestro concepto de ser vivo y aquí pueden saltar astillas con grave riesgo de transformarse en metralla ideológica. Procuraré eludir el enfrentamiento. Echemos mano de la técnica, de la tecnología tal vez.

Todos hemos tenido la oportunidad de ver filmada con cámara microscópica la ”caza” en laboratorio de un espermatozoide para “inyectarlo” manualmente en un óvulo previamente seleccionado.

Todos hemos podido observar, gracias a esta avanzada tecnología, cómo un espermatozoide se mueve y avanza “nadando”, cual diminuto renacuajo, en el agua del amnios. En cuanto al óvulo, por su parte, sabemos y nos consta con irrefutable veracidad, que escapa del ovario y se instala pacientemente en la trompa, esperando la llegada de aquél para, finalmente, ubicarse en el útero. En otras palabras, realizan actos de traslación, de movimiento, de posicionamiento estratégico: ¿voluntarios? ¡más espinosa cuestión todavía! De momento no me voy a pronunciar respecto a su voluntariedad o no – quizá más adelante – lo único que tal vez nos ponga en este punto a todos de acuerdo es que tales movimientos son “autónomos”, los realizan por sí, sin ninguna intervención de sus portadores. En lo que la ciencia biológica coincide es en el hecho de definir a ambos como “gametos”, el espermatozoide es el gameto masculino y el óvulo el femenino, y con ello pretende dejar resuelta la cuestión, solo que creo sinceramente que no lo consigue.

Vayamos pues construyendo puntos de partida.

Podemos convenir que los gametos no son seres vivos. Hasta el presente estado de las cosas ambos son necesarios para dar lugar a un nuevo “ser vivo” y ello mientras mantengamos la convención de que ser vivo es aquel que goza de la facultad de crecer, desarrollarse, reproducirse y fenecer de forma autónoma. A partir de ahora me gustaría ya extender el concepto de ser vivo a toda forma de vida que nuestro conocimiento alcanza, ya sea animal, vegetal, megalómana o microscópica. Traslademos pues la cuestión al mundo vegetal, también éstos, las plantas y los árboles, son seres vivos, nadie lo duda, con muy diversas formas de reproducción como en el mundo animal. Pero todos precisan hoy por hoy – insisto – de la participación de ambos gametos. Ni que decir tiene que las incipientes técnicas en torno a las células madre y a la clonación pueden poner en entredicho – es más, ponen de hecho en entredicho – las más firmes convicciones tradicionales, pero tales cambios son, desde mi punto de vista, tan solo alternativas que la ciencia y la investigación va abriendo en torno al concepto radical de vida, la “esencia vital”. Ya se verá más adelante cómo estas pretendidas revoluciones científicas no afectan al fondo de mis planteamientos.

Hemos convenido pues que los gametos – y lo afirmo sin reservas – no son seres vivos, al menos en lo que al concepto tradicional de “ser vivo” concierne. Pero ¿Son sistemas vivos? ¿Son portadores de vida? Esa es otra cuestión y no baladí. Al menos la respuesta afirmativa a la segunda de las preguntas parece inevitable: son indefectiblemente portadores de vida. Entrambos se produce el inconmensurable acontecimiento de la entrada de un nuevo ser en la vida, ese preciso instante en que el óvulo fecundado – haciéndolo también de forma autónoma – comienza a multiplicar sus células: el “in_vita”. La radical diferencia la hallamos evidentemente en el hecho concreto de la multiplicación celular, técnicamente denominada “mitosis”, facultad de la que carecen ambos gametos en su estado previo y que se inicia a partir de su configuración como cigoto. No parece pues desaforado concluir que los gametos aunque no son “seres vivos” sí son “portadores de vida”. Y me inte­resa mucho incidir en este más que matiz. Se puede ser portador de vida, sin ser propiamente un ser vivo, lo que resulta mucho más inconcebible es que un ser vivo no sea portador de vida. La vida, la “esencia vital”, esa manifestación de energía (¿) que es capaz de fundir en una sola tanto la química orgánica como la inorgánica apropiándose de ambas para desarrollarse en múltiples formas, es algo previo y diferente al propio ser vivo, existe antes que él y éste la propagará si consigue su propia reproducción. Es desde esta perspectiva que deseo mantener la convicción ya anunciada de que la diatriba sobre la pretendida distinción “científica” entre cigoto, embrión y feto, no es más que un argumento puramente ideológico, artificioso, casi artero, para poder construir sobre ella teorías sociopolíticas al uso que resulta innecesario nombrar. Por ello afirmo sin reservas y constituye la síntesis de este compendio que el discurso sobre cuándo comienza la vida de un individuo es un debate tautológico, irrelevante, innecesario e incluso obsceno.

Avatar de Desconocido

EN TORNO A LA “EXISTENCIA”

Respetar la vida y no temer la muerte son los recintos mentales en los que puede reposar la más elevada tesis del intelecto.

Decía Ortega y Gasset([1]) que el nacimiento y la muerte son los dos únicos acontecimientos de la propia vida sobre los que nuestra voluntad no tiene capacidad alguna de influir. La ciencia actual introduciría muchos matices a tan rotunda afirmación, pero Ortega no hablaba en términos científicos sino filosóficos y es en este sentido en el que la máxima mantiene toda su vigencia. Cierto es que la medicina actual le reconoce hoy al feto, en líneas generales, una cierta voluntad de nacer para que el parto sea posible. Y al filósofo no se le escaparía la potencialidad humana para el suicidio concebido en su forma más radical o traumática como el disparo en la sien o, en su manifestación más liviana y pasiva, como el abandono voluntario de la supervivencia mediante la inanición. No me cabe la menor duda de que utilizó los términos nacer y morir para emboscar en ellos unos conceptos mucho más profundos y minuciosos que el mero hecho del parto y del suicidio. Tenía otra perspectiva.

Sobre la vida, como sobre un paisaje o sobre cualquier otro acontecimiento, se pueden tener diversas perspectivas. Ayer mismo enfocaba con el menor de mis hijos algunos distintos puntos de vista sobre el riesgo de morir. Es un deportista nato, se está preparando para ser un técnico y trabajar de modo profesional en ese mundo y regresaba de realizar unas prácticas de piragüismo y rappel. Antes de iniciar los ejercicios el responsable de la organización había preparado un contrato de seguro de responsabilidad civil exclusivamente para cubrir los riesgos de accidentes con los que iban a participar en ellos. Mi hijo me explicaba que de todas formas se habían tomado todas las precauciones y establecido todas las garantías, comprobando el perfecto funcionamiento de los arneses, el adecuado estado de las amarras y sin embargo se había contratado un seguro de accidentes. Si verdaderamente se han tomado toda clase de precauciones y todas las garantías era innecesario el seguro y si no se han tomado las debidas medidas de seguridad el seguro no cubriría los riesgos por lo que no sería razonable contratarlo. En cualquiera de ambos casos, desde un punto de vista de la exclusiva racionalidad, desde la lógica en su sentido más filosófico, parece que bastaría con tomar todas las cautelas ¿a qué el uso, quizá obligación, de contratar una cobertura? El concepto de vida está sobrevalorado en la civilización occidental de mas acá del siglo XX. La vida no tiene precio, pero no por que sea tan sumamente apreciada que su valor resulte incalculable, sino por todo lo contrario, no es un bien evaluable si tal evaluación tratamos de hacerla en moneda de curso legal, la vida tan solo es evaluable en términos de fenómeno de la naturaleza y es desde esta óptica que afirmo que no tiene precio.

Entremos pues en materia.

“Nacemos” en un momento ya avanzado de nuestra propia vida, tras, más o menos, nueve meses de gestación. No voy a entrar en la tautológica altercación sobre cuándo se inicia la vida de un ser humano ¿qué más da? A mí tal controversia me parece totalmente irrelevante y el hecho mismo de entrar en ella, vergonzante. Y éste es quizá el “letmotif” de este escrito, destapar el frasco de las esencias, la caja de Pandora sobre lo superficial, mezquino y siempre ideologizado debate alrededor de la vida o la muerte de un ser o individuo en particular.

Lo único importante es que el feto está vivo ya antes de su nacimiento. Analizando la concatenación de acontecimientos del parto en sí mismo, si la voluntad del “nasciturus” juega el papel que le corresponde, a tenor de las opiniones de la ciencia moderna, resulta evidente que no era este hecho puntual el que contemplaba Ortega cuando expresó su aforismo. En el alumbramiento – dar a luz no solo es el término más delicado o exquisito sino quizá el más preciso y exacto – en él parece que el propio feto participa en la labor de abrirse camino hacia la luz, por ello cuando el pensador habló de “nacimiento” se refirió sin duda al hecho de “entrar en la vida”, a iniciar su ciclo vital, lo que yo doy en llamar la “in_vita”, cualquiera que fuera el momento en que esta entrada se produjera, muy anterior por supuesto al propio parto. Lo que parece ya incuestionable es que donde la voluntad del ser humano carece de opciones es en este entrar en la vida, en ese justo momento en que se inicia el ciclo vital, y no en el nacimiento o alumbramiento mismo.

Y ¿Qué decir de la muerte? El suicidio, aunque sea por inanición, por abandono depresivo del deseo de vivir, es también un acontecimiento muy anterior a la propia muerte. La ciencia médica ha introducido desesperantes y angustiosos matices al concepto de muerte: se habla de una muerte clínica, de una muerte cerebral y de una muerte certificada o jurídica. La única y autentica muerte es la expiración en el sentido más literal de la palabra, y a ella, estoy absolutamente seguro, aludió el insigne pensador cuando afirmó que era el otro hecho de nuestra propia vida sobre el que carecíamos totalmente de capacidad de influencia. El hecho mismo de la expiración está más halla del alcance de nuestra voluntad, podríamos propiciarla, crear las circunstancias para que ésta sobreviniera, pero la expiración en sí como fenómeno biológico considerado por unos como momento en que se disocia el espíritu del cuerpo, y por otros como aquel en que expelemos el último hálito de vida, en el que nuestro organismo deja absoluta y definitivamente de funcionar como un ser vivo y se transforma en materia inerte, ese puntual momento escapa por completo a nuestra participación activa. Precisaré esta afirmación: “la muerte es el otro hecho de nuestra vida sobre el que carecemos de capacidad de influencia”. Es necesario profundizar en este concepto para entender lo que pretendo decir. Resulta imprescindible asimilar que la muerte es “un hecho más de nuestra vida”, entender que forma parte de ella, que no es otra cosa que su propio fin, es lo que yo he dado en denominar la “ex_vita”, la salida de la vida. Sobre esta cuestión volveré quizá más adelante, cuando haya tenido la oportunidad de describir y puntualizar aquellos hechos y resultados, extraídos del propio avance científico, que me han llevado a tales conclusiones.

No hay que perder de vista que las afirmaciones de Ortega, a las que aludo en el presente escrito, fueron manifestadas hace aproximadamente un siglo y la información científica de la que disponemos hoy obligaría a matizarlas y quizá aún a extenderlas; para mí es sin duda concluyente que en el inicio de su vida, en el “in_vita” y en su salida, en el “ex_vita” el propio individuo no tiene capacidad alguna de influir. Es sobre estas dos premisas de lo ineluctable del nacimiento y la muerte que Ortega construye la teoría de que sólo en lo sucedido a cada uno de nosotros entre aquél y ésta, nuestra voluntad participaba, o podía participar, con más o menos intensidad. Nosotros influimos en todo nuestro acontecer a la vez que éste influye en cada uno de nosotros. Este es el principio de su definitiva afirmación: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Hoy conocemos muchos más datos y por ello, matizando a Ortega (lo digo con la máxima humildad) cabría decir que “es sobre el hecho mismo de nuestra existencia sobre el que nada podemos hacer”, porqué existimos y porqué dejamos de existir escapa a nuestro intelecto y amplifica al máximo nuestra capacidad de asombro. Es cierto que en los acontecimientos que se producen “dentro” de nuestra existencia gozamos de una determinada capacidad de maniobra, podemos retardar unos, adelantar otros, cambiar algunos y provocar bastantes. A su vez todo aquello que nos circunda intervendrá de una u otra manera en nuestra propia personalidad, pero tendrá lugar dentro de nuestra “existencia” siempre entre los dos límites temporales del “in_vita” y el “ex_vita”, en nuestro flujo de vida, en el fluir de nuestra propia vida, en nuestra “biorrea”.


([1]) José Ortega y Gasset (1883-1955) filósofo español (n. en Madrid) introductor del perspectivismo: teoría del conocimiento según la cual no hay un punto de vista absoluto sobre la realidad, sino diversas perspectivas complementarias, y el raciovitalismo: consistente en considerar la vida como la «realidad radical», como la instancia a la que se subordinan todas las demás realidades, incluida la razón.