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Mirando el bosque

Ante la llegada de Trump a la presidencia de EE.UU. recuerdo que Ronald Reagan constató tras su mandato: «Los líderes de opinión estaban equivocados. El hecho es que lo que llamaban radical era en realidad lo correcto. Lo que llamaban peligroso era desesperadamente necesario»

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Los PENSAMIENTOS de Josejazz.

A Sánchez se le puede aplicar esta frase de Miguel Cabanellas: «Ustedes no saben lo que han hecho porque no le conocen como yo (…) Si ustedes le dan España, va a creerse que es suya y no dejará que nadie lo sustituya en la guerra o después de ella, hasta su muerte». Hablaba del dictador Francisco Franco.

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OLE y los trampantojos

Encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.”

Si Platón hubiera vivido en el s. XXI nos hubiera hablado del trampantojo de la caverna, en lugar del mito, dado que la realidad social que vivimos se nos presenta en su totalidad como un gran trampantojo por medio del cual un enorme colectivo de ciudadanos, encadenados de cuello y piernas casi desde su nacimiento por un engranaje mediático-político que sobrepasa a cualquier pretendido cambio de poder o devenir ideológico, generalmente conocido como “stablishment” pero que el filósofo griego calificó como “farsantes prestigiosos”, proyecta sobre el fondo de nuestras conciencias imágenes que son reflejo ensombrecido de lo que éstos pretenden que confundamos con una realidad que dista mucho de ser la que nos ofrecen.

La existencia de aquellos dos mundos, el sensible – de las apariencias – y el verdadero – de las ideas – es perceptible a cualquiera que se proponga cultivar un tanto de perspicacia y dar un repaso al panorama socio-político en que nos estamos desenrollando, que no desarrollando.

A poco que estemos dispuestos a pararnos a pensar sobre esta realidad, que no verdad, social en la que nos desenvolvemos, podremos comprobar que el trampantojo de la caverna de Platón está hoy más alejado que nunca de tratarse de un mito.

Si queremos seguir refrescando la continuidad del relato de “La República” veremos que alguien que proviene del mundo de las verdaderas ideas, trata de conseguir la liberación de aquellos que permanecen en el interior del de las sombras y el adoctrinamiento.

En España este intento está siendo llevado a cabo en los últimos años por un nutrido grupo de ilustrados que parece haber quedado postergado al más ruin de los ostracismos, aquellos que tras la denominación de “Campaña OLE, Otra Ley Electoral” vienen afanosa e incansablemente laborando por conseguir que esa inmensa mayoría de ciudadanos que creen vivir una realidad, dejen de ver sus sombras.

A algunos de los que permanecíamos en el interior del mundo de las sensaciones y de las sombras nos deslumbró la luz que este conjunto de personas, de ciudadanos, nos mostró en sus innumerables intentos de hacernos llegar al mundo de las ideas. Platón no se equivocó cuando afirmó que esta labor, esa escapada al exterior de la caverna que simboliza la transición hacia el mundo real, el acceso a un nivel superior de conocimiento era labor de los sabios, de los ilustrados, de los “aristos”. En esta realidad nuestra hemos podido disponer de la iluminación y magisterio de Lorenzo Abadía.

Pero este intento, se nos advierte por el griego, viene acompañado por un camino complicado. Conseguir llegar a este mundo real (verdad) es difícil ya que representa el paso de lo sensible a lo inteligible. Lo sucedido en los últimos tiempos en España no hace más que adverar lo atinado del análisis de Platón. Pero ¿qué tiene de malo saber la verdad que a tan pocos interesa conocer? Nada en absoluto, salvo que le puede llevar a uno a darse cuenta de que vive engañado y ponerle en la tesitura de decidir si quiere seguir estándolo o no. Es triste, pero es así.

Es cierto. Está siendo un verdadero intento platónico en el más puro sentido alegórico del término, está siendo el viaje a Ítaca de Kavafis, o el de Fernán-Gómez, aninguna parte.

Platón ya advirtió que el regreso al mundo de las sombras de los que habían sido deslumbrados por la luz, con la ayuda de los hombres sabios, el retorno a la caverna de los que han visto el sol y alcanzado la verdad, no echarán de menos su vida anterior ni los honores disfrutados, pero si pasan de la luz a la oscuridad tardarán en acostumbrarse a la penumbra y los que todavía permanecen en las sombras creerán que salir a la luz conlleva que se estropeen los ojos por cuanto no merece la pena la ascensión.

El alumbrado que ha salido de las tinieblas debe ayudar a sus compatriotas. Las tinieblas representan una existencia en la que sólo se concede valor a lo sensible. En el ámbito social y político las tinieblas representan la manipulación de la opinión pública, que se basa en la persuasión mediante lo aparente y no mediante lo real, que es más difícil de comprender.

Pues bien, ¿Hasta qué punto toda esta metáfora ha cobrado carta de naturaleza en la campaña OLE? Pues hasta el punto de que en un desmesurado afán de ayudar a los menguados a ver la luz e intentar hacerlos salir de su trampantojo, se inicia el cervantino mito de la lucha contra los “molinos de viento” y, a sabiendas de que en realidad se trata de molinos, no se duda en arremeter, lanza en ristre, a todo el galope de Rocinante contra el primer molino que estaba delante, y después a otro, y luego a más sin considerar tan siquiera el riesgo de que de repente “dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.”

Y es que en esta ocasión son en realidad gigantes y no molinos de viento.

Justo Coll Villanueva.

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DEMOCRACIA DE CRISTAL

DEMOCRACIA DE CRISTAL

Desde que en 1978 estrenamos Constitución, aprobada por una abrumadora mayoría en el referéndum del 6 de diciembre, todos creímos que a partir de ese momento viviríamos en una democracia. Nuestro deseo de salir de un Gobierno autoritario, en el que carecíamos de la más absoluta libertad política, nos abocó a asumir el nuevo sistema nacido de aquella Constitución.

Por razones de calendario, todos los españoles que estén por debajo de los cincuenta años carecen de una imagen que les recuerde la sociedad española de entonces, pero no importa, en tiempos de manipulación de memorias históricas la mía, al menos, la conservo intacta.

Cuando escribo estas líneas – abril de 2020 – casi cuarenta y dos años después no tengo ninguna duda de que aquel sistema instauró una democracia de cristal y voy a explicar por qué.

Desde la promulgación de la Ley Constitutiva de Cortes, de 17 de Julio de 1942, un tercio de la Cámara (Procuradores en Cortes) se elegía de entre la autoridad municipal (Alcaldes por designación del Jefe del Estado) y la Organización sindical (sindicatos verticales adeptos al régimen) otro tercio, llamado el tercio de familia(1) se proveía mediante un mal llamado voto popular, mientras Franco designaba al resto, cuarenta Procuradores conocidos como los cuarenta de Ayete.

El régimen se autodefinía como una “Democracia Orgánica”. Evidentemente, por mucho que pretendamos edulcorar la descripción, aquello era una dictadura, (2) y tales antecedentes nos hacían pensar a la población española que salíamos de ella para entrar en una democracia, pero el tiempo ha demostrado que se trataba de un espejismo, de una ilusión óptica como la que voy a describir a continuación. No importa qué edad tenga el lector de estos párrafos, solo la suficiente para analizar y evaluar las afirmaciones que voy a verter a continuación diseccionando la realidad de nuestro sistema político.
Intentaré, en lo posible, huir de tecnicismos y de conceptos jurídicos para llegar al lector con el lenguaje más llano que me sea posible, aunque a veces me resultará inevitable no hacerlo.

diputado

LISTAS CERRADAS:
No creo que sea necesario explicarlas, son las papeletas que cada partido político o coalición electoral pone a nuestra disposición en los comicios conteniendo una relación de personas, candidatos, cuya identidad y orden decide el propio partido o coalición de acuerdo con sus estatutos internos. A tenor del número de votos que vaya recibiendo esa lista, (número de papeletas introducidas en la urna computadas mediante la llamada Ley D’Hondt que no voy a explicar aquí porque no altera mis conclusiones) irá adquiriendo la condición de electo cada uno de los incluidos en ella por riguroso orden correlativo.

Desde el momento que es la jerarquía del partido la que decide quién va en la lista y qué lugar ocupará en la misma, yo – votante – no puedo decidir si a un determinado candidato deseo elegirlo o no, o si deseo darle preferencia en el orden.

Ésta es la primer traba que el actual sistema electoral nos presenta y que, indubitadamente, limita nuestra capacidad de elegir a nuestros representantes en la institución que corresponda. Un profesional de carrera sale de la Facultad con un título acreditativo de su “supuesta” capacitación y al menos jurídicamente está legitimado para ejercerla. Un político sale de las urnas, y sólo si lo podemos elegir, (diputar3) directa y personalmente tendremos la capacidad de discernir y por tanto de poner en valor su talento. La inclusión de su nombre en una lista definida por el jefe de filas del partido no nos garantiza la ideoneidad, capacidad y seriedad de ese candidato.

VOTO SINDICADO:
La Constitución Española de 1978 establece en el artículo 67. 2 que los miembros de las Cortes generales no estarán ligados por mandato imperativo. Esto significa que el diputado tiene plena libertad para votar cada propuesta legislativa de la forma que estime pertinente, siempre acorde con el interés general y con su proyecto político.

La prohibición del mandato imperativo presupone que los votantes son el cuerpo electoral cuya tarea es elegir a la Cámara, pero debe ser el libre debate en el Parlamento la condición necesaria para la adopción de una decisión coherente con el interés nacional que exige la más absoluta libertad del diputado, que no puede verse coartada por el perturbador mandato de sus superiores orgánicos en el partido de turno, dejando así a salvo el cumplimiento del programa electoral con que se haya presentado a sus electores. Si algún mandato debe ser cumplido inexorablemente es el recibido de éstos a tenor de los compromisos adquiridos.

Sin embargo, desde la primera legislatura que comenzó el 23 de marzo de 1979 bajo la presidencia de Adolfo Suárez, ya se instauró la sistemática de los propios partidos políticos de lo que se dio en llamar la “disciplina de voto” – voto sindicado – por la cual todos los Diputados que habían formado parte de la candidatura de un partido votaban en las sesiones del Congreso de acuerdo con las instrucciones que daba el portavoz de ese grupo, ¡mandato imperativo prohibido constitucionalmente!
Son por tanto los partidos políticos los primeros infractores de una Constitución que habían jurado (o prometido) cumplir y hacer cumplir.

AUSENCIA DE SEPARACIÓN DE PODERES: (4)
– El Poder Legislativo, en España el Congreso de los Diputados con revisión en segunda Cámara por el Senado.
Es el único de los tres poderes básicos del Estado en el que podemos influir los votantes solo de forma muy relativa, como hemos visto antes a través de las listas cerradas, pero ahí termina nuestra débil participación. Hasta dentro de cuatro años o hasta la convocatoria de nuevas elecciones.

– El Poder Ejecutivo, en España el Presidente del Gobierno y sus ministros.
Como todos sabemos por experiencia “nuestro Presidente» es elegido por los diputados, por el poder legislativo en suma, al contrario de otros países en los que es elegido por los ciudadanos en un proceso electoral diferenciado: otra limitación a la auténtica y única democracia real posible que requiere una total separación entre el legislativo y el ejecutivo.
¿A mi Presidente no lo puedo votar yo si luego le tengo que llamar «mi Presidente»?

– El Poder Judicial, en España el Consejo General del Poder Judicial, (CGPJ), y dos subramificaciones: el Tribunal Supremo, (TS) y el Tribunal Constitucional, (TC).
El CGPJ tiene entre sus amplias funciones las de gobierno y administración interna del tercer poder del Estado: el nombramiento y ascenso de Jueces y Magistrados, prohibiciones e incompatibilidades; la inspección de Juzgados y Tribunales, y el régimen disciplinario judicial.
Al TS le compete, entre otras funciones, la de juzgar a los diputados y políticos “aforados”, (persona que goza del derecho, en caso de ser imputado por un delito, de ser juzgado por un tribunal distinto al que correspondería a un ciudadano no aforado. Hay cerca de 250.000 aforados en España.)
El TC es competente esencialmente, entre otras funciones, para determinar si una Ley o un artículo de la misma infringe alguna norma constitucional.

Todos los miembros de estas tres altas instituciones judiciales son designados mediante pactos entre los grupos parlamentarios con presencia en el Congreso. Ninguna capacidad de elección para los ciudadanos.
Se le llama poder judicial no porque juzga, según la ley, en un Tribunal o en un Juzgado (eso no sería poder sino facultad) sino porque se supone que la alta jerarquía judicial debe poder impedir que se produzcan injerencias de los otros dos poderes ejecutivo o legislativo en la propia función, por lo que necesita ser una corporación independiente.

– ¿Con qué independencia el CGPJ va a proceder al nombramiento y ascenso de Jueces y Magistrados y ejercer disciplina judicial, si la designación de sus propios componentes dependen a su vez del Parlamento?
– ¿Con qué independencia el TS va a juzgar criminalmente a los aforados, si su propia composición está en manos de los partidos políticos?
– ¿Con qué independencia el TC analizará la constitucionalidad de las Leyes que emanan del mismo Poder Legislativo que ha decidido quiénes lo componen?

¿Es, o no, una democracia de cristal la que tenemos en España? Y de cristal en su doble acepción metafórica, porque se nos presentó en su día como un cristal de color verde esperanza, haciéndonos creer en un sistema democrático y porque está confeccionada con unos elementos tan frágiles que la acaban convirtiendo en una verdadera partidocracia: gobierno de los partidos y sus estructuras. Una oligarquía de partidos en suma.
La necesidad de modificar en profundidad este sistema, por evidente, se torna imperiosa.
Veánlo, entenderán por qué pinchando aquí. OLE

Richard Vaughan nos cuenta qué es la REPRESENTACIÓN POLÍTICA y cuáles son sus EFECTOS REALES

Y si no, juzgue el lector si he hecho alguna afirmación que no se corresponda con la realidad política que vivimos.

Joël Heraklión Silesio.

1.- «tercio» era la forma convencional de referirse a la representación orgánica de las «entidades naturales» consideradas los únicos cauces posibles para la expresión de la voluntad popular (familia, municipio y sindicato)

2.- Desde la década de los 60, se le comenzó a llamar vulgarmente una “Dictablanda”

3.- Destinar, señalar o elegir a alguien o algo para algún uso o ministerio.

4 .- Principio político según el cual las funciones legislativa, judicial y ejecutiva del Estado deben estar separadas, como poderes independientes, para limitar así las facultades del gobierno y proteger los derechos individuales. El poder legislativo decide el contenido de las leyes generales. El poder judicial aplica las leyes generales a los casos particulares. El poder ejecutivo, aparte de hacer efectivas las decisiones de los otros dos poderes, maneja la administración de recursos del país y atiende al bienestar de sus ciudadanos.

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LA OPACIDAD DE LA PARTIDOCRACIA

La supervivencia de una moneda común de la que hoy dependen los endeudados países del sur, la pretensión socialdemócrata de elevar la utopía de la igualdad -que Hannah Arendt llamó la cuestión social- a materia constituyente en lugar de garantizar la libertad en procura de la prosperidad, la seguridad común o la integración de la inmigración en el acervo de valores y derechos fundamentales que caracteriza la cultura occidental son algunas cuestiones perentorias cuya resolución marcará definitivamente el rumbo secular del continente. Debido a su trascendencia, es preciso que las decisiones se produzcan habiendo intelectualizado el contexto de transformación que ha generado la globalización y definido qué tipo de Unión se persigue; si ha de primar la ciudadanía europea, la libertad de los mercados o la soberanía de los Estados.

Seguir leyendo: http://javaloys.blogspot.com.es/2017/05/la-opacidad-de-la-partidocracia.html?spref=tw

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ALGUNAS DISTOPÍAS DE LA DEMOCRACIA EN ESPAÑA

Vaya por delante que he creído oportuno rectificar a tiempo el título de este artículo, preponiendo el adjetivo indefinido “algunas” ya que me he percatado de que seguramente no seré capaz de identificarlas todas. Al margen de la definición que nos ofrece la Real Academia, el concepto de distopía([1]) se ha usado en distintas áreas o escenarios conceptuales, como puede ser el arte, la medicina, o la política, campo este último al que me voy a ceñir y en el que quiero puntualizar que manejo la distopía como el riesgo de soportar los peligros potenciales de las ideologías, prácticas y conductas ominosas sobre las cuales se erigen algunos comportamientos de nuestras sociedades actuales.

No voy a entrar en el funcionamiento interno de los partidos políticos, donde podríamos encontrar no pocas de ellas, y no voy a entrar por tratarse de entidades privadas parcialmente reguladas por el derecho público pero cuyo funcionamiento interno es prerrogativa de sus propios órganos de gobierno, por cuanto su actividad queda fuera de la consideración de este artículo.

Sin embargo, en el sistema democrático español, abiertamente oligárquico, se evidencian ya varias de las distopías anunciadas.

Acudamos a la Constitución española vigente en cuyo artículo 67 se ordena que: «Los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo», de donde se deduce que cada diputado electo es libre de decidir su voto en conciencia al emitirlo, ya sea de forma afirmativa, negativa o absteniéndose.

No obstante, la Ley de Partidos de 27 de junio de 2002([2]) habla en su artículo 8º, 5, c) de la obligación de los afiliados de “Acatar y cumplir los acuerdos válidamente adoptados por los órganos directivos del partido» lo que implica consecuentemente que deberán votar en el sentido que la dirección decida.

Primera distopía a destacar: que una Ley postconstitucional conserve una norma emanada de sus dos precedentes preconstitucionales, y que eventualmente pueda entrar en conflicto con un mandato constitucional al no respetar la libertad de voto (o de conciencia) de sus afiliados. Resulta innecesario, por evidente, enfatizar el hecho de que ningún partido haya mostrado la más mínima inquietud por ajustar esta normativa a la Constitución, esperando casi veinticuatro años para publicar una Ley en la que pase desapercibida su probable inconstitucionalidad.

Siguiendo en esta línea, es reiterada la jurisprudencia del Tribunal Constitucional que impide al partido revocar a un parlamentario en el supuesto de incumplimiento del mandato imperativo, pero sí admite la posibilidad de que se le aplique una sanción interna a tenor de los propios estatutos del partido. De alguna manera el alto tribunal considera que el mandato constitucional de voto de conciencia, como no podía ser de otra manera, está por encima de la disciplina de partido.

Sin embargo, esta reiterada línea jurisprudencial no deja de resultar un tanto desconcertante si nos atenemos a algunos de los fundamentos en los que basa su criterio. Desde 1983, el Constitucional protegió a los diputados al señalar que «el cese en el cargo público representativo al que se accede en virtud de sufragio no puede depender de una voluntad ajena a la de los electores, y eventualmente a la del elegido». Insiste en distintas sentencias que el Acta de Diputado es propiedad del electo y no del partido, y su cese solo puede depender de “los electores” o de su propia decisión. Analizando con calma estos pronunciamientos, resulta distópico que se atribuyan facultades de decisión a los electores, que tan solo pudieron insertar en la urna una papeleta con lista cerrada, elaborada por el propio partido, y a la par asignarles una facultad de revocación de la que legalmente carecen. Como diría Pasternak, ¿alguien puede atarme esa mosca por el rabo?

Diga lo que diga el Constitucional, la realidad del sistema oligárquico que impera en España evidencia que el único y verdadero propietario del acta es el partido político que confeccionó la lista y no el votante que carece de capacidad para seleccionar o discriminar dentro de esa lista a quién quiere elegir (diputar) y a quién no. Es algo así como de sentido común. Tanto más cuanto que si el electo incumple la disciplina de voto va a ser sancionado a tenor del reglamento interno ya que la jurisprudencia, absurdamente, le impide al partido rescatar el Acta.

Alguien puede pensar que yo estoy a favor del voto en conciencia y en contra del mandato imperativo, pero nada más lejos de la realidad. Mi posicionamiento a este respecto es mucho menos convencional que la doctrina imperante. Mi postura es que el votante debe adquirir esa facultad de revocar o rescatar el acta de un electo que incumple de forma grave ese mandato imperativo con que se le eligió. Cuando un ciudadano desea que alguien le represente en el poder legislativo, debe tener la capacidad real de designar de forma indubitada quién quiere que le represente, es decir, tiene que emitir el voto a favor de una persona y no de una lista, ni siquiera de una lista abierta que también va a ser elaborada por un partido, una coalición u órgano independiente. El acto de diputar implica, según el DRAE, destinar, señalar o elegir a alguien para algún uso o ministerio y ello tiene que llevar asociado el mandato imperativo si queremos en su momento ejercer el derecho de revocación. Es en este sentido que propugno una modificación de la Constitución, así como del sistema electoral vigente.

Estoy por supuesto en contra de todas esas distopías relatadas, pero para conseguir eliminarlas es necesario que la ciudadanía tome conciencia de ellas, eleve su nivel de conocimiento del sistema electoral español que debilita sensiblemente la democracia y que por último deje de pensar, en contra de las distopías, que la elección por distritos unipersonales sea una utopía. Es el que conocemos en nuestra corriente como Diputado de Distrito. CAMBIEMOS EL PARADIGMA.

Joel Heraklión Silesio

([1]) DRAE: Distopía: Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana.
([2]) Curiosamente, la vigente Ley de Partidos, publicada casi 24 años después de la Constitución, mantiene la misma frase que sus dos leyes – preconstitucionales – precedentes, la de 4 de diciembre de 1978 y la de 14 de junio de 1976: Son deberes fundamentales… …cumplir los acuerdos válidamente adoptados por sus órganos rectores.
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EL ESPAÑOL Y EL DESTELLO DE IDENTIDAD

Hoy he recibido una información que sinceramente desconocía aunque, quizá con un poco de perspicacia por mi parte, la hubiera podido intuir.

 En estos días de vacaciones en que los que todavía llevan a sus espaldas el peso de la crisis se ven forzados a distraerse visitando a la familia y recorriendo las playas de cercanías he tenido ocasión de compartir un fin de semana con mi familia maña. Dado que en Zaragoza tampoco hay playa, la costa valenciana es un buen lugar donde gozar de la familia – colchones al suelo si hace falta – y del acogedor brillo de las playas con bandera azul que aquí disfrutamos todavía.

 Durante alguna de las sobremesas que hemos compartido ha sido inevitable hablar de política, el escándalo Pujol y el fenómeno Podemos la han puesto de moda. No debería ser necesario encontrarnos en situaciones tan extremas para que hablar de política fuera algo habitual, pero si al final sirven para compartir posturas, contraponer opiniones y esclarecer las mentes, no voy a decir que bienvenidas sean pero sí bien aprovechadas.

 Entrando pues en materia, se abrió un amplio debate sobre la situación política española en toda su amplitud, abarcando áreas tan difusas y distantes como el estatuto de los funcionarios públicos, la carrera del cuerpo policial o la igualdad del valor del voto.

 La superación del bipartidismo ha sido punto de coincidencia entre los contertulios, pero las opciones nacionalistas y los extremismos, tanto de derechas como de izquierdas son también opciones no gratas (Pujol y Podemos entran evidentemente en este paquete). Llegados al punto álgido en que esta clase de debates suele derivar con frecuencia, surge la cuestión de a quién votar.

 La familia maña, que conoce perfectamente mis declinaciones políticas [i] tiene claro que tengo claro que los planteamientos upeydianos son aquellos que mejor perspectiva me ofrecen ante la compleja serie de cuestiones de fondo y aún de forma de que adolece la política española de los últimos veinticinco o treinta años.

 Em03_1382_VLC_nrdY he aquí que por uno de los contertulios venidos de la capital maña se argumenta lo siguiente: “Claro que es una alternativa que cabe considerar, pero cuando oigo decir a esta opción política que apoya que el “Corredor Mediterráneo” discurra por la costa sin considerar su paso por Zaragoza para seguir hacia Francia, pues también me planteo si ésta es mi opción de voto o no”.

 No sería acertado quedarnos en lo superficial de la cuestión sin entrar en lo profundo del problema. Me consta que este interlocutor se siente profundamente español, aunque maño, nada nacionalista y menos aún independentista, pero si el corredor mediterráneo ha de pasar por Cataluña y “me ha de hacer pagar peajes por cruzar su territorio, sería mejor para todos que su trayectoria se derivara por Aragón”.

 Claro que, cuando expongo la consideración de que este corredor constituye hoy un ambicioso proyecto de calado europeo, propiciado por el FERRMED, asociación fundada en 2004, cuyo fin es la promoción de un corredor ferroviario transeuropeo que incluye el corredor mediterráneo y que abarca desde Algeciras hasta Estocolmo (el eje Algeciras-Estocolmo alcanza los 3.500 kilómetros, conectando a 245 millones de ciudadanos, el 54% de habitantes de la Unión Europea y el 66% del producto interior bruto europeo) y que con este trazado se propiciaba que sirviera de conexión entre todos los puertos de mar de la costa mediterránea española, como puntos clave de descarga de mercancías transoceánicas o transmediterráneas, entonces la visión del fenómeno osciló.

 No nos quedemos en el detalle, en lo accidental o coyuntural.

 ¿Dónde radica para mí el meollo de la cuestión? pues en la siguiente consideración: resulta que nos encontramos con ciudadanos que se consideran indudablemente españoles, incluso europeos, pero que cuando se trata de algo que “no va a pasar” por su terreno, por su patria chica o por su territorio autonómico, llámese corredor mediterráneo o transvase fluvial, entonces aparece – cual epidemia vírica – la cuestión identitaria: eso lo quiero para mi tierra y no quiero pagar canon de transito por tierras de otros.

 En ese momento queda en entredicho lo español, lo verdaderamente importante, lo que mejor puede redundar en beneficio de todos los españoles, sean andaluces, valencianos, aragoneses o catalanes y es que, lo he dicho en otras ocasiones, los grandes conceptos de lo autonómico, el manejo de la diversidad territorial de España y de sus ciudadanos, cuando no se les sitúa en sus justos términos, deriva en actitud discriminatoria: [ii]

 Esta es sin duda una de las grandes batallas que tenemos pendientes de librar, si queremos que algún día sea posible una España en la que no exista diferencia alguna de derechos, ni en sanidad, ni en educación, ni en libertades, ni en justicia en la que aprendamos que no importa dónde se ubican los factores de producción de riqueza si ésta redunda al final en beneficio de todos los ciudadanos cualquiera que sea el territorio donde se hallen, que tengamos claro que el derecho lo es del ciudadano y no del territorio, que de lo que se trata en política es de derechos y no de sentimientos.

No debería ser tan difícil de asimilar y comprender.

 

[i] Expresado en términos de la acepción del DRAE de la palabra “declinación” como: caída, descenso o declive.

[ii] “El fenómeno identitario no es sino el germen de la actitud discriminatoria, la cual se presenta cuando ponemos límites y fronteras al grupo con el que nos hemos identificado.” https://joelheraklion.wordpress.com/2010/10/25/mistica-y-ascetica-identitaria/

 

 

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DEJEMOS DE RUMIAR

Cuentan de un sabio, que un día    

tan pobre y mísero estaba,

que sólo se sustentaba

de unas yerbas que cogía.

«¿Habrá otro», entre sí decía,

«más pobre y triste que yo?»

Y cuando el rostro volvió,

halló la respuesta, viendo

que otro sabio iba cogiendo

las yerbas que él arrojó.

Calderón de la Barca (S. XVII)

El adjetivo “sabio” tiene dos acepciones en el DRAE: Quien tiene profundos conocimientos en una materia, o quien, aún careciendo de tales conocimientos, posee la sabiduría. Mi abuelo materno, que era un sabio en esta segunda acepción, repetía a menudo: “Una medalla en el pecho… ¿qué barbaridad has hecho?” Este epigrama bien puede ser la transcripción a tiempos de la posguerra civil española, en que la usaba mi abuelo materno el sabio, de aquella otra atribuída a Ugo Fóscolo (poeta italiano de finales del XVIII, principios de XIX): En tiempos de las bárbaras naciones colgaban de la cruz a los ladrones Ahora, en el siglo de las luces, del pecho del ladrón cuelgan las cruces.

Tal parece que la primera acepción que la Real Academia le atribuye al sabio fue totalmente ignorada por nuestro ya expresidente del Gobierno. No he podido obviar el recordar estas cantatas, cuando en su día le oí decir al expresidente Rodriguez Zapatero algo así como que los técnicos tendrán su opinión, pero no se gobierna un país con la opinión de los técnicos. Sus palabras casi literales fueron: “…es lo que a veces pasa: tienes todos los técnicos… pero cuando se monta un lío, ni técnicos ni nada..”. Menudo epigrama para el que ha sido máximo responsable de la administración de un país.

Lo que pasa es que para ver bien un paisaje hay que estar fuera de él: en lo alto de una montaña o en un mirador preparado “ad hoc”. Y nosotros estamos viviendo una etapa de la historia que todavía no podemos contemplar con cierta perspectiva por el simple hecho de estar inmersos en ella. Tras aproximadamente un milenio de latencia medieval se han venido produciendo en occidente una sucesión de “revoluciones” que se iniciaron con el Renacimiento (s. XV-XVI) y a partir del cual la secuencia entre uno y otro suceso se ha ido acortando hasta llegar en algunos casos a solaparse. Siglo y medio después la revolución industrial, de origen británico, cambia los paradigmas productivos traslapándose durante los siglos XVIII y XIX con la revolución francesa que altera el modelo de la monarquía tradicional. A principios del XX se produce la revolución bolchevique, como antítesis de la hegemonía del capitalismo instaurado desde la revolución industrial. A lo largo de este reciente siglo, sigue desarrollándose una revolución tecnológica y cibernética que todavía nos alcanza y que no da señales de haber llegado a su fin.

La vertiginosidad de los cambios hace que estemos viendo el paisaje desde la ventanilla de un tren bala a su máxima velocidad, lo que reduce nuestra capacidad de análisis del entorno en que vivimos.

Hace algún tiempo, con ocasión del resultado de las últimas elecciones europeas (2009) el insigne ideólogo socialista y politólogo Ludolfo Parámio, en un articulo de opinión publicado en El País afirmaba, en referencia a la crisis de las ideas socialdemócratas, que no hay tal, ya que están siendo adoptadas por los gobiernos neoliberales de la U.E. afirmando que: “Resulta una llamativa paradoja que, en un momento en el que las ideas neoliberales se encuentran ante un fuerte descrédito, las elecciones europeas se hayan traducido para los socialdemócratas en un notable retroceso de casi seis puntos respecto a 2004…  …a juzgar por las políticas que se están aplicando, no es fácil hablar de crisis de las ideas socialdemócratas: más bien parece que la derecha se las ha apropiado”.

Por su parte el expresidente Aznar en la inauguración del “Campus FAES 2009” hizo casi por las mismas fechas un análisis totalmente opuesto, si bien estas perspectivas enfrentadas resultan coherentes con la ideología de sus ponentes.: “Lo han dicho rotundamente en toda Europa. Los ciudadanos han respaldado a los gobiernos de centro-derecha, a los gobiernos liberales y conservadores, a los gobiernos que respaldan claramente la economía de libre mercado. Los europeos han decidido confiar, por una abrumadora mayoría, en la opción política que ha demostrado que es capaz de crear prosperidad, crecimiento y empleo. Y han dado la espalda a la opción política que sólo promete subsidios y subidas de impuestos, y con ellos sólo consigue más paro y recesión.” A poco que hayamos seguido con cierto interés lo mucho que se publicó sobre los resultados de Europa-2009, veremos que los análisis y causas esgrimidas para la derrota de unos y el éxito de otros son variopintas, contradictorias, sesgadas, interesadas y en algunos casos absurdas, muy pocas veces acertadas.

Se me hace necesario ahora citar un artículo del literato y periodista peruano-sevillano Fernando Iwasaki que escribió por entonces en ”abcdesevilla.es” acerca del Babel informativo que se respira en España: “Me haría ilusión que la misma unanimidad que existe para decir que Alfonso Sastre es un etarra, se diera también para llamar ladrón al ladrón, inepto al inepto y corrupto al corrupto, pero sé que tal cosa es imposible porque ni siquiera hay consenso mediático acerca de la naturaleza del acto que acabó con la vida de Carrero Blanco. ¿Fue un atentado terrorista o una hazaña revolucionaria? Columnistas y tertulianos tampoco se ponen de acuerdo al respecto.

Por eso he llegado a la conclusión de que todo esto es “rumiar”, ya sabe el lector, pasear por los cuatro cuartos del aparato digestivo de los rumiantes algo que no se sabe bien cómo digerir: del rumen al retículo, luego al omaso y por fin al cuajar.

¡Pasen señores pasen!… pasen y vean…  y lean:

* el gobierno debe hacer todo lo que pueda para apoyar a la empresa, pero nunca creer que es un sustituto de ésta. La función esencial de los mercados debe complementarse y mejorarse mediante la acción política, y no debe ser entorpecida por ella. Apoyamos una economía de mercado y no a una sociedad de mercado

** Mantener el mismo empleo para toda la vida es algo del pasado. Se deben acomodar las crecientes demandas a la flexibilidad y, al mismo tiempo, mantener unos estándares sociales mínimos, ayudar a las familias a afrontar el cambio y abrir nuevas oportunidades.

*** el estado no debería remar, sino conducir: ¡no a un excesivo control¡. La burocracia del sector público debe reducirse a todos los niveles

**** los recortes de impuestos pueden jugar una función crítica a la hora de cumplir con sus amplios objetivos sociales.

Para muestra valen estos cuatro botones. ¿Verdad que parecen responder a una ideología liberal, de corte conservador y de derechas? Pues no. Estas frases han sido especialmente escogidas – hay muchas más – del manifiesto de dos ilustres socialdemócratas europeos pronunciadas halla por los finales del siglo XX, aunque parecen haberlo sido al pairo de la crisis internacional actual. Son nada más y nada menos que del británico Tony Blair y del germano Gerhard Schroeder.

¿Son los conservadores los que se apropian de las ideas de los socialdemócratas, como afirma Parámio, o son éstos los que se acercan al liberalismo? ¿De verdad la inmensa mayoría de los votantes tienen claro qué supone una y otra alternativa, como cree Aznar? ¿A la hora de votar distinguen entre Keynes y Adam Smith, o Friedman? Intuyo que unos y otros rumian y no alcanzan a salir de uno u otro compartimento digestivo.

La sociedad actual, globalizada e interactiva, precisa de un nuevo paradigma, de una nueva mente, de una línea de pensamiento que acabe con las viejas dicotomías. Según Blair y Schroeder: “La mayoría de las personas hace mucho tiempo que abandonaron la opinión mundial representada por los dogmas de izquierda y derecha“, Hay un refrán muy español que afirma que “en el término medio está la virtud”. Habrá pues que dejar de rumiar y tirar por el camino de en medio. ¿Será éste la ya vieja propuesta  “tercera vía” de Schroeder y Blair?