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EL ESPAÑOL Y EL DESTELLO DE IDENTIDAD

Hoy he recibido una información que sinceramente desconocía aunque, quizá con un poco de perspicacia por mi parte, la hubiera podido intuir.

 En estos días de vacaciones en que los que todavía llevan a sus espaldas el peso de la crisis se ven forzados a distraerse visitando a la familia y recorriendo las playas de cercanías he tenido ocasión de compartir un fin de semana con mi familia maña. Dado que en Zaragoza tampoco hay playa, la costa valenciana es un buen lugar donde gozar de la familia – colchones al suelo si hace falta – y del acogedor brillo de las playas con bandera azul que aquí disfrutamos todavía.

 Durante alguna de las sobremesas que hemos compartido ha sido inevitable hablar de política, el escándalo Pujol y el fenómeno Podemos la han puesto de moda. No debería ser necesario encontrarnos en situaciones tan extremas para que hablar de política fuera algo habitual, pero si al final sirven para compartir posturas, contraponer opiniones y esclarecer las mentes, no voy a decir que bienvenidas sean pero sí bien aprovechadas.

 Entrando pues en materia, se abrió un amplio debate sobre la situación política española en toda su amplitud, abarcando áreas tan difusas y distantes como el estatuto de los funcionarios públicos, la carrera del cuerpo policial o la igualdad del valor del voto.

 La superación del bipartidismo ha sido punto de coincidencia entre los contertulios, pero las opciones nacionalistas y los extremismos, tanto de derechas como de izquierdas son también opciones no gratas (Pujol y Podemos entran evidentemente en este paquete). Llegados al punto álgido en que esta clase de debates suele derivar con frecuencia, surge la cuestión de a quién votar.

 La familia maña, que conoce perfectamente mis declinaciones políticas [i] tiene claro que tengo claro que los planteamientos upeydianos son aquellos que mejor perspectiva me ofrecen ante la compleja serie de cuestiones de fondo y aún de forma de que adolece la política española de los últimos veinticinco o treinta años.

 Em03_1382_VLC_nrdY he aquí que por uno de los contertulios venidos de la capital maña se argumenta lo siguiente: “Claro que es una alternativa que cabe considerar, pero cuando oigo decir a esta opción política que apoya que el “Corredor Mediterráneo” discurra por la costa sin considerar su paso por Zaragoza para seguir hacia Francia, pues también me planteo si ésta es mi opción de voto o no”.

 No sería acertado quedarnos en lo superficial de la cuestión sin entrar en lo profundo del problema. Me consta que este interlocutor se siente profundamente español, aunque maño, nada nacionalista y menos aún independentista, pero si el corredor mediterráneo ha de pasar por Cataluña y “me ha de hacer pagar peajes por cruzar su territorio, sería mejor para todos que su trayectoria se derivara por Aragón”.

 Claro que, cuando expongo la consideración de que este corredor constituye hoy un ambicioso proyecto de calado europeo, propiciado por el FERRMED, asociación fundada en 2004, cuyo fin es la promoción de un corredor ferroviario transeuropeo que incluye el corredor mediterráneo y que abarca desde Algeciras hasta Estocolmo (el eje Algeciras-Estocolmo alcanza los 3.500 kilómetros, conectando a 245 millones de ciudadanos, el 54% de habitantes de la Unión Europea y el 66% del producto interior bruto europeo) y que con este trazado se propiciaba que sirviera de conexión entre todos los puertos de mar de la costa mediterránea española, como puntos clave de descarga de mercancías transoceánicas o transmediterráneas, entonces la visión del fenómeno osciló.

 No nos quedemos en el detalle, en lo accidental o coyuntural.

 ¿Dónde radica para mí el meollo de la cuestión? pues en la siguiente consideración: resulta que nos encontramos con ciudadanos que se consideran indudablemente españoles, incluso europeos, pero que cuando se trata de algo que “no va a pasar” por su terreno, por su patria chica o por su territorio autonómico, llámese corredor mediterráneo o transvase fluvial, entonces aparece – cual epidemia vírica – la cuestión identitaria: eso lo quiero para mi tierra y no quiero pagar canon de transito por tierras de otros.

 En ese momento queda en entredicho lo español, lo verdaderamente importante, lo que mejor puede redundar en beneficio de todos los españoles, sean andaluces, valencianos, aragoneses o catalanes y es que, lo he dicho en otras ocasiones, los grandes conceptos de lo autonómico, el manejo de la diversidad territorial de España y de sus ciudadanos, cuando no se les sitúa en sus justos términos, deriva en actitud discriminatoria: [ii]

 Esta es sin duda una de las grandes batallas que tenemos pendientes de librar, si queremos que algún día sea posible una España en la que no exista diferencia alguna de derechos, ni en sanidad, ni en educación, ni en libertades, ni en justicia en la que aprendamos que no importa dónde se ubican los factores de producción de riqueza si ésta redunda al final en beneficio de todos los ciudadanos cualquiera que sea el territorio donde se hallen, que tengamos claro que el derecho lo es del ciudadano y no del territorio, que de lo que se trata en política es de derechos y no de sentimientos.

No debería ser tan difícil de asimilar y comprender.

 

[i] Expresado en términos de la acepción del DRAE de la palabra “declinación” como: caída, descenso o declive.

[ii] “El fenómeno identitario no es sino el germen de la actitud discriminatoria, la cual se presenta cuando ponemos límites y fronteras al grupo con el que nos hemos identificado.” https://joelheraklion.wordpress.com/2010/10/25/mistica-y-ascetica-identitaria/

 

 

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FLORILEGIO de Dimes y Diretes (Recopilación 2014)

He considerado necesario abrir un nuevo «hilo» de esta especie de monólogo retrospectivo y conciliador. Retrospectivo porque me permite una nueva visión (revisión) de mis experiencias vividas y conciliador porque me ayuda a encontrar un camino por el que convalidar y asumir los errores cometidos.

disciplina

La decisión meditada nos aproxima al acierto en la misma medida que la atolondrada al error, pero ninguno de los dos está garantizado.

Las reglas de libre mercado de oferta y demanda no deberían ser útiles en política. Aquí solo debería imperar el sentido común y la lógica.

Actuar responsablemente es la mejor manera de evitar tener que hacer frente a responsabilidades. No intentes ir más allá de tus capacidades.

Al que resiste en solitario lo protegen dos baluartes: la verdad y la palabra mantenida. Se equivoca quien piense que son defensas debiles.

Primero se dice lo que se dice, luego se hace lo que se hace, pero pocas veces se hace lo que se dice. En política se entiende.

La conducta educada se observa en presencia del prójimo, el civismo se practica solo, sin necesidad de testigos.

Algunos, al toparse con su propio error, responden con el silencio en lugar de: «Tienes razón, me he equivocado». ¿Tan dificil es decirlo?

No es lo mismo ser ciudadano que súbdito, éste vive quejándose pero sometido sin hacer nada. Aquel eleva la voz y actúa en consecuencia.

En democracia el riesgo de que triunfen opciones nocivas o tóxicas radica en que obtengan el apoyo de demasiadas víctimas de la corrupción.

Es imprescindible una reforma seria de la tipificación del delito fiscal.

El precio de la cobardía es demasiado alto.

La única posibilidad que es patrimonio exclusivo de la mente humana es la búsqueda de la aproximación a la realidad.

España se ha convertido en un país de estrambote y astracán.

Entre dirigir y mandar hay la misma distancia que entre lo racional y lo arbitrario.

Oidas las noticias acabo hasta las barbas de Atila de las mentiras de los «unos» y hasta el gorro de Gengis Kan de las de los otros mongoles. (17/o9/14)

Es hora de que nos saltemos la ilegalidad del independentismo catalán.

Lee mucho, quédate con poco y piensa más

Por humildad siempre me sitúo un peldaño por debajo de mis interlocutores pero la soberbia de muchos de ellos evidencia mi lamentable error.

Los iluminismos que triunfan acaban por llamarse Revolución. Por aquello de que quien no es libre idealiza siempre su propia esclavitud.

Los ignorantes son los muchos, los necios son los infinitos y el que los tuviere a ellos de su parte será señor de un mundo entero: Baltasar Gracián.

El ingenio hay que dosificarlo. Si se abusa de él se descafeína.

Es hora de que dejemos de ver como natural lo que es corrupto y éticamente rechazable. NoACERCA DE LA ESENCIA VITAL nos inmunicemos.

El conflicto social del aborto requiere encontrar el punto de equilibrio entre el fundamentalismo democrático y el fundamentalismo religioso.

Para alcanzar el equilibrio sosegado de la vejez, tras el remanso de la madurez, hay que comenzar con el atolondrado impulso de la juventud.

No niego que me guste mandar si alguien me otorga el mando, es la raíz del término mandato. Si lo tomo directamente entonces es usurpación.

El tiempo es una cultura cuya historia sigue abierta a interpretaciones y a la que construimos con nuestras investigaciones.

Los diputados en los Parlamentos no son «sector público» son la representación de la voluntad política de los ciudadanos.

El lenguaje altera las circunstancias de la percepción, ordena los datos de la experiencia, los codifica y cimenta una concepción del mundo.

La carencia de una perspectiva clara de mejorar la realidad presente, es la causa principal de la desmotivación y desaliento del ser humano.

Cualquier gregarismo es el refugio de la mediocridad, aunque se trate de justificar por la fidelidad debida a alguien.

Cuando se habla de los «derechos y deberes» de los animales domésticos, me pregunto: ¿podrán exigirlos ante los tribunales? ¿podremos exigirles sus deberes?

Y en cuanto a Igualdad Animal, su mensaje: ¡queremos animales vivos! ¿los peces y crustáceos marinos, también? ¿Debemos convertirnos en vegetarianos o veganos? Y yo me pregunto, los vegetales y las plantas, ¿no son seres vivos?

Solamente los solitarios buscan la verdad y rompen con quién no la ame lo bastante. Boris Pasternak (Dr. Zhivago).

Algún día el pueblo dejará de ser «el pueblo» para convertirse en la ciudadanía. Mientras no lo consiga no saldrá de su proscripción.

Nos hallamos en una encrucijada entre la oligarquía y el populismo. Nunca el oligarca o el populista defenderán el derecho a la libre determinación del individuo.

Los intelectuales siempre han tentado meterse en política, consiguiendo que la política acabara metiedose con ellos.

El wikipedismo se ha instalado. Cualquier afirmación publicada en twiter, facebook, google+ o wikipedia es asimilada como publicación veraz.

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MOMENTOS DE LA DEMOCRACIA

Todos los que ya llevamos algún tiempo impulsados como cantos rodados por esta torrentera que es la vida, portamos grabado a fuego en nuestras entendederas aquello de que todo es según del color del cristal con que se mira. Esto es cierto, pero nada nos costaría hacer un pequeño esfuerzo para mirar a través de un cristal incoloro y sin graduación – quizá con la graduación adecuada – que no deforme la realidad objetiva.

Me ha sugerido esta elucubración un artículo de opinión de una compañera en el digital “Información” del pasado 2 de marzo de 2014, titulado “El efecto Axe” y concretamente su siguiente frase literal: “El control de la comunicación comercial a este respecto es ejemplar si lo comparamos con otros tipos de comunicaciones como, por ejemplo, la política donde, hoy por hoy, no se puede penar más que con el voto que líderes (o partidos) nos seduzcan utilizando datos falsos.”

Por asociación de ideas he llegado involuntariamente a los ya muy trabajados conceptos de democracia, disciplina de partido y libertad de conciencia: difíciles hilos para trenzarlos mediante sendos bolillos y tejer con ellos un buen entramado político.

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En este mismo blog y en otra entrada denominada “DISCIPLINA O DEMOCRACIA”, ya lo afirmé y hoy lo reitero, sin disciplina no puede haber democracia y sin democracia no hay libertad. En franca consecuencia con esta idea, esbocé otra que hoy pretendo desgranar profundizando en ella: el respeto a la propia integridad ideológica del partido no debe depender de su democracia interna, sino tan solo de la disciplina de sus militantes.

Qué duda cabe, como afirma mi compañera en el artículo aludido, que el votante para defenderse de la “publicidad engañosa” que algunos partidos o líderes políticos nos lanzan, tan solo tiene en su mano, como única herramienta, el arma del voto cuatrienal, pero no es menos cierto que desde un tiempo atrás se viene reivindicando la “democracia interna” como un valor añadido en la organización de los partidos políticos que cada cual lo aplica con distintos grados de pureza.

¿Es necesaria – imprescindible – la democracia interna en los partidos? Bueno, en mi opinión, según del color del cristal… la respuesta a esta pregunta puede ser controvertida, aunque a mí me resulta axiomático pensar que se mueve en terrenos poco firmes, poco estables, en arenas movedizas quizá. La democracia – es innegable – es una norma de convivencia fundamental para que el individuo se desarrolle en libertad. La democracia nos permite, mediante caminos más o menos tortuosos, consensuar primero y promulgar después el conjunto de normas que han de regir nuestra vida diaria pero si, a continuación, no rige la disciplina necesaria para respetar dichas normas, todo el entramado decae. Es ahí donde los partidos políticos deben garantizar esa democracia, en las instituciones, en los órganos de poder, en la convivencia diaria de y con los ciudadanos. Pero internamente, en su organización interna ¿es deseable un autogobierno en total democracia?

El profesor Gustavo Bueno nos habla a menudo del concepto de “fundamentalismo democrático” y algunas de sus definiciones podrían ser aplicables a este terreno de juego cuando nos habla de los dos momentos de las sociedades políticas democráticas: el momento ideológico y el momento tecnológico. Entrar en su análisis requiere más tiempo y espacio que el que consiente este post, por cuanto trataré de, a costa de amputarlos parcialmente, traerlos al anaquel más asequible a la comprensión media.

El término “momento” debemos situarlo no ya en el sentido ordinario de unidad de tiempo, sino en el de la importancia de su contenido, más genérico.

Desde aquí debemos concebir el momento ideológico (nematológico, para el profesor Bueno) como el sustrato filosófico que recoge desde el concepto mismo del propio sistema democrático, hasta el ideario programático con que un partido político se ofrece a entrar en lid con sus oponentes en busca de sus objetivos socio-económicos para con los ciudadanos de un determinado Estado. El momento tecnológico, por el contrario, comprende todos aquellos caminos, métodos o sistemas organizados – sistema electoral, organización política del Estado, división de poderes, organización del propio partido, jerarquización de sus militantes, etc. – que permiten aplicar, implementar o simplemente transformar en eficaces los contenidos “nematológicos”.

Desde esta óptica, desde esta perspectiva cabe pensar que la organización interna de un partido se halla más próxima a su momento tecnológico que al nematológico y que, en definitiva, la democracia parlamentaria como sistema – en contra del fundamentalismo democrático que la presenta como “la forma más depurada de la convivencia política y social mediante la cual el género humano ha alcanzado por fin los valores supremos de la Libertad, la Igualdad y la Solidaridad” – no es sino el menos deficiente de los sistemas de gobierno hasta hoy concebidos por nuestra mente.

Pues bien, restauro mi propuesta inicial: ¿es necesario llevar el momento ideológico y sus fundamentos filosóficos hasta el espacio ocupado por el tecnológico en el interior de un partido político? No estoy seguro de tener la respuesta, depende del color del cristal como ya he afirmado, pero de lo que sí estoy seguro es de que cuando un determinado partido político ha apostado por llevar el supremo valor de la “nematología” ideológica que sirve de fundamento a la democracia parlamentaria a su propia área de organización interna – lo que en términos de uso divulgativo se conoce como democracia interna – debe cuanto menos ser consecuente con ese mismo enunciado programático y dejar funcionar el ámbito de la disciplina dentro de su justos límites, como respeto a la norma dada o auto otorgada de tal suerte que la indisciplina solo – tan solo, insisto – consista en la infracción de la norma misma y en modo alguno en la indocilidad deliberada de una pretendida autoridad que desoye la norma misma.

Joel Heraklión Silesio.

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FLORILEGIO de Dimes y Diretes (Recopilación 2013)

He hecho una recopilación de la mayoría de mis afirmaciones en diversas redes sociales que, como advierte mi slogan de este blog, todas constituyen «mis convicciones desde la duda».
La mayor parte de ellas son exclusivamente de cosecha propia y solo algunas provienen del reciclaje de otros pensamientos que me las han provocado…  pero es que nadie nació sabiéndolo todo. Son de libre disposición de quién las quiera compartir, sin derechos de autor, porque en otro caso carecería de sentido aquella en que afirmo:
«Si la información que posees te la reservas, acabará desapareciendo contigo, si la compartes con tus semejantes servirá a toda la humanidad.»

ENTRE DIMES Y DIRETES

¿Será porque no me paro a pensar lo que tengo que decir, que siempre acabo diciendo lo que pienso?

El crecimiento demográficco y la limitación del acceso a las humanidades hace decaer peligrosamente el porcentaje de los socialmente cultos

Una gran mayoría coincide en los cambios políticos que necesita España, pero se resisten a que los realice un partido serio y transparente.

Para alcanzar tu meta fija tu mirada en el horizonte pero, de vez en cuando, vigila tus pasos para no salirte del camino. Seguro que llegas.

La reducción de las estructuras administrativas del Estado se justifica por su eficacia, eficiencia y economía. No hay otra razón

Nadie debe despreciarse a sí mismo, pero tampoco apreciarse tanto que acabe siendo despreciable.

La democracia es el sistema de gobierno que permite que puedan llegar a alcanzarlo políticos desaprensivos gracias al voto de desinformados.

Quien quiere brillar más que el sol se equivoca camuflándolo tras una sombrilla. Hay quien evita apoyarse en el mejor para no verse superado.

Mi acierto es saberme rodear de los mejores, ellos son los que hacen posible mi éxito que no es más que el reflejo de la luz que desprenden.

Las grandes reformas de las estructuras del poder hay que hacerlas desde dentro lideradas por hombres de Estado que queden para la historia.

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Jean-Francois Revel

Jean-François Revel (1924-2006) sostuvo buena parte de su vida que el verdadero socialismo era inseparable del liberalismo.

Aunque hayan pasado los días de fiesta siempre hay un motivo para sonreír. Hay que contar un día más vivido, no uno menos por vivir.

Tan solo el que estudia es capaz de descubrir su propia ignorancia.

No quisiera parecer «exquisito». Prefiero la sencillez sin caer en la vulgaridad.

Cuál es una palabra de 4 letras que tiene 3 aunque se escribe con 6 mientras tiene 8 raramente consta de 9 y nunca se escribe con 5.

Me gustan las personas que tardan en hablar, pero que lo hacen con consistencia y veracidad cuando se deciden a hacerlo.

Una vanagloria es una gloria vana, a la viceversa.

Si después de una decisión complicada conservas el ánimo sereno, es que has elegido la opción adecuada.

La «confidencia» viene de la mano de la confianza. El «rumor» ataca por la espalda: ponlo en cuarentena hasta que se torne en confidencia.

El tiempo feliz es tan efímero como el de la miseria. La búsqueda del equilibrio debe ser quien marque el camino.

Para llegar a buen puerto es mejor una pequeña lancha segura que un gran barco a la deriva.

Un gramo de certeza presupone, al menos, cien gramos de dudas.

La diferencia entre lo que dices y lo que haces, es tu nivel de coherencia. Entre lo que piensas y lo que dices es el de tu honorabilidad.

La verdad es transparente y permite ver la luminosa faz de su adalid. La opaca mentira la obstruye y camufla su espíritu maligno.

La vida es una elección. Es tu vida. Elige conscientemente, elige sabiamente, elige honestamente. Elige felicidad.

La salud conlleva una libertad de la que muy pocos se dan cuenta, hasta que ya no la tienen

La ciudadanía sigue adormilada y sigue sin querer enterarse de lo que está pasando.

De vez en cuando es necesario quitar el polvo a las sinapsis cerebrales y restaurar las neuronas. El choque con la realidad del día a día puede conducir a estados «alterados de la inconsciencia».

No gestionar adecuadamente las emociones durante la infancia prepara el caldo de cultivo para un comportamiento desviado y/o antisocial durante la juventud.

Cuando se evidencia la necesidad de alcanzar mayores cotas de felicidad y/o de bienestar, no hay mejor manera de acabar en la infelicidad que no cambiar de forma de ser o de pensar.

Un niño – antes que cruel es inocente – inconsciente de que le cause daño a otro, es un ser humano en trance de ser educado, de ser absorbido por la sociedad en la que ha tenido la suerte o la desdicha de aflorar a este paquete de quarks, física cuántica y ondas entrelazadas en cuerdas de que está constituido casi todo lo que conocemos.

Cruel es el que tiene la crueldad de tildar de crueles a los niños.

Mientras los mayores hablan los niños se callan. Cuando fui mayor tuve que aprender simplemente que debo respetar las conversaciones ajenas y esperar mi turno de palabra.

La vida es la diaria pérdida de la virginidad ante las nuevas experiencias que ella misma nos depara en cada instante vivido.

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No tengo nada que perder
Porque lo he perdido todo
No tengo nada que ganar
Porque a ganar nada aspiro.
A los demás sólo pido:
Dejadme andar mi camino.

El secreto está en amar, sin preocuparte por cuanto te amen.

A pesar de mi edad, todavía me quedan ramalazos de idealismo inocente.

Cuando algún pensamiento, que está más allá de mi opinión, me parece de sentido común – me resulta evidente – no veo la necesidad de propagarlo ya que estimo (de ahí lo de idealismo inocente) que todos los demás lo consideran igual de evidente que yo.

Estoy convencido de que los hombres sobresalientes – incluso aquellos que permanecen en círculos pequeños – y que fueron considerados líderes gracias a sus obras, comparten todos el mismo ideal de paz mundial y justicia social. Sin embargo tienen poca influencia. Tal parece que el destino de los estados permanece inevitablemente en manos de los dueños del poder político más irresponsables.

Einstein advertía que las sociedades y los colectivos tienen menos sentido de la responsabilidad y menos conciencia que el individuo, sin embargo los resultados más valiosos solo se logran por medio del trabajo conjunto e impersonal de todos. Ambas cosas muy cerca de la verdad, pero ciertamente paradójicas.

Las personas cambian con el tiempo ¿O es el tiempo quien las muestra tal cual son?

Fernando Savater si dejas de escribir sobre filosofía apagarás uno de los pocos Faros que permanecen encendidos en los apéndices de la ciencia, destinados a iluminar la nocturna oscuridad de muchas mentes desorientadas, a las que ni siquiera los modernos GPS les pueden ser útiles para esquivar los accidentes del camino.

Nunca fracasará el hombre que tenga buenos amigos.

Que nada, ni nadie, nos quite nuestra manera de disfrutar de la vida.

Quien se afilia a una organización política asume su ideario nunca a la inversa. Hay quien cree que aquélla debe asumir las del afiliado.

La risa es algo demasiado serio como para tomársela a broma.

Personalidad es no hacer lo que hacen los demás por el simple hecho de que lo hacen, consiste en saber porqué lo hacemos.

Cuando el amor es firme y verdadero todo es posible, incluso un milagro.

Solo le digo a mi esposa que la quiero dos o tres veces al día. El resto me dedico a demostrárselo. Pero no sé si lo consigo.

La bondad de los justos no cambia el mundo, pero salva el espíritu de la humanidad al interrumpir la cadena del mal.

La muerte es un instante en la existencia en el que salimos de esa concepción del tiempo cuya real inexistencia no alcanzábamos a comprender.

Si la información que posees te la reservas, acabará desapareciendo contigo, si la compartes con tus semejantes servirá a toda la humanidad.

Franco no necesitó la cadena perpetua ni la doctrina Parot porque utilizaba la pena de muerte. Una vez derogada ésta, debió regularse aquella.

Paradigma del egoísmo: «Tu dolor es mi recompensa y tu ganancia es mi pérdida.»

Navidad y Carnaval ritos cristiano y pagano. Ambos pretenden ocultar la realidad subterránea bajo una festiva capa de hipocresía y mentira.

¿Qué nos lleva a pensar que sólo nosotros tenemos razón y quien discrepa es el equivocado, a veces de forma imperdonable?

La disciplina debe estar siempre basada en la convicción y la responsabilidad y hay que saberla distinguir de la obediencia bajo el temor.

Comprender no implica compartir pero sería el primer paso para el acercamiento. Si por no compartir no intentas comprender el diálogo fracasa.

Si yo me rodeo de los mejores, estaré entre los mejores, aunque no sea el mejor. Si lo hago de los peores, quizá sea el mejor: de los peores.

Por definición, un solo pitido es infinitamente más ruidoso que el silencio de muchos.

Sólo fracasan los que lo intentan, pero sólo lo consiguen quienes perseveran por encima del fracaso.

Las gentes de izquierdas y de derechas parten de unos prejuicios con los que toman postura ante temas complejos de los que saben muy poco.

El Estado es para los hombres y no los hombres para el Estado. De la Ciencia puede decirse lo mismo.

NO PRETENDO que pienses como yo, solo que PIENSES, si además coincidimos… saludos.

Tan importante es evitar a las personas tóxicas cómo comportarnos nosotros mismos como individuos tóxicos.

¡Cuántos me recuerdan a Charlie Brown tomando 100 decisiones todos los días y la mayoría equivocadas!

Todos los insultos zoológicos son inadecuados no hay ningún animal que pueda reproducir en su bajeza comportamientos similares a los humanos.

La autoridad bien ejercida siempre ha de ser positiva, nunca dañina.

Una pequeña dosis de autoridad en el cuerpo puede obnubilar toda razón en el cerebro.

La palabra es el ámbito de la política, el silencio lleva a la sospecha y termina siendo complicidad.

No estamos obligados a castigar a los que nos ofenden, sino a aconsejarles la enmienda de sus ofensas. El alto espíritu aspira a cosas altas.

Quién hace frente a su infelicidad sin refugiarse en artificios es quien domina su vida y su libertad sin permitir que nadie se la usurpe.

La virtud de recibir la información adecuada para la toma de decisiones la deberían ejercitar los que tienen la responsabilidad de tomarlas.

Tanto me enriquece cultivar el valenciano cuanto me empobrece soterrar el castellano. Un valenciano bilingüe.

El que sabe como andar es difícil de atropellar.

Cuando dimitir supone salir del «fango» se convierte en un honor en lugar de la constatación del fracaso.

Obremos en conciencia y no fallaremos. Contra el “piensa mal y acertarás” está el “piensa bien aunque te equivoques”.

ASONADA (escrache) Reunión tumultuaria y violenta para conseguir algún fin, por lo común político DRAE ¡¡Haced algo por respetar la lengua!!

Valora a quien te dedica su tiempo, te está dando algo que nunca recuperara.

Los que desobedecen a las autoridades actuales, en su imaginación se están enfrentando retrospectivamente a Franco.

Es más fácil atacar las opiniones ajenas que sustentar las propias: la razón humana es tan débil para edificar como formidable para destruir.

Nunca nos aprecian tanto los demás como cuando nos apreciamos nosotros mismos.

Es tal el respeto que siento por mi propia persona que no puedo entender que alguien acepte que hablen de él aunque sea mal.

Necesito un tiempo y un espacio para el abandono si tengo que seguir el resto en el orden.

Mis actos, trabajos y pensamientos de los que me siento humanamente satisfecho me sirven de refugio cuando desde fuera me vienen «mal dadas».

Me pregunto cuál es, en opinión de Goirigolzarri, el «nivel» de corrupción tolerable en España.

Si tu enemigo deviene tu amigo, ambos habréis destruido a vuestro enemigo.

A la política solo la podemos cambiar nosotros, no los políticos.

La transparencia es un deber ineludible, no una deferencia de quienes ostentan el poder.

Los errores son humanos, pero más humano es tratar de conocerlos y corregirlos.

Mi partido político no es aquel que más me ofrece, sino aquel del que pueda sentirme más orgulloso.

La honestidad te garantiza la verdadera amistad.

Muchas personas modifican en su mente la realidad para acercarla a su interés. Mi interés es modificar mi mente para acercarla a la realidad.

Lo importante no es la representación sino el pensamiento que se representa.

Establecer el contrapunto para entender la realidad no es comparar, es constatar un hecho.

El corazón tiene razones que la razón ignora, pero las razones del corazón fructifican en flores que adornan la vida.

Las ideas fáciles de comprar son poco meditadas por quien las adquiere.

Coherencia es decir lo que se piensa, consecuencia es hacer lo que se dice.

El pasado ya no es, el futuro aún no está, el presente se va ya ¿En qué tiempo estoy ahora?

Nacemos humanos, la sociedad nos transforma en individuos, pero muy pocos alcanzan a ser personas.

Yo solo quiero ser esclavo de mi libertad.

Siempre hay una persona para cada trabajo. Lo difícil es encontrar un trabajo para cada persona.

Conócete a ti mismo y conocerás el Universo.

Las medias tintas nunca fueron buenas, pero en el término medio siempre estuvo la virtud.

Cuando el amor es fuerte los grandes problemas se diluyen, si es débil los pequeños se magnifican.

La vida es solo un parche entre dos infinitudes: el puente colgante que une el nacimiento con la muerte.

Si lloras porque has perdido el sol, tus lágrimas no te dejaran ver las estrellas.

El derecho a vivir equivocado forma parte esencial de la libertad individual.

Nunca atribuyas a la maldad lo que pueda ser explicado por la estupidez (principio de Hanlon).

Solo el Norte y el Sur tienen existencia propia. El Este y el Oeste son relativos.

La pérdida de libertad no es la prisión o esclavitud, es la permuta de la propia dignidad por la saciedad de los apetitos.

El tiempo no consiste en un momento concreto, necesita una sucesión de hechos que ocupan todos los tiempos.

Una inmensa multitud de este mundo vaga en busca de un Brigadoon.

Sin disciplina no hay democracia y sin democracia no hay libertad.

Daría la vida porque no existiera la muerte. (Nil Tameroglu Coll,  con 7 años).

El que no vive para servir, no sirve para vivir.

Para amar es imprescindible conocer, para odiar es necesario haber amado.

El grupo es tan bueno como el peor de sus miembros.

El 8 de enero de cada año: «Se les comunica que el simulacro de paz y bondad navideño ha finalizado. Pueden volver a ser las RATAS de siempre».

No tengo tiempo para odiar a quienes me odian, estoy demasiado ocupado amando a quienes me aman.

Nada hay que cueste tanto que darlo todo, que es la única manera de tenerlo todo.

Si amo a quien me hace feliz, no puedo evitar sufrir si el ser amado cambia, hay que correr el riesgo de ser humano.

Nunca tomes decisiones en momentos de odio y de rencor, puesto que más tarde te puedes arrepentir  –  seguro que te arrepientes.

Concentrémonos en hacer bien aquello que mejor sabemos, lo demás no importa.

Cuando uno se odia a sí mismo, está muerto permaneciendo vivo: anestesia los buenos y los malos sentimientos para no sentir nausea.

Cuando el arte del té deviene ritual, constituye la esencia de la aptitud para ver la grandeza de las cosas pequeñas.

En la hora de todos los finales, adviene sin remedo la verdad.

La venganza es un intento encolerizado de hacer justicia…  que deviene injusta.

La fidelidad, además de ser grata al respetado, enaltece a quien la practica.

El sexo entre mi esposa y yo siempre tiene presente nuestro amor, éste sin embargo no siempre está basado en aquél.

El celoso siente más su sufrimiento, no el amor.

La vida es corta, escoge muy bien tus batallas. Algunas no vale la pena pelearlas. Otras es prescindible librarlas.

Vivimos en un mundo que pende del poder de las palabras y no de los actos, donde lo que prospera es un falso lenguaje que cautiva a las masas.

El hombre no ha progresado mucho desde sus inicios: sigue pensando que no está aquí por casualidad, que unos dioses benévolos velan su destino.

Si hay algo en el mundo por lo que valga la pena vivir, no nos lo podemos perder, porque una vez muerto no hay tiempo de arrepentirse.

Un «snob» vive entre dos mundos: el que frecuenta y aquél en el que le gustaría entrar.

Algunas personas dedican su existencia a discurrir sobre los hombres como si de autómatas se tratara y de las cosas como si fueran un capricho subjetivo.

Hay quien es incapaz de aprehender lo que constituye la esencia de aquello que contempla.

El fundamentalismo democrático tiende a ocultar la realidad del nivel de democracia realmente existente.

El arte sin transgresión es menos.

Esnobismo: práctica del snob. SNOB: “sine nobilitate” (sin nobleza).

Cada vez se evidencia más la necesidad de un cambio de paradigma político-económico mundial.

El anonimato siempre fue el refugio de aquellos a quienes falta valor para mostrar su verdadero rostro.

Ya estoy en twitter. El mundo ya no volverá a ser el mismo.

Joel Heraklión Silesio.

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PIEDRA DE TOQUE (Solo para iniciados)

¿No tienes enemigos?
¿Es que jamás dijiste la verdad o amaste la justicia?
Santiago Ramón y Cajal.

Cada día me cuesta más esfuerzo – mental – personal entender porqué a un grupo socialmente cohesionado todavía le sigue escandalizando la verdad, verdad que por ende lleva ese grupo como estandarte de su propia cohesión.

Así es amigos, contra la máxima de “la verdad os hará libres” (Juan 8:32) en algunos foros florece el hecho de que la verdad escandaliza.

Reconocer la evidencia, lamentar sincera y profundamente las ausencias, pero celebrar que esas sentidas ausencias no hayan interferido en los fines propuestos parece que es algo que debe “disimularse”, por aquello de que por parte de algunos pueda ser malinterpretado. Lo reconozco, me cuesta un enorme esfuerzo tener que disimularlo, porque en última instancia el relato responde fielmente al pensamiento, que no otra cosa es hablar con verdad: que entre la idea que reside en la mente exista la máxima coincidencia con la expresión oral o verbal de la misma.

Uno puede estar equivocado, eso es otra cuestión, porque la verdad tiene muchos enfoques y muchas relativizaciones, la verdad externa puede, o no, ser conocida en su plenitud o en su parcialidad por una determinada persona y es en este sentido que tal persona pueda estar equivocada y no por ello faltar a la verdad.

Retrocedamos un poco, evitemos caer en la divagación (aunque ello me fascine). El grupo socialmente cohesionado al que me refiero – declarar a estas alturas que escribo bajo seudónimo ya no es ninguna novedad y que quienes me conocen personalmente me identifican totalmente, tampoco – ese grupo constituye en sí mismo una organización política y los que han seguido mi saga de “Solo para iniciados” de la que este post constituye otra entrega, pertenecen a él, por cuanto se torna innecesario profundizar más en cuestiones identificativas.

¿Estamos o no estamos por otra forma de hacer política? ¿Seguimos teniendo que pensar que si lo que voy a decir, aunque sea verdad, debo callarlo por si es malinterpretado por quien lo escucha?

Ah, claro, el secreto está en que si soy malinterpretado corro el riesgo de perder estima o popularidad entre aquellos cuyo apoyo puedo eventualmente necesitar en un próximo futuro y eso, en sí mismo, debe justificar que practique el deporte más cultivado en política que es el de la reserva mental. Si acaso soy “malinterpretado” ¿el problema radica en mí o en quien me malinterpreta? ¿Tengo yo que subsanar las deficiencias de quien me escucha para evitar perder su reconocimiento?

A veces pienso que seguimos estancados, deseamos progresar “adecuadamente”, queremos derribar las murallas de Jericó que atenazan la política española y que protegen a una casta encasillada en sus hábitos, de los que les resulta físicamente imposible desprenderse, pero sin embargo cultivamos sus estilos en lo que respecta a hablar con claridad. Pedimos transparencia, que no solo vale para lo económico, pero nos cuesta un enorme esfuerzo ser transparentes en nuestras manifestaciones.

Pierre_de_touche

Piedra de toque

Pues no amigos – compañeros y sin embargo amigos – no es ese el tono. Si seguimos por ese sendero no lograremos salir de los esquemas mentales que aprisionan las entendederas de esa casta política que queremos desterrar.

Renunciar a la caza del voto cuando éste sólo nos llegue a costa de nuestros principios es una de las piedras de toque ([1]) de nuestro manifiesto fundacional y eso vale para fuera y para dentro del propio grupo socialmente cohesionado. “Porque mañana necesitaré tu voto, hoy te oculto mi verdad” no es la moneda que debe circular por este templo; esta práctica conlleva el riesgo de que acabe convirtiéndose en el ágora de mercaderes que inundan las de otras organizaciones políticas.

¡Vamos o no vamos a salir de la dinámica que queremos romper! ¿La verdad nos hace libres o nos escandaliza?

Joel Heraklión Silesio.


[1] piedra que sirve para conocer la pureza del material con el que está hecha la pieza, generalmente se utiliza para oro, pero también para la plata

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ENTRE EL CANCER Y LA GANGRENA (Solo para iniciados)

Holy Week in Tequixquiac Español: Semana Santa...No soy médico, pero he vivido entre ellos desde mi infancia. No estoy seguro de saber qué es peor si el cáncer o la gangrena, quizá cualquiera de ambos siempre que no sean tratados a tiempo.

El cáncer requiere descripción temprana, a la par que localización puntual y anticipación a la metástasis. Luego, por supuesto, diagnóstico acertado y tratamiento adecuado. A partir de ahí todo queda en manos de la sabia naturaleza.

La gangrena ofrece ciertas ventajas iniciales, aunque con reservas. Suele afectar a zonas epidérmicas superficiales y en general tiene mayor incidencia cuando tiene su origen en el tratamiento tardío de heridas infectadas. Pero – al igual que en el cáncer – si se demora el diagnóstico y/o la intervención clínica puede suponer, en el mejor de los casos, la amputación  total o parcial de algún miembro. Como en la anterior crisis, a partir de ahí todo queda en manos de la madre naturaleza.

Quiero dejarlo bien claro: estas afirmaciones solo tienen el apoyo de mi experiencia como observador de la vida y mi proximidad a amigos y familiares médicos, por ello pueden adolecer de toda la falta de rigor científico que se le quiera adjudicar, porque realmente carecen de él.

GolgotaMi confesada impericia no importa a los efectos de este post, porque es mi intención manejar estos conceptos a título exclusivamente parabólico, dialéctico quizá, porque en múltiples ocasiones en nuestras relaciones humanas, también llamadas sociales, nos encontramos rodeados de uno de estos dos «factores necrosantes» – en el diccionario de la RAE no existe el término necrosante pero los doctores lo utilizan en su jerga profesional – que va lenta pero indeleblemente contagiando a las células más próximas y más débiles. Personalmente considero que esta clase de comportamientos son dudosamente sociales pero indubitadamente humanos.

Podríamos decir que esto es muy humano, pero no es socialmente tolerable, no es cívico y no sé si es producto de una imperfecta civilización o son residuos ancestrales de nuestro pasado biológicamente más remoto previo al estado de civilización. Tampoco soy antropólogo y no puedo hacer afirmaciones eruditas, pero estoy seguro de que a pesar de mi “vulgaris oratio” se me entiende todo.

¿Y qué ocurre cuando dentro de un grupo socialmente cohesionado se produce este ataque de “Clostridium perfringens(bacteria necrotizante considerada como la más agresiva) y no se toman medidas, o se realiza un diagnóstico equivocado, o ni siquiera se realiza tal diagnóstico? Tampoco es preceptivo ser especialista clínico para encontrar la respuesta, tanto se me da que el problema venga de un crecimiento incontrolado de las células del organismo, como de una infección bacteriana: si no se describe a tiempo o no se acierta en el diagnóstico o no se aplica el tratamiento adecuado (o no se aplica ningún tratamiento) la naturaleza – sabia ella – seguirá su curso y actuará por nosotros.

Imagen

Al menos Él tuvo una divina causa para ello.

Desde hace tiempo vengo asistiendo a la contemplación más pasiva de cuanto es tolerable, en un conjunto socialmente homogéneo y democráticamente organizado, de una metástasis celular – o quizá una gangrena “gaseosa” (según los entendidos: infección bacteriana que produce gas dentro de los tejidos gangrenados) –  cuyo transcurso todos, o algunos, se limitan a contemplar como si de una procesión de Semana Santa se tratara. Otros derraman lágrimas de dolor contemplando los “pasos” que avanzan por entre los “fieles”. Diversos portadores de fervorosas luminarias elevan “saetas”, no sé si emponzoñadas, llevados por la gozosa alegría que les produce contemplar el curso de los “nazarenos”. Alguien resulta “crucificado” por el camino, no sé si es un Gestas o un Dimas, pero al final Jesús murió en la cruz. Al menos Él tuvo una divina causa para ello.

Joel Heraklión Silesio.

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EL DISCURSO DEL REY

Hace poco se han cumplido 36 años, exactamente el 22 de noviembre del 2011.

PAREJA REAL

Fotograma del rodaje de "El discurso del Rey"

Ahora que se ha puesto de moda un injustificable recobro de la memoria histórica o un enfermizo tic de desenterrar a los muertos, a mí me ha dado por recuperar una “memoria histórica viva”. Ya me lo habían dicho, o lo había leído: en el cerebro humano los recuerdos se almacenan como las hojas de una cebolla, los más recientes se hallan en la superficie y los más lejanos en el propio corazón del liliáceo bulbo.

Los menores de 45 años pueden no recordarlo, muchos de ellos no habían nacido y otros eran lo suficientemente jóvenes en 1975 para haberlo podido escuchar con suficiente comprensión. Pero yo sí, yo estuve allí, bueno aquí porque lo escuché en televisión, en la uno, no había otra; y lo escuché muy atentamente con la ilusión y esperanza de la apertura de una nueva “frontera”, al estilo Kennedy.

Comenzaba así: “En esta hora, cargada de emoción y esperanza, llena de dolor por los acontecimientos que acabamos de vivir, asumo la Corona del Reino con pleno sentido de mi responsabilidad ante el pueblo español y de la honrosa obligación que para mí implica el cumplimiento de las leyes y el respeto de una tradición centenaria que ahora coinciden en el Trono.”

Vaya por delante antes de profundizar en ello que a mí, con mi modo transversal de entender el mundo y la vida, me resulta indiferente la concepción monárquica del Estado español o la nostalgia republicana que algunos exudan. Mantener a una familia real o a un séquito presidencial republicano tanto se me da. Ni siquiera el carácter hereditario de uno o elegible del otro me conmueven, entre otras cosas porque nada me garantiza que el resultado de una elección nos proporcione un ¿dirigente? No, tan solo un símbolo de ¿unidad? Es ciertamente dudoso.

El “dolor por los acontecimientos” recientemente vividos no era sino la muerte del dictador. Seguía así: “Como Rey de España, título que me confieren la tradición histórica, las Leyes Fundamentales del Reino y el mandato legítimo de los españoles, me honro en dirigiros el primer mensaje de la Corona que brota de lo más profundo de mi corazón.” Por si alguien lo desconoce – los más jóvenes que no hayan tenido oportunidad de estudiarlo – las Leyes Fundamentales del Reino eran el conjunto de normas para-constitucionales dictadas por Franco y sancionadas por las Cortes de una eufemísticamente denominada “democracia orgánica”.

En un momento determinado, el Rey elevó el tono, marcó un enfático

Busto de Juan Carlos I de España

Juan Carlos I de España

acento y dijo: “¡Que nadie espere una ventaja o un privilegio!” y todos nos llenamos de gozo al escuchar tan esperanzador mensaje.

Claro, si comienzo a deshojar las fistulosas hojas de mi bulbo raquídeo no puedo por menos que encontrarme con este acontecimiento que aparece en su superficie antes de desenterrar a los muertos y revivir una guerra civil que solo los mayores de ochenta años pueden recordar. Y ¿con qué nos encontramos treinta y seis años después? Con que de eliminación de ventajas o privilegios, nada de nada. El término privilegio, que como todos saben bien deriva del latín “privilegium”, ley privada, consiste en la exención de una obligación o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia.

Ni cortos ni perezosos los políticos del momento – de aquél momento 36 años ha – se afanan en construir una democracia ahíta de privilegios y prebendas para la clase política. El gobierno se reserva la potestad de nombrar al Fiscal General del Estado, las Cortes la de nombrar a los miembros del Consejo General del Poder Judicial, del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo. Y con toda desfachatez, ante unos jóvenes españoles ávidos de libertades y democracia, se inventan el “privilegio” del aforamiento. Según el Diccionario de la RAE, una de las acepciones del sustantivo fuero es la competencia jurisdiccional especial que corresponde a ciertas personas por razón de su cargo: Fuero parlamentario.

Es necesario analizarlo con detenimiento. Si es el poder institucional, en sus diversas manifestaciones, el que tiene la potestad de decidir sobre el Ministerio Fiscal y sobre las altas jerarquías jurisdiccionales y luego decide que los aforados – los titulares del “fuero parlamentario” – solo pueden ser juzgados por aquellos Tribunales cuyos componentes han sido nombrados por ellos mismos. ¿No es tanto como decir?: a los nuestros solo los juzgan los nuestros.

Mas adelante dijo: “La justicia es el supuesto para la libertad con dignidad, con prosperidad y con grandeza. Insistamos en la construcción de un orden justo, un orden donde tanto la actividad pública como la privada se hallen bajo la salvaguardia jurisdiccional.

Dicho esto, las fuerzas políticas del momento gestan un “privilegiado” sistema de cobertura y previsión social exclusivo para “los nuestros”, para esos que solo serán juzgados por “los nuestros”, permitiendo que tan solo con siete años de permanencia en las instituciones se garanticen una pensión vitalicia con la mejor base reguladora posible y ningún partido, ni de la derecha ni de la izquierda, manifestó su más mínimo desacuerdo, antes al contrario lo apoyaron con un silencio mediático que pone en evidencia las más denigrantes vergüenzas ajenas.

Con la entrada de una nueva clase política regeneradora en la Asamblea y en el Ayuntamiento de Madrid se siguen poniendo en evidencia “privilegios” que la incipiente corona negó treinta y seis años atrás y algo me hace pensar que pronto se van a poner en evidencia en el nuevo Parlamento, en trance de constitución, tras el reciente proceso electoral que se ha hecho coincidir con el aniversario de la muerte del dictador y con el de dos días antes de que D. Juan Carlos I asumiera la Corona del Reino.

¿Qué hacemos con “la memoria histórica viva” y con el discurso del Rey?

Joel Heraklión Silesio.

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EL RUBICON DEL EMBELECO

Se me agolpan las ideas y quieren surgir todas a la vez pero tendré que organizar mis pensamientos y partir de una de ellas, del concepto de “sociedad civil”, que tantas veces utilizamos creyendo que todos hablamos de lo mismo pero sin que ello implique que todos coincidamos en su contenido.

En una sociedad democrática encontraremos siempre una “sociedad política” que, lejos de ser autónoma, se halla inmersa en aquella, recubierta de otras realidades sociales e históricas inseparables del ritmo y cauce por el que transcurra el funcionamiento del propio sistema. Dicho de otra forma, por mucho que queramos y creamos ser libres, los movimientos inerciales de cada individuo o ciudadano tanto dentro de una sociedad democrática, como de una sociedad política, están siempre mediatizados, desviados por la acción de influencias sociales, culturales, económicas, históricas, que interfieren en la inercia de los acontecimientos pretendidamente libres.

Hablamos de una “sociedad civil”, tratando de separarla de la “sociedad política” como si tal sociedad civil fuera algo homogéneo y autónomo pensando que en ella todos los individuos son iguales, mientras que la realidad enseña que cada uno pertenece a otra clase de individualidad heterogénea y esencialmente distinta de las demás. Es decir, la “sociedad civil” es en sí misma un conglomerado de grupos heterogéneos todos cuyos individuos convienen únicamente en “no ser la sociedad política” y suele vivir enfrentada a aquella convirtiéndose en una especie de idea metafísica “considerada como el reino de la paz, enfrentada a la sociedad política interpretada como reino de la guerra”([1]). Obtendríamos así un concepto de sociedad civil definido por pasiva, en sentido negativo, definiéndola por lo que no es, lo que evidencia su condición de conjunto heterogéneo de individuos heterogéneos.

UNA SONRISA INOCENTE

Esa heterogeneidad se manifiesta más patente cuando en una sociedad concreta interfieren culturas procedentes de distintos ámbitos geográficos. Al resultar más patentes las diferencias culturales y étnicas entre los inmigrantes y los nativos parece que estos últimos son más iguales entre sí, simplemente porque se sienten “menos diferentes”.

Es entonces cuando la “sociedad política” comienza a hablar de tolerancia, como estilo de respeto a las diferentes culturas.

He aquí la falacia. En una determinada situación conflictiva de convivencia heterogénea la virtud de la “tolerancia” no es precisamente el resultado de la fraternidad y de la igualdad entre todos los ciudadanos, es en realidad la constatación y reconocimiento implícito de la evidente desigualdad entre ellos.

Es total y simplemente un embeleco que nos ofrecen para acallar nuestras conciencias.

Hay un grado de la tolerancia que consiste precisamente en mantenernos en el mayor alejamiento posible de aquellos a quienes consideramos incompatibles con nuestra “sociedad civil”. Tolerar al otro es intentar no entrar en conflicto recíproco, a veces por propio interés, a veces por menosprecio, cuando no por el presentimiento de que el resultado de la contienda no nos va a ser favorable. Toleramos a aquel a quien consideramos diferente, inferior, capaz quizá de ocasionarme agravio o de atentar a mi integridad física, por ello me mantengo alejado tratando de engrosar con él esa “sociedad civil” para así sentirme suficientemente seguro. Necesito ser tolerante solo con el que “considero diferente”, no así con el que es igual que yo, olvidando que esa pretendida igualdad es tan solo producto de los parámetros establecidos por la “sociedad política” en el ejercicio de sus prerrogativas reguladoras y legislativas, por el reconocimiento de unos derechos y deberes regulados en las normas jurídicas y de convivencia, pero una vez salimos del “semáforo rojo”, ante el cual todos somos iguales, cada uno emprendemos un camino y un destino totalmente individualizado y entonces nos convertimos nuevamente en diferentes, en heterogéneos, pero nos parece que con éstos no sentimos la necesidad de ser “tolerantes” simplemente porque los consideramos “integrados”.

He ahí la diferencia, la falacia a que antes me he referido, y es que la tolerancia está ciertamente muy lejos de la integración, muy lejos del deseo de integrar al diferente e integrarnos con él para conseguir así que todos nos sintamos realmente iguales.

Con esta recíproca voluntad de integración la falaz virtud de la “tolerancia” resultaría innecesaria quizá por una supuesta ausencia de diferencias o quizá porque tales diferencias serían las mismas que nos hacen heterogéneos en nuestra propia y ficticia “sociedad civil”.

Joel Heraklion Silesio


([1]) (Gustavo Bueno, El fundamentalismo democrático, Ed. Planeta Madrid, 2010)

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OIR CAMPANAS

Cuando el 15M tomé contacto mediático con aquella iniciativa “cívica” que se autoidentificó con el acrónimo de la fecha de inicio de su andadura, me invadió una especie de exultante optimismo. De repente vi reproducidos los movimientos de finales de los sesenta en Europa o mediados de los setenta en España. Por fin la juventud volvía a tomar la iniciativa en su sempiterna misión de reformar la anquilosada sociedad vegetativa controlada por sus conservadores predecesores. Porque el conservadurismo no es patrimonio de la derecha, sino de todos aquellos que, instalados en posiciones acomodaticias de las estructuras sociales, económicas, políticas o de cualquier otra índole, tratan de mantener su “statu quo” a toda costa para no perderse el machito.

 Pero aquella euforia me duró poco. Su composición comenzó el camino de su descomposición al contener personas no tan jóvenes que trataron de monopolizar el protagonismo mediático que les proporcionaba dirigirse a todos los que habían tenido la iniciativa. Aseguraban no identificarse con ningún partido político activo, pero lanzaron al aire mensajes que ya habían sido expresados y difundidos, con menos repercusión mediática desde luego, por un partido político concreto de reciente aparición en las canchas electorales. Tras las últimas elecciones locales ya son muchos los españoles que han identificado a este partido, pero para los que aún lo ignoren perfilaré que es UPyD: Unión Progreso y Democracia.

Hablaron de laicidad, de reforma de la Ley electoral, de listas abiertas, de regeneración democrática y abominaron de la corrupción política. Todas estas propuestas ya estaban en circulación desde cuatro años antes, pero la repercusión que su actitud de rebeldía juvenil les imprimió, propició que llegaran a la inmensa mayoría de la ciudadanía como si fueran nuevas.

 Sin embargo estos autodenominados “indignados” – que no son los únicos – se han instalado en su propia actitud, sin saber muy bien qué hacer con ella y por dónde o cómo encauzar tales reivindicaciones para hacerlas llegar a las instituciones. Ahora están corriendo el riesgo de ser fagocitados por “los veteranos del poder” desde alguno de cuyos estrados ya les han ofrecido una maliciosa reforma de la Ley Electoral, a la alemana, ignorando de forma deliberada el Dictamen que el Consejo de Estado ya emitió hace unos años al respecto.

Papa Benedetto

Ahora está a punto de producirse una nueva visita del Papa y han salido de nuevo a la palestra con el malentendido concepto laico del Estado. Vuelven a oír campanas. Hablemos de ello, de la visita de Benedicto XVI.

 Está bien defender un estado laico – yo también lo defiendo, UPyD también lo defiende – distinguirlo de un Estado aconfesional, como es España al presente, pero la laicidad consiste en mantener al Estado al margen de cualquier opción religiosa, respetando a todas por igual, siempre que en sus prácticas no atenten a los derechos humanos, y respetando incluso la falta de adscripción a credo alguno, ya sea por ateísmo o por agnosticismo (que no es lo mismo). Pues bien, ese concepto laico del Estado, esa laicidad institucional debe impedir cualquier pronunciamiento que no respete la libertad de conciencia, jamás debe convertirse en un ataque frontal a una concepción religiosa, sea cual sea y menos aún a la libertad de expresión de pensamiento, tratando de poner en alerta al Ministerio Fiscal de forma premeditada en contra de unas posibles manifestaciones que todavía no se han producido. Esto no es laicidad, esto raya en anticlericalismo, tan nocivo como cualquier otro “anti”.

 Otra cosa es hablar del grado de implicación de las instituciones públicas y del Estado en tal evento. Su financiación por empresas que luego desgravarán estas aportaciones SÍ afecta al erario público y le resta recaudación impositiva. La seguridad, la prevención de riesgos y la vigilancia de las instalaciones, y otros etcéteras que se derivan de los “efectos colaterales” del propio evento, suponen un coste añadido que va a soportar el Estado.

 Pero aún hay algo más: el coste del evento propiamente dicho, su propia o pretendida autofinanciación, adornada con la ingente cantidad de “casullas” que han sido tejidas en oro ex profeso para este acontecimiento dejan en total y absoluta evidencia el desamparo social, económico, sanitario, críticamente vital en que se encuentran infinidad de niños y familias en demasiadas extensiones del mundo, África y no África.

¿Por quién doblan esas campanas?

Joel Heraklion Silesio

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LO QUE NOS SEPARA (O EL FEBRON DE FABRA)

 

Lodazal de las descalificaciones

Lodazal de las descalificaciones

Me preocupa el caso Fabra, me preocupa por múltiples razones, más de las que se han argüido últimamente… quizá por ninguna de ellas.

No puedo evitarlo pero tengo que recurrir a la lógica aristotélica porque de lo contrario, dejándome llevar por la indignación, acabaría en esa ciénaga común en que se lustran, se abrillantan, se enlucen los políticos de corte clásico sin apreciar que está repleta de tarquín: la ciénaga de las descalificaciones, del juicio paralelo, del prejuicio.

Debería explicarme, pero no sé si lo conseguiré. Lo que me bulle en mi “naranja mecánica” es muy complejo, se me agolpan las conjeturas, se confunden con las ideas y se transforman en un torrente de conclusiones que tratan de salir al exterior de forma caprichosa, deslavazada, desordenada, inconexa, descompuesta y por ello se hace necesario ordenarlas porque la cuestión es compleja y ardua. Quiero partir de la premisa de que lo acaecido con el caso de Carlos Fabra es indignante, no debería haber sucedido, tampoco debería haberse producido la concatenación de hechos que se han ido aglomerando en torno suyo y, por supuesto, el final no debería haber sido el que ha sido. Para evitar que la indignación que este resultado me produce me lleve a rebozarme en el fangal antes aludido tengo necesariamente que pararme a reflexionar.

Para mí es importante la distinción entre verdad material y verdad formal, aquella reside en la singularidad de los hechos que en un momento determinado tienen lugar, las acciones u omisiones que alguien lleva a cabo y que quizá solo él conozca; ésta, la verdad formal, es la que queda recogida en una sentencia judicial como consecuencia de la prueba practicada en el proceso correspondiente y que puede o no coincidir con aquella. Si se pierde de vista esta fundamental distinción podemos caer en tremendas incongruencias, tales como decir que Carlos Fabra ha sido declarado inocente y que se le pidan disculpas por los que mantuvieron lo contrario, como pretenden algunos de sus correligionarios o pedir su dimisión o, lo que es peor, considerar que se ha salido de chinitas gracias a la prescripción de “su delito”, lo que para algunos se ha producido gracias a las “maniqueas” manipulaciones de algún Corleone que anda suelto, apologetizar el deshonor de invocar la prescripción o proponerle el montaje de un dispensario de consejos de cómo engañar a la Hacienda Pública.

Ninguna de todas estas declaraciones se sostiene sola, primero porque al Sr. Fabra nadie le ha declarado inocente, al no haberse celebrado juicio, y segundo que ninguna sentencia ha constatado que hubiera cometido delito alguno – por ahora – y son esta clase de manifestaciones públicas, ostensiblemente aviesas, grandilocuentes y rayanas en el exabrupto las que están desprestigiando a la clase política, porque los ciudadanos silenciosos permanecen silenciosos pero no ignorantes y se dan cuenta de lo que a sus ojos se presenta como un intento de manipulación de su propia inteligencia.

Muralla de Adriano

Muralla de Adriano

Estamos en UPyD por lo que nos une y todos los que estamos en este partido tenemos claro qué es lo que nos une, pero esta moneda tiene dos caras, no estamos en ningún otro partido por lo que nos separa, por lo que nos diferencia. Somos más respetuosos con el Estado de Derecho que cualquiera de los demás, más respetuosos con la presunción de inocencia que cualesquiera de ellos, que es nuestra muralla de Adriano y deberíamos mantenernos atentos a qué es lo que nos diferencia y permanecer lejos del lodazal de las descalificaciones, del juicio paralelo, del prejuicio y apuntar allí donde la razón, el análisis equilibrado y la crítica fundamentada nos hará diferentes.

Nunca podremos estar seguros de que aquellos hechos que se le imputaron fueran o no realmente cometidos por Fabra, al menos aquellos cuyas consecuencias han sido declaradas prescritas, porque lo que ha prescrito es la acción jurídica que permitía entrar a conocerlos – no el supuesto delito en sí – y por ello tales hechos no podrán ser investigados ni ser objeto de procedimiento judicial alguno.

Esto es propio de un Estado de derecho y debe ser respetado como tal por UPyD.

Pero tal situación en modo alguno nos debe llevar al terreno de dejarnos impávidos y por ello permanecer impasibles ante ella. No podemos ni debemos consentir que tales acontecimientos puedan reproducirse y en tanto no tengamos capacidad de condicionar la norma debemos denunciar aquellas que deben ser modificadas, porque lo peor del caso Fabra no es quedarnos sin saber si fue autor y responsable de unos hechos que de haberse probado hubieran constituido delito, lo peor del caso es que haya funcionado el sistema de la forma que lo ha hecho, que haya sido posible aplicar la prescripción, en definitiva que se haya llegado tarde. Esa debería ser la clave de la crítica pública, aquella que coincide con nuestro lema de regeneración democrática y lucha contra la corrupción, clamando por una reforma legislativa que impida que un representante político pueda quedar al margen de un enjuiciamiento permitiendo con ello o bien que un posible culpable permanezca impune, o un inocente quede bajo sospecha permanente, y no se me diga que de ser este último el supuesto bastaría con someterse al procedimiento obviando la prescripción porque tal opción no es realista.

Si es necesario alargar los plazos de prescripción cuando los servidores públicos resulten imputados por determinados delitos, y no me refiero solo a los representantes políticos, habrá que hacerlo, si hay que poner los medios para que el funcionamiento de la administración de justicia cobre una agilidad por la que se viene suspirando por los juristas y la opinión pública desde hace muchos años sin que los remiendos introducidos hayan surtido el efecto deseado, pónganse esos medios, si es necesario hacer lo que sea necesario propongámoslo, solicitémoslo públicamente – a voz en grito – pero no caigamos en el tópico del insulto, del exabrupto y de la descalificación, porque eso es lo que nos ha de diferenciar del resto de la clase política, eso es lo que nos diferencia a la par que es lo que nos une.

Joel Heraklión Silesio.