He presentado la ayuda mutua como una de las raíces de la creación de núcleos de convivencia insistiendo en el hecho de que este beneficio ya era buscado por otras especies de bestias, principalmente mamíferas, taxón de los cordados en que es la hembra la única que, durante los primeros meses o incluso años, tiene la posibilidad de alimentar las crías lo que la obliga a mantenerse casi todo el tiempo junto a ellas asumiendo así su labor de cuidadora. El macho, si desea que su progenie prospere, tiene que preservarlos de las amenazas exteriores y en muchos casos suministrar el alimento para ambos padres con lo que adquiere su cometido de protector y proveedor. ¿Acaso no están aquí latentes los roles futuros del hombre y la mujer en un contexto que nadie dudaría hoy en calificar de plenamente machista? Más aún. Si exceptuamos la partenogénesis y algún otro método de reproducción vegetativa y por esporas, la inmensa mayoría de las especies animales y vegetales han proliferado por medio de la reproducción sexuada, a través de la fecundación del gameto femenino por el masculino.
Esta y no otra ha sido la causa de una de las grandes controversias en la especie homo sapiens, y no estoy hablando de machismo, sino de identificación sexual. Antonio Gala, en su obra literaria “Dedicado a Tobías” (Ed. Planeta, 1988), lanza una mirada esperanzada sobre el ser humano y torva sobre la sociedad: “Hubo un tiempo en que el ser humano… …se puso de puntillas y creció. Por eso se llamó Renacimiento: porque renació el hombre… … pero aquel hombre disponible y completo – matrimonio de la razón y de las fuerzas escondidas, sede del bien y el mal, investigador de la alquimia y la química, de la magia y la técnica, de la ciencia como arte y el arte como ciencia – no vivió mucho. Lo mató la política, fraccionando su mundo en naciones belicosas. Lo mató el pensamiento, empequeñecido por el racionalismo. Lo mató la ciencia mecanicista y desilusionada. Lo mató la religión, que ciñó el orbe a su mediocridad…”
Pues bien, es esa sociedad todavía inmadura la que mantiene una inexplicable actitud discriminatoria sobre las distintas condiciones sexuales. Como decía al principio si la ayuda mútua es el primer fundamento sociológico de los grupos de convivencia que luego han derivado en diversos conceptos de familia ¿porqué una familia tiene que estar constituida por individuos de distinto sexo? ¿Es que la ayuda mútua solo es posible en este caso? Es cierto que el hombre está “renaciendo de puntillas” porque el resto no lo deja crecer como un “hombre disponible y completo” hasta el punto de que para luchar por una “IGUALDAD REAL Y EFECTIVA” se hace necesario promover acciones que, bajo otra perspectiva social deberían ser innecesarias, como la del día del orgullo gay.
La homo-sexualidad, la hetero-sexualidad, la bi-sexualidad, la trans-sexualidad son disquisiciones que, lejos de combatir la discriminación, la remarcan al ponerle el “prefijo”. Todo es “sexualidad” todos somos “sexuales” y sus variantes deberían resultar socialmente indiferentes, neutras, indistintas; principalmente y quizá desde un arranque egoísta porque tal distinción ni beneficia al sujeto ni perjudica a los demás y mientras esta indiferencia no nos alcance a todos, incluidos los propios interesados, la humanidad no habrá descubierto su madurez social por mucho que haya logrado la científica o intelectual.
El orgullo de ser persona humana.
En la misma obra antes citada de Antonio Gala, afirma: “Si a un hombre pueden considerarlo un deshecho los otros hombres, la Humanidad es un estercolero.”