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ESTAR EN POLÍTICA O ENTRAR EN POLÍTICA

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En esta ocasión pretendo sincerarme con los que me conocen bien y desnudarme ante los que no me conocen tanto o ni siquiera me conocen.

A mediados del 2011 comenté con mi esposa la propuesta que me llegaba desde el partido de encabezar la lista a la alcaldía de mi municipio en las elecciones locales de aquel año. Su inmediata respuesta me dejó congelado, casi en estado catatónico:

  • Pues, voy a hablar con la emisora de radio del pueblo y proponer que te hagan una entrevista.

En ese momento me enfrenté por primera vez al vértigo de entrar en política. En mi vida profesional he hablado numerosas veces en público en distintos foros, he impartido charlas y conferencias, por lo que hacerlo una vez más no me creaba ninguna dificultad, pero otra cosa era pensar en el contenido de esa entrevista radiofónica como candidato por mi partido a la alcaldía municipal. Ese contenido sí me preocupaba, porque no iba a hablar en mi propio nombre sino en el del partido político que representaba.

Y es que hay quien “está” en política – como es mi caso – y quien “entra” en política que es el caso de otros.

Hacía tiempo que me dolía España:

– Los gobiernos autonómicos reclamaban cada vez más competencias generando profundas desigualdades entre los españoles de uno u otro territorio.

– Se generalizó la sentencia de “Montesquieu ha muerto”. Este “afeitado”, al más puro estilo taurino de los cincuenta, lo remató otra reforma judicial: los jueces perdían la facultad de decretar prisión provisional, prerrogativa que quedaba en manos del fiscal.

– Las Diputaciones provinciales se habían convertido en residencias para los familiares, amigos y adláteres de los partidos.

– El sistema electoral favorecía cada vez más a los grandes y éstos a su vez – aún siendo antagónicos – se protegían recíprocamente para mantener el “statu quo” impidiendo su modificación.

– La composición de las listas electorales dependía claramente de la obediencia debida a la dirección del partido y no de los méritos y cualidades de los susodichos.

– Los políticos condenados judicialmente por delitos cometidos en el ejercicio de su cargo eran sistemáticamente indultados.

Me dolía España, por éstas y por algunas otras situaciones similares que, por conocidas y corrompidas, no precisan de más puntualización.

Por ello decidí estar en política y por ello me afilié.  Me afilié porque en aquellos momentos, ya avanzado el año 2008, aquel partido naciente precisaba de toda la ayuda que cualquier ciudadano español, consciente de los desaguisados relatados, pudiera ofrecer. Pero tengo claro que una cosa es estar y otra “entrar” en política.

Hoy, en 2016, aunque volvemos a encontrarnos en una situación muy próxima a la de entonces, la realidad no es la misma. Nos hemos quedado sin representación en el Congreso, pero la mantenemos en el Parlamento Europeo, en una Comunidad Autónoma y en bastantes municipios. Por lo tanto en la actualidad no es precisamente la ayuda de “ciudadanos conscientes” lo que necesita este partido – que también – sino el rumbo y ritmo que se le imprima desde la nueva directiva nacional que se decidirá próximamente.

Aquí es donde pretendo exponer mis sensaciones y expresarlas a corazón abierto.

Lo único cierto es que el futuro del partido es incierto. Ya no se trata de un partido totalmente desconocido y nuevo, es una organización política que ha tenido representación en el Congreso nacional y en el parlamento europeo en dos legislaturas, que ha ocupado escaño en alguna autonomía, alcaldías en algunos municipios y concejalías en muchos, que ha pisado platós de televisión, salido en portadas de prensa y realizado entrevistas radiofónicas, en definitiva que ya no es un desconocido.

Y ¿quienes lo componen ahora? Quedamos unos pocos ilusionados con resurgir y entre los que quedamos hay de todo, como en la viña: hay personas capacitadas para responsabilizarse de la organización interna con eficacia, pero menos adecuadas para ser portavoces externos ante los medios y las instituciones; hay personas mejor capacitadas para afrontar la representación pública, con dotes oratorias y vena de liderazgo que, sin embargo, reducen su eficacia cuando tienen que desempeñar funciones de gestión, organización o administración interna. Una breve reflexión a este respecto: los portavoces que exhiben el partido al exterior deberían dedicarse a ello de pleno, sin que las labores de organización y administración interna les reste tiempo y eficacia, y viceversa, quienes llevan a su cargo las funciones de coordinación, organización y administración, no conviene que distraigan ni un minuto de su escaso tiempo para dedicarse a hablar en los medios y ocupar cargos en las instituciones.

Por último quedan algunos que tan solo aspiran a medrar, a “entrar” de lleno en la política a cualquier precio, intentando abrirse paso a codazos cada vez que detectan alguna fisura por la que infiltrarse en medio de los mejor preparados.

La próxima dirección nacional, el próximo Consejo de Dirección, va a tener una labor ardua, complicada y difícil, y al mismo tiempo peligrosa. No solo tendrá que ser capaz de construir un líder nacional que recupere la atención mediática y que sea capaz de transmitir los mensajes que permitan la recuperación del voto perdido, labor ardua, sino que ha de plantear un proyecto de partido que suponga una verdadera renovación, o refundación si se quiere, a través de una profunda reforma de los estatutos internos, cometido ciertamente complicado.

Pero además ha de tener la habilidad de crear los cauces necesarios para que, sin riesgo de la democracia interna, sea posible ofrecer a los más eficaces en organización su integración en los órganos correspondientes, a los que están dotados de capacidad de liderazgo en las portavocías publicas y lugares de representación institucional, todo ello sin que los agazapados tengan oportunidad de usurpar las posiciones de unos y otros, tarea este última no solo difícil sino peligrosa. Siempre lo dije y siempre me lo han oído decir mis compañeros más allegados: “Si el jefe de la empresa coloca al portero de secretario de dirección y al secretario de dirección de portero, ninguno de los dos funciona”.

Hoy lo tengo que decir abiertamente: mi continuidad en el partido, y quizá la de otros muchos compañeros, depende exclusivamente de cómo se encauce la nueva andadura. Pero para tomar la decisión final habrá que esperar al próximo Congreso nacional.

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FLORILEGIO de Dimes y Diretes (recopilación de 2015)

Confucio creador de las AnalectasCerrado el 2015, creo necesario hacer la recopilación anual de las ANALECTAS o florilegios de JOEL HERAKLION. Con esta tercera edición parece haberse convertido esta publicación en algo ya tradicional, que prometo mantener, a ser posible de forma puntual, cada cambio de año. Los que me conocen y siguen saben que todas han sido publicadas antes en twitter y facebook.

Publicaciones anteriores:
Florilegios 2013Florilegios 2014

 

 

El destino no está en nuestra mano pero podemos propiciarlo. Si buscas lo que deseas que suceda, bueno o malo, será más fácil encontrarlo.

Cuando no impera el sentido común, termina por imponerse la iniciativa de aquellos a quienes menos les interesa que prospere dicho sentido.

Hay una radical diferencia entre comunicarte para expresar tus convicciones y conquistar la popularidad con tus opiniones más extravagantes.

Estar de acuerdo con la tribu es más por razones de seguridad global que por coincidencia con sus convicciones. Falta de pensamiento crítico.

Los muros de la mente son de runas de creencias religiosas, políticas y mediáticas. Nos ayudan a apuntalarnos pero nos impiden ver más allá.

Convertir al enemigo, al malvado o al delincuente en mártir no es garantía de lograr con ello su impopularidad ante los demás conciudadanos. Crear mártires nunca fue rentable para los verdugos.

Libertad es poder hacer lo que está permitido. Si se pudiera hacer lo prohíbido ya no habría libertad; los demás también tendrían esa facultad.

Hay que tener cuidado en no confundir el que nadie es imprescindible con aquellos que son muy recomendables.

Si buscas al culpable los tiernos lo encubrirán. Si buscas soluciones sus víctimas lo evidenciarán. Pon la solución, el castigo vendrá luego.

La fidelidad a mi pareja solo mientras dura el amor. A las ideas solo hasta que constate que estoy equivocado. Nada es para siempre.

Mientras sigas pensando que los que se equivocan son los demás, no estarás en condiciones de corregir tus propios errores.

La política es una actividad noble, pero nunca puede ser una profesión.

El malvado que engaña a un bondadoso se cree el más inteligente. Nada que ver la maldad con la inteligencia ni la bondad con la estulticia.

Desconfía de quien te ofrece su ayuda para solucionarte conflictos o problemas que él mismo te ha creado.

Tanto el éxito como el fracaso son valoraciones humanas siempre subjetivas y frecuentemente erróneas. Ambos son efímeros y transitorios.

Dicen que todos tenemos un precio. En cuanto a mí no sé si es que soy muy caro o que no le intereso a nadie. Aún no he encontrado el mío.

El término alienígena es el status más elevado del sentimiento identitario que la humanidad debe superar, si no el desencuentro está servido.

emigrantesCuando camino por un sendero transitado por una inmensa mayoría de personas, lo primero que me pregunto es ¿quién nos ha conducido hasta él?

Iguales y diferentes; el antónimo de la igualdad es la desigualdad y el contrario de la diferencia es la homogeneidad.

Los diplomáticos son personas a las que no les gusta decir lo que piensan, a los políticos no les gusta pensar lo que dicen.

Karl_Popper

                       Karl Popper

La confianza en la ciencia hay que tenerla desde la óptica de Karl Popper: es solo un camino. La fe religiosa depende de cada uno, es relativa.

Un pasado no superado es un presente no disfrutado. Y un futuro abandonado.

Una fuerte convicción del poder: no decir la verdad sobre las realidades económicas de hoy en día. La gente no lo soportaría.

No es fácil entender el doble sentido de las declaraciones de los políticos sí careces de la malicia con que las piensan. Un civil sin malicia.

Antes de decidir que alguien te va a oír reflexiona sobre si te va a escuchar. No malgastes tu tiempo ni tu energía inútilmente.

Primero nuestra familia, luego mis vecinos, mis conciudadanos, mis compatriotas, al final todos los seres humanos.

El mantenimiento de tu prestigio, en un debate abierto, va a depender de tu capacidad de reconocer válido el discurso de otros contertulios.

La idea, el concepto que bulle en nuestra mente, tiene volumen: es tridimensional. El lenguaje con que la expresamos es plano: es bidimensional.

La singularidad de cada uno de nosotros nos iguala a todos.

Aunque la mayoría de políticos son un problema, la política NO ES el problema. Es necesario que toda la ciudadanía se implique en política.

El saber es un espacio universal donde todos podríamos coincidir, sorbiendo frutos de él sin medida y sin fin: la salvación de la humanidad.

Cuando hablamos de «los demás», nosotros mismos somos también sus «demás». La cultura y la gestión del prójimo son cruciales para el futuro.

Los valores esenciales alcanzan la universalidad, más allá de las fronteras. Mientras, soportan una diversidad de expresiones culturales.

Entre las «civilizaciones humanas» están las naciones, las etnias y las religiones. La «civilización humana» es esa aventura en que estamos.

Es penoso que aquellos a quienes les has dedicado parte de tu tiempo te olviden, pero más triste es aún que te ignoren.

Si no se hacen ocho apellidos de los 15 territorios restantes pensaré que solo se trataba de potenciar los nacionalismos independentistas.

A mi edad ya he hecho casi todo lo que tenía que hacer. Tan solo me metí en política para ayudar a los demás a hacer lo que les queda por hacer.

El dominio de la lengua no hace literatos, el de los colores no hace pintores. La dialéctica no basta para ser políticos: necesitan talento.

Desde luego no siempre mi criterio coincide con el de mi interlocutor, pero es demasiado frecuente que él piense que el equivocado soy yo.

Lo trascendente se camufla a menudo como banal, mientras lo superfluo se presenta tantas veces como primordial. Escala axiológica alterada.

Lo laico no es caer en lo irreverente es estar más allá de lo religioso, no más acá. Implica respeto a cualquier culto incluso la falta de él.

Para trabajar por lograr un objetivo hay que mantener la esperanza de conseguirlo pero para mantener esa esperanza hay que seguir trabajando.

Actuar responsablemente es la mejor manera de evitar tener que hacer frente a responsabilidades. No intentes ir más allá de tus capacidades.

El ensimismamiento, el desviar la mirada, nos impide ver lo que tenemos delante.

Primero se dice lo que se dice, luego se hace lo que se hace, pero pocas veces se hace lo que se dice. En política se entiende.

La conducta educada se observa en presencia del prójimo, el civismo se practica solo, sin necesidad de testigos.

Entre dirigir y mandar hay la misma distancia que entre lo racional y lo arbitrario.

Por humildad siempre me sitúo un peldaño por debajo de mis interlocutores pero la soberbia de muchos de ellos evidencia mi lamentable error.

Mi esposa es lo suficientemente independiente para no aceptar una propuesta mía sin antes asegurarse por sí misma de que es acertada y lo suficientemente inteligente para que yo acepte las suyas sin necesidad de comprobarlo.

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EL ESPAÑOL Y EL DESTELLO DE IDENTIDAD

Hoy he recibido una información que sinceramente desconocía aunque, quizá con un poco de perspicacia por mi parte, la hubiera podido intuir.

 En estos días de vacaciones en que los que todavía llevan a sus espaldas el peso de la crisis se ven forzados a distraerse visitando a la familia y recorriendo las playas de cercanías he tenido ocasión de compartir un fin de semana con mi familia maña. Dado que en Zaragoza tampoco hay playa, la costa valenciana es un buen lugar donde gozar de la familia – colchones al suelo si hace falta – y del acogedor brillo de las playas con bandera azul que aquí disfrutamos todavía.

 Durante alguna de las sobremesas que hemos compartido ha sido inevitable hablar de política, el escándalo Pujol y el fenómeno Podemos la han puesto de moda. No debería ser necesario encontrarnos en situaciones tan extremas para que hablar de política fuera algo habitual, pero si al final sirven para compartir posturas, contraponer opiniones y esclarecer las mentes, no voy a decir que bienvenidas sean pero sí bien aprovechadas.

 Entrando pues en materia, se abrió un amplio debate sobre la situación política española en toda su amplitud, abarcando áreas tan difusas y distantes como el estatuto de los funcionarios públicos, la carrera del cuerpo policial o la igualdad del valor del voto.

 La superación del bipartidismo ha sido punto de coincidencia entre los contertulios, pero las opciones nacionalistas y los extremismos, tanto de derechas como de izquierdas son también opciones no gratas (Pujol y Podemos entran evidentemente en este paquete). Llegados al punto álgido en que esta clase de debates suele derivar con frecuencia, surge la cuestión de a quién votar.

 La familia maña, que conoce perfectamente mis declinaciones políticas [i] tiene claro que tengo claro que los planteamientos upeydianos son aquellos que mejor perspectiva me ofrecen ante la compleja serie de cuestiones de fondo y aún de forma de que adolece la política española de los últimos veinticinco o treinta años.

 Em03_1382_VLC_nrdY he aquí que por uno de los contertulios venidos de la capital maña se argumenta lo siguiente: “Claro que es una alternativa que cabe considerar, pero cuando oigo decir a esta opción política que apoya que el “Corredor Mediterráneo” discurra por la costa sin considerar su paso por Zaragoza para seguir hacia Francia, pues también me planteo si ésta es mi opción de voto o no”.

 No sería acertado quedarnos en lo superficial de la cuestión sin entrar en lo profundo del problema. Me consta que este interlocutor se siente profundamente español, aunque maño, nada nacionalista y menos aún independentista, pero si el corredor mediterráneo ha de pasar por Cataluña y “me ha de hacer pagar peajes por cruzar su territorio, sería mejor para todos que su trayectoria se derivara por Aragón”.

 Claro que, cuando expongo la consideración de que este corredor constituye hoy un ambicioso proyecto de calado europeo, propiciado por el FERRMED, asociación fundada en 2004, cuyo fin es la promoción de un corredor ferroviario transeuropeo que incluye el corredor mediterráneo y que abarca desde Algeciras hasta Estocolmo (el eje Algeciras-Estocolmo alcanza los 3.500 kilómetros, conectando a 245 millones de ciudadanos, el 54% de habitantes de la Unión Europea y el 66% del producto interior bruto europeo) y que con este trazado se propiciaba que sirviera de conexión entre todos los puertos de mar de la costa mediterránea española, como puntos clave de descarga de mercancías transoceánicas o transmediterráneas, entonces la visión del fenómeno osciló.

 No nos quedemos en el detalle, en lo accidental o coyuntural.

 ¿Dónde radica para mí el meollo de la cuestión? pues en la siguiente consideración: resulta que nos encontramos con ciudadanos que se consideran indudablemente españoles, incluso europeos, pero que cuando se trata de algo que “no va a pasar” por su terreno, por su patria chica o por su territorio autonómico, llámese corredor mediterráneo o transvase fluvial, entonces aparece – cual epidemia vírica – la cuestión identitaria: eso lo quiero para mi tierra y no quiero pagar canon de transito por tierras de otros.

 En ese momento queda en entredicho lo español, lo verdaderamente importante, lo que mejor puede redundar en beneficio de todos los españoles, sean andaluces, valencianos, aragoneses o catalanes y es que, lo he dicho en otras ocasiones, los grandes conceptos de lo autonómico, el manejo de la diversidad territorial de España y de sus ciudadanos, cuando no se les sitúa en sus justos términos, deriva en actitud discriminatoria: [ii]

 Esta es sin duda una de las grandes batallas que tenemos pendientes de librar, si queremos que algún día sea posible una España en la que no exista diferencia alguna de derechos, ni en sanidad, ni en educación, ni en libertades, ni en justicia en la que aprendamos que no importa dónde se ubican los factores de producción de riqueza si ésta redunda al final en beneficio de todos los ciudadanos cualquiera que sea el territorio donde se hallen, que tengamos claro que el derecho lo es del ciudadano y no del territorio, que de lo que se trata en política es de derechos y no de sentimientos.

No debería ser tan difícil de asimilar y comprender.

 

[i] Expresado en términos de la acepción del DRAE de la palabra “declinación” como: caída, descenso o declive.

[ii] “El fenómeno identitario no es sino el germen de la actitud discriminatoria, la cual se presenta cuando ponemos límites y fronteras al grupo con el que nos hemos identificado.” https://joelheraklion.wordpress.com/2010/10/25/mistica-y-ascetica-identitaria/

 

 

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EL RUBICON DEL EMBELECO

Se me agolpan las ideas y quieren surgir todas a la vez pero tendré que organizar mis pensamientos y partir de una de ellas, del concepto de “sociedad civil”, que tantas veces utilizamos creyendo que todos hablamos de lo mismo pero sin que ello implique que todos coincidamos en su contenido.

En una sociedad democrática encontraremos siempre una “sociedad política” que, lejos de ser autónoma, se halla inmersa en aquella, recubierta de otras realidades sociales e históricas inseparables del ritmo y cauce por el que transcurra el funcionamiento del propio sistema. Dicho de otra forma, por mucho que queramos y creamos ser libres, los movimientos inerciales de cada individuo o ciudadano tanto dentro de una sociedad democrática, como de una sociedad política, están siempre mediatizados, desviados por la acción de influencias sociales, culturales, económicas, históricas, que interfieren en la inercia de los acontecimientos pretendidamente libres.

Hablamos de una “sociedad civil”, tratando de separarla de la “sociedad política” como si tal sociedad civil fuera algo homogéneo y autónomo pensando que en ella todos los individuos son iguales, mientras que la realidad enseña que cada uno pertenece a otra clase de individualidad heterogénea y esencialmente distinta de las demás. Es decir, la “sociedad civil” es en sí misma un conglomerado de grupos heterogéneos todos cuyos individuos convienen únicamente en “no ser la sociedad política” y suele vivir enfrentada a aquella convirtiéndose en una especie de idea metafísica “considerada como el reino de la paz, enfrentada a la sociedad política interpretada como reino de la guerra”([1]). Obtendríamos así un concepto de sociedad civil definido por pasiva, en sentido negativo, definiéndola por lo que no es, lo que evidencia su condición de conjunto heterogéneo de individuos heterogéneos.

UNA SONRISA INOCENTE

Esa heterogeneidad se manifiesta más patente cuando en una sociedad concreta interfieren culturas procedentes de distintos ámbitos geográficos. Al resultar más patentes las diferencias culturales y étnicas entre los inmigrantes y los nativos parece que estos últimos son más iguales entre sí, simplemente porque se sienten “menos diferentes”.

Es entonces cuando la “sociedad política” comienza a hablar de tolerancia, como estilo de respeto a las diferentes culturas.

He aquí la falacia. En una determinada situación conflictiva de convivencia heterogénea la virtud de la “tolerancia” no es precisamente el resultado de la fraternidad y de la igualdad entre todos los ciudadanos, es en realidad la constatación y reconocimiento implícito de la evidente desigualdad entre ellos.

Es total y simplemente un embeleco que nos ofrecen para acallar nuestras conciencias.

Hay un grado de la tolerancia que consiste precisamente en mantenernos en el mayor alejamiento posible de aquellos a quienes consideramos incompatibles con nuestra “sociedad civil”. Tolerar al otro es intentar no entrar en conflicto recíproco, a veces por propio interés, a veces por menosprecio, cuando no por el presentimiento de que el resultado de la contienda no nos va a ser favorable. Toleramos a aquel a quien consideramos diferente, inferior, capaz quizá de ocasionarme agravio o de atentar a mi integridad física, por ello me mantengo alejado tratando de engrosar con él esa “sociedad civil” para así sentirme suficientemente seguro. Necesito ser tolerante solo con el que “considero diferente”, no así con el que es igual que yo, olvidando que esa pretendida igualdad es tan solo producto de los parámetros establecidos por la “sociedad política” en el ejercicio de sus prerrogativas reguladoras y legislativas, por el reconocimiento de unos derechos y deberes regulados en las normas jurídicas y de convivencia, pero una vez salimos del “semáforo rojo”, ante el cual todos somos iguales, cada uno emprendemos un camino y un destino totalmente individualizado y entonces nos convertimos nuevamente en diferentes, en heterogéneos, pero nos parece que con éstos no sentimos la necesidad de ser “tolerantes” simplemente porque los consideramos “integrados”.

He ahí la diferencia, la falacia a que antes me he referido, y es que la tolerancia está ciertamente muy lejos de la integración, muy lejos del deseo de integrar al diferente e integrarnos con él para conseguir así que todos nos sintamos realmente iguales.

Con esta recíproca voluntad de integración la falaz virtud de la “tolerancia” resultaría innecesaria quizá por una supuesta ausencia de diferencias o quizá porque tales diferencias serían las mismas que nos hacen heterogéneos en nuestra propia y ficticia “sociedad civil”.

Joel Heraklion Silesio


([1]) (Gustavo Bueno, El fundamentalismo democrático, Ed. Planeta Madrid, 2010)

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Fernando Savater o el aristócrata platónico

“Los sabios hablan porque tienen algo que decir, los tontos porque tienen que decir algo” – Platón -.

Recientemente un compañero de UPyD, Eduardo Gómez, publicaba en la web del partido un sabroso y espléndido artículo Las piedras reptantes del valle de la muerte en el que, desde mi óptica, resaltaba dos cosas: una muy interesante reflexión sobre el deterioro del lenguaje y la decadencia de las palabras, y otra muy preocupante sobre la evolución en el tiempo de las relaciones humanas, sociales e interpersonales y el quebranto que, con el transcurso de la historia, han ido sufriendo los valores humanos creando una grave altercación de la escala axiológica.

Andaba pues yo meditando sobre “aquestas porfías” cuando me vino a la memoria que en el bachillerato humanista de los años cincuenta – el que yo estudié – en la asignatura de Filosofía (porque entonces se llamaban asignaturas y no materias ni temas) y concretamente investigando a Platón se nos explicaba que para este grandísimo filósofo la aristocracia consistía en el gobierno del pueblo por “los mejores”, (aristos significa “el mejor” en griego clásico). Sin embargo en la actualidad el significado de este término se ha deteriorado para acabar identificando como aristocracia a la nobleza y a las clases altas que, por tradición o linaje, son reconocidas como tales en la sociedad actual. He aquí otra manifestación de la decadencia de las palabras y de la subversión del escalafón de los valores.

Evidentemente casi dos mil quinientos años después, la palabra aristocracia puede no significar lo mismo, empero para Platón el estado ideal era aquel en que «los filósofos deben convertirse en reyes (gobernantes)… o esos a los que hoy se llama reyes (gobernantes)… deben filosofar genuina y adecuadamente» (La República, 473c). Esto era para él la “aristo-cracia”.

Ni que decir tiene que me gustaría rescatar el significado original del término, tratando de casarlo con el de democracia, sistema que por cierto menospreciaba el propio Platón porque para él ésta no suponía la elección de los mejores candidatos para gobernar, sino que en ella todas las personas están habilitadas en igualdad de condiciones para acceder al poder, considerando por igual a trabajadores, vagos, intelectuales, estudiantes, delincuentes y ciudadanos honorables, por lo que el resultado no garantizaba la elección de los mejores gobernantes o mayorías cualitativas, sino de las masas o mayorías cuantitativas.

Quizá pudo ser cierto entonces pero me gustaría creer que esta situación ha cambiado con los tiempos. Hace ya algún que otro siglo que la acción política – la ideología de uno u otro signo – se ha venido inspirando en filósofos-ideólogos que han ido marcando los paradigmas desde los cuales se han desarrollado distintas acciones políticas, así Hegel, Engels, Adam Smith, Keynes, Friedman y otros han ido sembrando el germen sobre el que políticos y activistas sociales han desarrollado lo que luego ha dado lugar a ideologías tales como el socialismo, el capitalismo, el liberalismo y que por un simple efecto de ubicación en los hemiciclos han derivado en las tan manidas derechas, izquierdas y centros.

Tengo la certeza, la convicción, de que un nuevo paradigma ha entrado en lid para desplazar de una vez por todas las viejas ideologías. Hace ya casi veinte años que distintos pensadores, escritores de renombre, algún que otro círculo de opinión y foros de debate han venido advirtiendo, quizá con tímido acento, de la herrumbre que recubre el taño de estas trasnochadas ideologías. El pluralismo cultural, las imbricaciones de la economía mundial, la internacionalización de los mercados, el declive del marxismo, la desarticulación del capitalismo como elemento distorsionador y generador de una economía de clases, la globalización en su sentido más amplio, y el auge que cualitativa y cuantitativamente han experimentado las mal llamadas clases medias, irrumpiendo en las distintas sociedades como engranaje de mayor peso específico entre los otros dos estratos sociales, cada vez más reducidos y minoritarios, todos estos factores evidencian que las políticas, los políticos y las ideas precisan de una renovación, de un nuevo paradigma que es necesario hacer llegar a la conciencia de una sociedad que todavía no se ha dado cuenta de ello.

Por eso he querido rescatar la idea del gobierno de “los mejores” que ha permanecido olvidada durante más de dos mil años, de los aristócratas de la política, de los aristócratas platónicos, de políticos que “filosofen genuina y adecuadamente” que cambien los paradigmas y que cambien la sociedad. Solo que la «falta de sentido de Estado de las dos principales formaciones, obsesionados con mantener el establishment para que no cambie nada» y la proliferación de los «mangantes de la política, como uno de los principales problemas de España» como ha resaltado Rosa Díez, está propiciando un clima de desencanto que se constituye en caldo de cultivo para la aparición de políticos populistas, políticos desaprensivos, advenedizos oportunistas mediáticos y lo que es peor aún, la aceptación por parte de algunos foros de opinión de que la absoluta falta de formación y de cultura no supone inconveniente alguno para que aquellos que, de una u otra forma pretendan regir los destinos de los ciudadanos y ciudadanas, accedan a las instituciones.

Este es sin duda el gran reto de UPyD, hacer saber a los ciudadanos que lo que mayoritariamente anhelan ya está en el ideario de un partido político nuevo, joven y transversal como es Unión, Progreso y Democracia, conseguir que todos los estratos sociales, incluido el intermedio que constituye el basamento más estable, denso y consistente del Estado, lleguen a identificar a UPyD como aquel partido político que responde a unas aspiraciones todavía no satisfechas por nadie, abriendo de una vez por todas sus esperanzas hacia la convicción de que otra forma de hacer política es posible, más que posible, es real.

Es imprescindible contar con Fernando Savater para ello.

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POLLYANNA

A mi amigo y admirado bloguero, coautor de sustanciosas entradas en  Destructopía dual, Julio Lleonart, le ha faltado tiempo para publicar la siguiente: “Análisis frío y divulgativo de las elecciones autonómicas catalanas de 2010” y en ella advierte: Que nadie espere en esta entrada un análisis de los resultados de UPyD, no me corresponde a mí hacerlo. Desconozco demasiado cómo se ha llevado la campaña, los medios y el objetivo esperado como para poder hacer un análisis serio y fiable.”

Vale la pena leerla y no le falta razón al esgrimir tal prevención, yo también me declaro ígnaro de cuales han sido los medios, el objetivo marcado y la gestión de la campaña, pero tales datos serían necesarios tan solo para poder realizar una valoración de los resultados obtenidos con respecto a las expectativas creadas, para evaluar el éxito o el fracaso, para sancionar la gestión, etc. para lo cual me reitero incompetente, totalmente incapaz, o incapacitado, como se quiera. Pero sí creo que es posible elucubrar al respecto, “sine iudicii animus”, para tratar al menos de realizar las oportunas reflexiones y obtener las posibles consecuencias, no de los resultados de las elecciones catalanas en general, sino de los resultados concretos de UPyD en particular, y no me voy a privar de ello.

Toda historia tiene un principio y todavía se está escribiendo el principio de la historia de UPyD. Esta formación política consiguió, habida cuenta de lo caro en votos que resultó, un satisfactorio escaño en las elecciones generales de 2008, otro en las elecciones al Parlamento vasco y otro en las del Parlamento europeo, estos dos últimos en 2009. Alguien pudo pensar que este goteo, por escaso que parezca, podría mantenerse en las recién terminadas autonómicas de Cataluña, pero quien así lo haya augurado no se pregona precisamente de buen oráculo, porque olvida – o ignora – que todavía se está construyendo la historia de UPyD. Sencillamente está jugando a la “gallinita ciega”, a ver si por suerte me topo con algún escaño en el camino, y este –permítaseme la pertinacia – no es el camino.

Los resultados son los que han sido, 5.293 votos en toda Cataluña, y eso ya es un dato, es una realidad de la que partir y supone tanto como poder dejar de seguir jugando a la “gallinita ciega”, como sucederá igualmente en mayo de 2011, en las elecciones autonómicas y municipales del resto de España, del resto de España insisto, porque si ya se han celebrado las del País Vasco y las de Cataluña, que son dos partes diferentes de España cada una, faltan las del resto.

Después de aquellos ya próximos comicios UPyD tendrá ya un suelo, un suelo electoral puntualmente evaluado para cada uno de los territorios donde concurra, ya sea en los distintos gobiernos autonómicos o en los posibles ayuntamientos donde se presente y será entonces cuando comenzará de verdad a escribir su historia, contará ya con los precedentes imprescindibles para poder “hacer camino al andar”. UPyD está en su Km. 0 y tiene aún todo por recorrer y ha de comenzar a prepararse para los maratones que tiene por delante, tiene que preparar sus medios, sus estrategias y sobre todo tiene que preparar a sus atletas, a los que han de protagonizar esos maratones para lo que han de estar suficientemente formados y gozar del necesario “fondo” para llegar, cual Filípides griego, hasta la meta.

No hay ninguna razón para ser pesimistas, antes al contrario hay que ser realistas y, si me apuran, optimistas. Hay que dejar de jugar a la “gallinita ciega” y elegir el juego de Pollyanna, el que le enseñó su padre cuando residía con él en misiones en aquel día en que, esperando una remesa de regalos para los niños pobres entre los que se encontraba ella, y deseando fervientemente una muñeca, le enviaron un par de muletas. Pollyanna ante la decepción se turbó y cayó en melancolía y fue entonces cuando su venerable padre le enseñó el juego del “alegrarse”. ¿De qué puedo alegrarme padre – inquirió la niña – si yo no necesito unas muletas? A lo que su sabio progenitor le contestó: “Precisamente de eso hija, de que no las necesitas”.

Voy a prescindir de los 5.293 votos que ha obtenido UPyD en estos comicios, pero voy a plantear el escenario que ha quedado a la vista tras ellos, sin entrar en valoraciones de quién ha perdido o quién ha ganado, no me interesa a estos efectos.

El PSC-PSOE ha obtenido algo más de 570.000 votos; el PP 384.000 y algún pico (podemos redondear a miles sin que desvirtuemos el análisis); C,s 105.000; nulos 21.000; en blanco 92.000; (con respecto a estos dos últimos datos reitero el análisis del blog de Julio Lleonart); y por último una abstención de 2.095.000 votantes. El total de personas que no han votado opciones nacionalistas asciende a casi 3.270.000. Como no está suficientemente esclarecida, al menos para mí, la línea ideológica de las demás formaciones no consideradas aquí no puedo situarlas desde el prisma identitario, pero para que el error no perjudique mis estimaciones voy a considerar que todas ellas tienen un mayor o menor sesgo nacionalista, algunas claramente identitarias, sin ningún sesgo.

Juguemos a Pollyanna: si de 5.230.000 ciudadanos de Cataluña con derecho a voto, al menos 3.270.000 electores no han votado nacionalista para que el lector no tenga necesidad de sacar la calculadora le informo de que yo ya lo he hecho y esto supone que el 62’52 % del voto en Cataluña, es, como poco, no identitario. ¿Hay o no hay “tajo” donde afanarse? ¿Es o no es un auténtico maratón lo que queda pendiente? ¿De qué podemos “alegrarnos”? Precisamente de eso, de todo lo que le queda por hacer a UPyD, de que hay mucho por lo que trabajar y de que tiene por ello que seguir trabajando, trabajando duro, sin descanso pero sin desmayo.

A mi me sigue divirtiendo jugar al juego de Pollyanna.

Pollyanna es una novela de Eleanor H. Porter publicada en el año 1913. Cuenta la historia de una niña, hija de misioneros que, al quedar huérfana de padre y madre, es enviada a vivir con su estricta Tía Polly. Educada con optimismo por parte de su padre, usa el juego que éste le enseñó de encontrar el lado bueno de cualquier situación para alegrar la vida de todos los que la rodean.

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MISTICA Y ASCETICA IDENTITARIA

Stephen HawkingEn filosofía, la identidad es la relación que cada entidad mantiene sólo consigo mismo (Robert Audi: The Cambridge Dictionary of Philosophy). Lo místico, derivado del término griego “místikós” (cerrado, arcano o misterioso) es una actitud contemplativa, no racional, que en el uso cotidiano puede ser atribuida a distintas entidades, así hablamos de una mística pagana, una mística cristiana, una mística española, una mística religiosa, una mística teológica… En teología la ascética es la práctica de ejercicios o métodos para alcanzar ese estado místico o contemplativo. Así el yoga no es sino una ascesis que pretende ayudar a alcanzar el máximo estado místico del budismo: el nirvana.

En la relación cotidiana con nuestros semejantes, de manera impremeditada la mayoría de las veces, a través de la categorización nos situamos a nosotros y a los demás dentro de categorías: etiquetar a los demás como rubios, turcos, musulmanes, futbolistas, calvos o melenudos son formas de decir otras cosas acerca de ellos. Otra actitud que desarrollamos instintivamente es la identificación mediante la cual nos asociamos con nuestro grupo para reafirmar nuestra autoestima y establecemos la inmediata comparación con los demás grupos buscando el sesgo favorable hacia aquél con el que nos sentimos identificados. Estas prácticas de categorización, identificación y comparación constituyen propiamente la ascética que nos lleva de la mano a la contemplación mística de lo que se entiende por distinción psicosocial: que se presenta cuando deseamos que nuestra identidad sea a la vez distinta de y positivamente comparable con otros grupos. El fenómeno identitario no es sino el germen de la actitud discriminatoria, la cual se presenta cuando ponemos límites y fronteras al grupo con el que nos hemos identificado.
No habría nada que objetar, si mantuviéramos la pertenencia a un grupo a los únicos efectos de interrelación humana, social, racional, no excluyente, sin perder de vista que aquel grupo en que, de forma primaria, nos situamos no es sino un eslabón de la cadena formada con otros más amplios, con los que fácilmente podemos seguir identificándonos. Cabría hablar así de una mística y una ascética identitaria que no quedase estancada, que “progresara” ampliando el círculo, el perímetro, el radio desde el centro geométrico del que se parte que es el individuo. Así yo soy nacido en Ruzafa, “la terra el ganxo”, una alquería de origen andalusí cuyo nombre significa «jardín» y que hasta 1877 constituyó municipio independiente del de Valencia, por ello puedo afirmar que soy “ruzafeño”. Pero a partir del momento en que aquel municipio, junto con otros poblados del sur que lo integraban, desde el Faitanar hasta el Saler, el Perellonet y la Albufera, pasaron a formar parte del término municipal de Valencia, es evidente que yo soy valenciano. Es así que Valencia se halla en la Comunidad Valenciana, pues debo reconocerme como ciudadano comunitario valenciano. Si seguimos el enlace, se verifica que soy español, y en cuanto alarguemos el radio de mi circulo identitario resulto ser europeo, ciudadano del continente eurasiático y ciudadano del mundo. Por si algún día mis descendientes constatan que hay vida inteligente en otros planetas, dejaré dicho que me identifiquen como ciudadano del universo.
El problema nace cuando en el síndrome identitario se inoculan los virus del narcisismo, a saber: el nepotismo, el chauvinismo, el clientelismo, la xenofobia, etc. virus todos ellos que provocan que en esa comparación ascética busquemos el sesgo favorable, hasta encontrar la distinción psicosocial, es decir, la discriminación por rangos, cualesquiera que estos sean, el “conservadurismo” en suma. Para Stephen Hawking, en su obra interactiva digital “Vida en el Universo”, no existen demasiadas diferencias entre un virus biológico y uno informático, ambos necesitan de un conjunto de instrucciones que indican al sistema como sustentarse y reproducirse, los genes, y un mecanismo para ejecutar tales instrucciones, el metabolismo. Para Hawking el virus informático es más bien una forma degenerada de vida pues solo contiene las instrucciones o genes, pero no el metabolismo en si mismo ya que se limita a reprogramar el ordenador o célula anfitriona. Para él dice mucho el hecho de que la única forma de vida creada por la naturaleza humana haya sido algo meramente destructivo. Existen todavía otras clases de virus igualmente destructivos que están por identificar, los ideológicos.
El Estado de las Autonomías instaurado en España desde la Constitución de 1978, en sí, no debía generar ningún problema salvo el desafortunado invento de los dos caminos para alcanzar tal autonomía: el art. 151 y el 145. Pero salvada esta circunstancia, nada hacía presagiar lo que ha venido después. Sin saberlo, sin advertirlo, los virus narcisistas se han ido infiltrando en las convicciones de “casi todos”, hasta el punto de que para algunos consumir productos alimenticios, agrícolas o ganaderos, de zonas geográficas colindantes o distantes de la propia es poco menos que denigrante. Tales virus no han sido inoculados en nuestro organismo ni en nuestros ordenadores, sino en nuestra mente, en nuestras conciencias, en nuestras creencias, en nuestras ideas, cegando nuestro entendimiento y elevando a categoría de lógico o normal comportamientos de talante discriminatorio, mientras que por otro lado esas mismas voces entonan el cántico a la igualdad y a los derechos humanos. La distinción psicosocial (discriminación) cohabita impúdicamente con la constante apelación al derecho constitucional de igualdad ante la ley y para algunos – demasiados – no supone ningún problema llevarla encima como si de su uniforme de trabajo se tratara.
Es ineludible investigar en la búsqueda de retrovirales efectivos que nos ayuden a recuperar la sanidad mental y el equilibrio ideológico, dando a lo identitario la máxima amplitud de miras, removiendo fronteras ideológicas y derribando límites de conciencia. Es imprescindible devolver a la humanidad la convicción de que la ciudadanía va más allá de su círculo inmediato, más allá incluso de las fronteras geográficas, reconociendo nuestra pertenencia al único grupo posible, el ser humano.
Supongo que más de un lector se ha quedado esperando que hablara de los nacionalismos. Es evidente que, por implícito, resultaba innecesario.

Joel Heraklion Silesio