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PARAPLEJIA DEMOCRATICA

Resulta verdaderamente curioso observar como se reproduce en el ser humano aquel fenómeno de que a base de repetir constantemente una falsedad acaba por ser asimilada por el mismo que la asevera como una indiscutible realidad. El Sr. Gómez de la Serna y Villacieros, D. Pedro Ramón, Presidente de la Comisión Consultiva de Nombramientos del Congreso de los Diputados ha sucumbido a este fenómeno de autocomplacencia (mejor que definirlo como auto-engaño) al afirmar que las posiciones ideológicas de Unión Progreso y Democracia, se hallan extramuros de la Constitución.

Ciertamente curioso, extravagante y anodino.

El fundamentalismo democrático lleva inexorablemente a esta clase de afirmaciones que carecen del más mínimo sentido de la realidad y todo porque durante más de treinta años se han acostumbrado todos los políticos a considerar como normal, auténtico y democrático algo que, considerado con cierta perspectiva y el necesario sentido crítico, no resiste el análisis más elemental, ese análisis que – desprovista de todo envoltorio ideológico institucionalizado – ha expuesto de manera especialmente brillante y profunda la portavoz del grupo parlamentario de UPyD, Rosa Díez.

Prestemos atención, una comisión en la que deberían estar presentes todos los portavoces de los grupos parlamentarios y en la que tan solo están tres, evidencia que los ausentes consideran inutil su presencia porque, como se dice en lenguaje coloquial, todo el pescado está vendido. Y de los tres presentes, uno de ellos la portavoz de UPyD aún a pesar de que coincide con los ausentes en su análisis de inutilidad a los efectos del objeto de la comisión es lo cierto que, en un ejercicio de parlamentarismo del más rancio abolengo, logra dar la vuelta a la situación y consigue con extraordinaria habilidad, luminosidad en la exposición y serenidad en el acento, sacarle partido a la comparecencia y puesto que el nombramiento de los comparecientes era ya «cosa juzgada», utiliza su tiempo en denunciar publicamente lo que ella misma califica de «paripé», de farsa, de apariencia de control democrático a algo que en definitiva no es sino un reparto del poder hegemónico de las mayorías parlamentarias en el interior de las instituciones públicas que se supone deberían, según Montesquieu, ser independientes. Denuncia al tiempo que al igual que la crisis financieera devino porque falló el control financiero, la crisis política que estamos sufriendo es consecuencia de la falta de control democrático. Porque en ese acto se simulaba que estaban haciendo lo que NO estaban haciendo: examinar a los candidatos. Éstos venían ya con el diploma de aprobado debajo del brazo y por lo tanto la Comisión Consultiva de Nombramientos resulta a todas luces innecesaria, ineficaz y redundante.

Y por esto el Sr. Gómez de la Serna, cuyo eventual parentesco con el genial creador de las «greguerías» desconozco, da síntomas de contener algún que otro gen de D. Ramón al afirmar que UPyD, único partido que mantiene la defensa del respeto a la España constitucional hasta sus últimas consecuencias, tan solo por el hecho de mantener la separación de poderes intacta e impoluta se sitúa extramuros de la Constitución.

Esto está más allá del fundamentalismo democrático, esto raya en la paraplejia democrática. El sistema ha quedado sin duda anquilosado y requiere sin falta de una remodelación, pero hay demasiados beneficiarios de tal anquilosamiento y ello dificulta enormemente el inicio del camino de la necesaria refundación del Estado español. Y es que va a resultar que es la propia Constitución española la que ha quedado «extramuros» de la democracia.

Joel Heraklión Silesio.

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Camino de Ítaca, a través de Jericó (solo para iniciados)

 Las Murallas de Jericó

  • “Sucedió que después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, habló el Señor a Josué, hijo de Nun, ministro de Moisés, y le dijo: ‘Mi siervo Moisés ha muerto; anda y pasa el Jordán tú y todo el pueblo contigo, para entrar en la tierra que daré a los hijos de Israel”.
  • Con esas palabras el Señor le ordenó a Josué la conquista de Canaán. Y una vez frente a Jericó, volvió a hablarle para decir: “Mira, Yo he puesto en tus manos a Jericó y a su rey y a todos sus valientes. Dad la vuelta a la ciudad una vez al día todos los hombres de armas. Y haréis esto por espacio de seis días. Y al séptimo tomen los sacerdotes siete trompetas de las que sirven para el jubileo, y vayan delante del Arca del Testamento, y en esta forma daréis siete vueltas a la ciudad, tocando los sacerdotes sus trompetas; y cuando se oiga su sonido más continuado y después más cortado, e hiriere vuestros oídos, todo el pueblo gritará a una con grandiosísima algazara, y caerán hasta los cimientos los muros de la ciudad por todas partes, y cada uno entrará por la que tuviere adelante”

Dice Kavafis, en su exquisito poema Ítaca, que cuando emprendas tu viaje hacia ella no has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni la cólera del airado Poseidón, porque si tu pensamiento es elevado y tu alma limpia, los lestrigones y los cíclopes y el feroz Poseidón, no podrán encontrarte, si tú no los llevas ya dentro, en tu alma, si tu alma no los conjura de ti.

Hace ya algo más de tres años que yo decidí emprender mi personal camino a Ítaca, un camino que ciertamente ha de ser largo, como también augura el propio Kavafis, y no me importará si tengo que “marchar” antes de llegar a tan anhelado destino porque no estoy solo en él, otros muchos me acompañan y seguirán sin mí y a buen seguro, hasta el final.

Lo emprendí cuando, escuchando a una relevante y admirada figura de la política española actual recibí el mensaje de que alguien estaba proponiendo precisamente aquello que yo pensaba: “que la política ha de estar al servicio de los ciudadanos y no de las siglas de los partidos”, que éstos no son sino “un instrumento al servicio de la política” y que ésta solo se justifica si su finalidad no se aparta del objetivo de “resolver los problemas de aquellos”.

Lo que Kavafis no previno es que en ocasiones este viaje a Ítaca necesita atravesar Jericó, porque hay circunstancias en que alguien o algunos no han sido capaces de alcanzar la madurez democrática suficiente para entender que el talante democrático implica necesariamente el respeto al resultado de unas elecciones limpias y ordenadas. Hay circunstancias en que la falta de entendimiento desata pasiones, controversias y antagonismos, de mayor altura y consistencia quizá que las propias murallas de Jericó. Estamos convencidos de que “el entendimiento ha de construirse no en base a reparto de poder sino a partir del debate sereno y sincero sobre ideas y propuestas” , sobre todo si queremos hacer política, “hacer política de otra manera”, encontrar otra manera de hacer política. Es necesario tomar iniciativas que “incentiven el esfuerzo y la participación” si queremos construir un conglomerado “estable y fiable, que trabaje de forma inmediata para sacarlo del estado de depresión en que se encuentra.

Ni que decir tiene que los entrecomillados en cursiva, son frases pronunciadas y/o escritas por esa relevante figura de la política actual española a la que antes hice referencia.

No puedo obviar una cita frecuente que tan notable personalidad atribuye a Stanislav J. Lec: “Una pequeña piedrecita puede hacer variar el rumbo de la avalancha” y que en el aforismo de moda podría también identificarse con el llamado “efecto mariposa”.

Y los sacerdotes hicieron sonar sus trompetas siete veces y los muros de la ciudad cayeron desde sus cimientos.

Recientes acontecimientos de alcoba me han provocado la idea de que la piedrecita ha saltado al camino, la mariposa ha comenzado a volar y los sacerdotes de Josué han iniciado sus siete vueltas alrededor de Jericó.

Mientras estamos manteniendo públicamente que España lo que necesita es que se rompa la política de bloques, hay quien se empeña en mantener esta dinámica en las cocinas donde se cuecen los guisos con los que pretendemos alimentar a la cosa pública, provocando enfrentamientos “demasiadas veces de forma tan artificial como perjudicial para el conjunto”.  Es imprescindible porfiar en el “empeño de superar las trincheras y defender lo que nos une buscando el máximo denominador común.” “Queda demostrado que defendiendo principios y valores es posible alcanzar éxitos políticos.

Es cierto: “el viaje sigue y empieza a la vez” y Jericó “no es sino una de las escalas de nuestro particular viaje a Ítaca.” El viaje va a estar pleno de aventuras, para poder honrar a los hombres que permanezcan fieles a sus convicciones, fieles a su pueblo, fieles a su compromiso.

Joel Heraklión Silesio.

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ENTRE EL CANCER Y LA GANGRENA (Solo para iniciados)

Holy Week in Tequixquiac Español: Semana Santa...No soy médico, pero he vivido entre ellos desde mi infancia. No estoy seguro de saber qué es peor si el cáncer o la gangrena, quizá cualquiera de ambos siempre que no sean tratados a tiempo.

El cáncer requiere descripción temprana, a la par que localización puntual y anticipación a la metástasis. Luego, por supuesto, diagnóstico acertado y tratamiento adecuado. A partir de ahí todo queda en manos de la sabia naturaleza.

La gangrena ofrece ciertas ventajas iniciales, aunque con reservas. Suele afectar a zonas epidérmicas superficiales y en general tiene mayor incidencia cuando tiene su origen en el tratamiento tardío de heridas infectadas. Pero – al igual que en el cáncer – si se demora el diagnóstico y/o la intervención clínica puede suponer, en el mejor de los casos, la amputación  total o parcial de algún miembro. Como en la anterior crisis, a partir de ahí todo queda en manos de la madre naturaleza.

Quiero dejarlo bien claro: estas afirmaciones solo tienen el apoyo de mi experiencia como observador de la vida y mi proximidad a amigos y familiares médicos, por ello pueden adolecer de toda la falta de rigor científico que se le quiera adjudicar, porque realmente carecen de él.

GolgotaMi confesada impericia no importa a los efectos de este post, porque es mi intención manejar estos conceptos a título exclusivamente parabólico, dialéctico quizá, porque en múltiples ocasiones en nuestras relaciones humanas, también llamadas sociales, nos encontramos rodeados de uno de estos dos «factores necrosantes» – en el diccionario de la RAE no existe el término necrosante pero los doctores lo utilizan en su jerga profesional – que va lenta pero indeleblemente contagiando a las células más próximas y más débiles. Personalmente considero que esta clase de comportamientos son dudosamente sociales pero indubitadamente humanos.

Podríamos decir que esto es muy humano, pero no es socialmente tolerable, no es cívico y no sé si es producto de una imperfecta civilización o son residuos ancestrales de nuestro pasado biológicamente más remoto previo al estado de civilización. Tampoco soy antropólogo y no puedo hacer afirmaciones eruditas, pero estoy seguro de que a pesar de mi “vulgaris oratio” se me entiende todo.

¿Y qué ocurre cuando dentro de un grupo socialmente cohesionado se produce este ataque de “Clostridium perfringens(bacteria necrotizante considerada como la más agresiva) y no se toman medidas, o se realiza un diagnóstico equivocado, o ni siquiera se realiza tal diagnóstico? Tampoco es preceptivo ser especialista clínico para encontrar la respuesta, tanto se me da que el problema venga de un crecimiento incontrolado de las células del organismo, como de una infección bacteriana: si no se describe a tiempo o no se acierta en el diagnóstico o no se aplica el tratamiento adecuado (o no se aplica ningún tratamiento) la naturaleza – sabia ella – seguirá su curso y actuará por nosotros.

Imagen

Al menos Él tuvo una divina causa para ello.

Desde hace tiempo vengo asistiendo a la contemplación más pasiva de cuanto es tolerable, en un conjunto socialmente homogéneo y democráticamente organizado, de una metástasis celular – o quizá una gangrena “gaseosa” (según los entendidos: infección bacteriana que produce gas dentro de los tejidos gangrenados) –  cuyo transcurso todos, o algunos, se limitan a contemplar como si de una procesión de Semana Santa se tratara. Otros derraman lágrimas de dolor contemplando los “pasos” que avanzan por entre los “fieles”. Diversos portadores de fervorosas luminarias elevan “saetas”, no sé si emponzoñadas, llevados por la gozosa alegría que les produce contemplar el curso de los “nazarenos”. Alguien resulta “crucificado” por el camino, no sé si es un Gestas o un Dimas, pero al final Jesús murió en la cruz. Al menos Él tuvo una divina causa para ello.

Joel Heraklión Silesio.

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EL DISCURSO DEL REY

Hace poco se han cumplido 36 años, exactamente el 22 de noviembre del 2011.

PAREJA REAL

Fotograma del rodaje de "El discurso del Rey"

Ahora que se ha puesto de moda un injustificable recobro de la memoria histórica o un enfermizo tic de desenterrar a los muertos, a mí me ha dado por recuperar una “memoria histórica viva”. Ya me lo habían dicho, o lo había leído: en el cerebro humano los recuerdos se almacenan como las hojas de una cebolla, los más recientes se hallan en la superficie y los más lejanos en el propio corazón del liliáceo bulbo.

Los menores de 45 años pueden no recordarlo, muchos de ellos no habían nacido y otros eran lo suficientemente jóvenes en 1975 para haberlo podido escuchar con suficiente comprensión. Pero yo sí, yo estuve allí, bueno aquí porque lo escuché en televisión, en la uno, no había otra; y lo escuché muy atentamente con la ilusión y esperanza de la apertura de una nueva “frontera”, al estilo Kennedy.

Comenzaba así: “En esta hora, cargada de emoción y esperanza, llena de dolor por los acontecimientos que acabamos de vivir, asumo la Corona del Reino con pleno sentido de mi responsabilidad ante el pueblo español y de la honrosa obligación que para mí implica el cumplimiento de las leyes y el respeto de una tradición centenaria que ahora coinciden en el Trono.”

Vaya por delante antes de profundizar en ello que a mí, con mi modo transversal de entender el mundo y la vida, me resulta indiferente la concepción monárquica del Estado español o la nostalgia republicana que algunos exudan. Mantener a una familia real o a un séquito presidencial republicano tanto se me da. Ni siquiera el carácter hereditario de uno o elegible del otro me conmueven, entre otras cosas porque nada me garantiza que el resultado de una elección nos proporcione un ¿dirigente? No, tan solo un símbolo de ¿unidad? Es ciertamente dudoso.

El “dolor por los acontecimientos” recientemente vividos no era sino la muerte del dictador. Seguía así: “Como Rey de España, título que me confieren la tradición histórica, las Leyes Fundamentales del Reino y el mandato legítimo de los españoles, me honro en dirigiros el primer mensaje de la Corona que brota de lo más profundo de mi corazón.” Por si alguien lo desconoce – los más jóvenes que no hayan tenido oportunidad de estudiarlo – las Leyes Fundamentales del Reino eran el conjunto de normas para-constitucionales dictadas por Franco y sancionadas por las Cortes de una eufemísticamente denominada “democracia orgánica”.

En un momento determinado, el Rey elevó el tono, marcó un enfático

Busto de Juan Carlos I de España

Juan Carlos I de España

acento y dijo: “¡Que nadie espere una ventaja o un privilegio!” y todos nos llenamos de gozo al escuchar tan esperanzador mensaje.

Claro, si comienzo a deshojar las fistulosas hojas de mi bulbo raquídeo no puedo por menos que encontrarme con este acontecimiento que aparece en su superficie antes de desenterrar a los muertos y revivir una guerra civil que solo los mayores de ochenta años pueden recordar. Y ¿con qué nos encontramos treinta y seis años después? Con que de eliminación de ventajas o privilegios, nada de nada. El término privilegio, que como todos saben bien deriva del latín “privilegium”, ley privada, consiste en la exención de una obligación o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia.

Ni cortos ni perezosos los políticos del momento – de aquél momento 36 años ha – se afanan en construir una democracia ahíta de privilegios y prebendas para la clase política. El gobierno se reserva la potestad de nombrar al Fiscal General del Estado, las Cortes la de nombrar a los miembros del Consejo General del Poder Judicial, del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo. Y con toda desfachatez, ante unos jóvenes españoles ávidos de libertades y democracia, se inventan el “privilegio” del aforamiento. Según el Diccionario de la RAE, una de las acepciones del sustantivo fuero es la competencia jurisdiccional especial que corresponde a ciertas personas por razón de su cargo: Fuero parlamentario.

Es necesario analizarlo con detenimiento. Si es el poder institucional, en sus diversas manifestaciones, el que tiene la potestad de decidir sobre el Ministerio Fiscal y sobre las altas jerarquías jurisdiccionales y luego decide que los aforados – los titulares del “fuero parlamentario” – solo pueden ser juzgados por aquellos Tribunales cuyos componentes han sido nombrados por ellos mismos. ¿No es tanto como decir?: a los nuestros solo los juzgan los nuestros.

Mas adelante dijo: “La justicia es el supuesto para la libertad con dignidad, con prosperidad y con grandeza. Insistamos en la construcción de un orden justo, un orden donde tanto la actividad pública como la privada se hallen bajo la salvaguardia jurisdiccional.

Dicho esto, las fuerzas políticas del momento gestan un “privilegiado” sistema de cobertura y previsión social exclusivo para “los nuestros”, para esos que solo serán juzgados por “los nuestros”, permitiendo que tan solo con siete años de permanencia en las instituciones se garanticen una pensión vitalicia con la mejor base reguladora posible y ningún partido, ni de la derecha ni de la izquierda, manifestó su más mínimo desacuerdo, antes al contrario lo apoyaron con un silencio mediático que pone en evidencia las más denigrantes vergüenzas ajenas.

Con la entrada de una nueva clase política regeneradora en la Asamblea y en el Ayuntamiento de Madrid se siguen poniendo en evidencia “privilegios” que la incipiente corona negó treinta y seis años atrás y algo me hace pensar que pronto se van a poner en evidencia en el nuevo Parlamento, en trance de constitución, tras el reciente proceso electoral que se ha hecho coincidir con el aniversario de la muerte del dictador y con el de dos días antes de que D. Juan Carlos I asumiera la Corona del Reino.

¿Qué hacemos con “la memoria histórica viva” y con el discurso del Rey?

Joel Heraklión Silesio.

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EL RUBICON DEL EMBELECO

Se me agolpan las ideas y quieren surgir todas a la vez pero tendré que organizar mis pensamientos y partir de una de ellas, del concepto de “sociedad civil”, que tantas veces utilizamos creyendo que todos hablamos de lo mismo pero sin que ello implique que todos coincidamos en su contenido.

En una sociedad democrática encontraremos siempre una “sociedad política” que, lejos de ser autónoma, se halla inmersa en aquella, recubierta de otras realidades sociales e históricas inseparables del ritmo y cauce por el que transcurra el funcionamiento del propio sistema. Dicho de otra forma, por mucho que queramos y creamos ser libres, los movimientos inerciales de cada individuo o ciudadano tanto dentro de una sociedad democrática, como de una sociedad política, están siempre mediatizados, desviados por la acción de influencias sociales, culturales, económicas, históricas, que interfieren en la inercia de los acontecimientos pretendidamente libres.

Hablamos de una “sociedad civil”, tratando de separarla de la “sociedad política” como si tal sociedad civil fuera algo homogéneo y autónomo pensando que en ella todos los individuos son iguales, mientras que la realidad enseña que cada uno pertenece a otra clase de individualidad heterogénea y esencialmente distinta de las demás. Es decir, la “sociedad civil” es en sí misma un conglomerado de grupos heterogéneos todos cuyos individuos convienen únicamente en “no ser la sociedad política” y suele vivir enfrentada a aquella convirtiéndose en una especie de idea metafísica “considerada como el reino de la paz, enfrentada a la sociedad política interpretada como reino de la guerra”([1]). Obtendríamos así un concepto de sociedad civil definido por pasiva, en sentido negativo, definiéndola por lo que no es, lo que evidencia su condición de conjunto heterogéneo de individuos heterogéneos.

UNA SONRISA INOCENTE

Esa heterogeneidad se manifiesta más patente cuando en una sociedad concreta interfieren culturas procedentes de distintos ámbitos geográficos. Al resultar más patentes las diferencias culturales y étnicas entre los inmigrantes y los nativos parece que estos últimos son más iguales entre sí, simplemente porque se sienten “menos diferentes”.

Es entonces cuando la “sociedad política” comienza a hablar de tolerancia, como estilo de respeto a las diferentes culturas.

He aquí la falacia. En una determinada situación conflictiva de convivencia heterogénea la virtud de la “tolerancia” no es precisamente el resultado de la fraternidad y de la igualdad entre todos los ciudadanos, es en realidad la constatación y reconocimiento implícito de la evidente desigualdad entre ellos.

Es total y simplemente un embeleco que nos ofrecen para acallar nuestras conciencias.

Hay un grado de la tolerancia que consiste precisamente en mantenernos en el mayor alejamiento posible de aquellos a quienes consideramos incompatibles con nuestra “sociedad civil”. Tolerar al otro es intentar no entrar en conflicto recíproco, a veces por propio interés, a veces por menosprecio, cuando no por el presentimiento de que el resultado de la contienda no nos va a ser favorable. Toleramos a aquel a quien consideramos diferente, inferior, capaz quizá de ocasionarme agravio o de atentar a mi integridad física, por ello me mantengo alejado tratando de engrosar con él esa “sociedad civil” para así sentirme suficientemente seguro. Necesito ser tolerante solo con el que “considero diferente”, no así con el que es igual que yo, olvidando que esa pretendida igualdad es tan solo producto de los parámetros establecidos por la “sociedad política” en el ejercicio de sus prerrogativas reguladoras y legislativas, por el reconocimiento de unos derechos y deberes regulados en las normas jurídicas y de convivencia, pero una vez salimos del “semáforo rojo”, ante el cual todos somos iguales, cada uno emprendemos un camino y un destino totalmente individualizado y entonces nos convertimos nuevamente en diferentes, en heterogéneos, pero nos parece que con éstos no sentimos la necesidad de ser “tolerantes” simplemente porque los consideramos “integrados”.

He ahí la diferencia, la falacia a que antes me he referido, y es que la tolerancia está ciertamente muy lejos de la integración, muy lejos del deseo de integrar al diferente e integrarnos con él para conseguir así que todos nos sintamos realmente iguales.

Con esta recíproca voluntad de integración la falaz virtud de la “tolerancia” resultaría innecesaria quizá por una supuesta ausencia de diferencias o quizá porque tales diferencias serían las mismas que nos hacen heterogéneos en nuestra propia y ficticia “sociedad civil”.

Joel Heraklion Silesio


([1]) (Gustavo Bueno, El fundamentalismo democrático, Ed. Planeta Madrid, 2010)

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OIR CAMPANAS

Cuando el 15M tomé contacto mediático con aquella iniciativa “cívica” que se autoidentificó con el acrónimo de la fecha de inicio de su andadura, me invadió una especie de exultante optimismo. De repente vi reproducidos los movimientos de finales de los sesenta en Europa o mediados de los setenta en España. Por fin la juventud volvía a tomar la iniciativa en su sempiterna misión de reformar la anquilosada sociedad vegetativa controlada por sus conservadores predecesores. Porque el conservadurismo no es patrimonio de la derecha, sino de todos aquellos que, instalados en posiciones acomodaticias de las estructuras sociales, económicas, políticas o de cualquier otra índole, tratan de mantener su “statu quo” a toda costa para no perderse el machito.

 Pero aquella euforia me duró poco. Su composición comenzó el camino de su descomposición al contener personas no tan jóvenes que trataron de monopolizar el protagonismo mediático que les proporcionaba dirigirse a todos los que habían tenido la iniciativa. Aseguraban no identificarse con ningún partido político activo, pero lanzaron al aire mensajes que ya habían sido expresados y difundidos, con menos repercusión mediática desde luego, por un partido político concreto de reciente aparición en las canchas electorales. Tras las últimas elecciones locales ya son muchos los españoles que han identificado a este partido, pero para los que aún lo ignoren perfilaré que es UPyD: Unión Progreso y Democracia.

Hablaron de laicidad, de reforma de la Ley electoral, de listas abiertas, de regeneración democrática y abominaron de la corrupción política. Todas estas propuestas ya estaban en circulación desde cuatro años antes, pero la repercusión que su actitud de rebeldía juvenil les imprimió, propició que llegaran a la inmensa mayoría de la ciudadanía como si fueran nuevas.

 Sin embargo estos autodenominados “indignados” – que no son los únicos – se han instalado en su propia actitud, sin saber muy bien qué hacer con ella y por dónde o cómo encauzar tales reivindicaciones para hacerlas llegar a las instituciones. Ahora están corriendo el riesgo de ser fagocitados por “los veteranos del poder” desde alguno de cuyos estrados ya les han ofrecido una maliciosa reforma de la Ley Electoral, a la alemana, ignorando de forma deliberada el Dictamen que el Consejo de Estado ya emitió hace unos años al respecto.

Papa Benedetto

Ahora está a punto de producirse una nueva visita del Papa y han salido de nuevo a la palestra con el malentendido concepto laico del Estado. Vuelven a oír campanas. Hablemos de ello, de la visita de Benedicto XVI.

 Está bien defender un estado laico – yo también lo defiendo, UPyD también lo defiende – distinguirlo de un Estado aconfesional, como es España al presente, pero la laicidad consiste en mantener al Estado al margen de cualquier opción religiosa, respetando a todas por igual, siempre que en sus prácticas no atenten a los derechos humanos, y respetando incluso la falta de adscripción a credo alguno, ya sea por ateísmo o por agnosticismo (que no es lo mismo). Pues bien, ese concepto laico del Estado, esa laicidad institucional debe impedir cualquier pronunciamiento que no respete la libertad de conciencia, jamás debe convertirse en un ataque frontal a una concepción religiosa, sea cual sea y menos aún a la libertad de expresión de pensamiento, tratando de poner en alerta al Ministerio Fiscal de forma premeditada en contra de unas posibles manifestaciones que todavía no se han producido. Esto no es laicidad, esto raya en anticlericalismo, tan nocivo como cualquier otro “anti”.

 Otra cosa es hablar del grado de implicación de las instituciones públicas y del Estado en tal evento. Su financiación por empresas que luego desgravarán estas aportaciones SÍ afecta al erario público y le resta recaudación impositiva. La seguridad, la prevención de riesgos y la vigilancia de las instalaciones, y otros etcéteras que se derivan de los “efectos colaterales” del propio evento, suponen un coste añadido que va a soportar el Estado.

 Pero aún hay algo más: el coste del evento propiamente dicho, su propia o pretendida autofinanciación, adornada con la ingente cantidad de “casullas” que han sido tejidas en oro ex profeso para este acontecimiento dejan en total y absoluta evidencia el desamparo social, económico, sanitario, críticamente vital en que se encuentran infinidad de niños y familias en demasiadas extensiones del mundo, África y no África.

¿Por quién doblan esas campanas?

Joel Heraklion Silesio

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LO QUE NOS SEPARA (O EL FEBRON DE FABRA)

 

Lodazal de las descalificaciones

Lodazal de las descalificaciones

Me preocupa el caso Fabra, me preocupa por múltiples razones, más de las que se han argüido últimamente… quizá por ninguna de ellas.

No puedo evitarlo pero tengo que recurrir a la lógica aristotélica porque de lo contrario, dejándome llevar por la indignación, acabaría en esa ciénaga común en que se lustran, se abrillantan, se enlucen los políticos de corte clásico sin apreciar que está repleta de tarquín: la ciénaga de las descalificaciones, del juicio paralelo, del prejuicio.

Debería explicarme, pero no sé si lo conseguiré. Lo que me bulle en mi “naranja mecánica” es muy complejo, se me agolpan las conjeturas, se confunden con las ideas y se transforman en un torrente de conclusiones que tratan de salir al exterior de forma caprichosa, deslavazada, desordenada, inconexa, descompuesta y por ello se hace necesario ordenarlas porque la cuestión es compleja y ardua. Quiero partir de la premisa de que lo acaecido con el caso de Carlos Fabra es indignante, no debería haber sucedido, tampoco debería haberse producido la concatenación de hechos que se han ido aglomerando en torno suyo y, por supuesto, el final no debería haber sido el que ha sido. Para evitar que la indignación que este resultado me produce me lleve a rebozarme en el fangal antes aludido tengo necesariamente que pararme a reflexionar.

Para mí es importante la distinción entre verdad material y verdad formal, aquella reside en la singularidad de los hechos que en un momento determinado tienen lugar, las acciones u omisiones que alguien lleva a cabo y que quizá solo él conozca; ésta, la verdad formal, es la que queda recogida en una sentencia judicial como consecuencia de la prueba practicada en el proceso correspondiente y que puede o no coincidir con aquella. Si se pierde de vista esta fundamental distinción podemos caer en tremendas incongruencias, tales como decir que Carlos Fabra ha sido declarado inocente y que se le pidan disculpas por los que mantuvieron lo contrario, como pretenden algunos de sus correligionarios o pedir su dimisión o, lo que es peor, considerar que se ha salido de chinitas gracias a la prescripción de “su delito”, lo que para algunos se ha producido gracias a las “maniqueas” manipulaciones de algún Corleone que anda suelto, apologetizar el deshonor de invocar la prescripción o proponerle el montaje de un dispensario de consejos de cómo engañar a la Hacienda Pública.

Ninguna de todas estas declaraciones se sostiene sola, primero porque al Sr. Fabra nadie le ha declarado inocente, al no haberse celebrado juicio, y segundo que ninguna sentencia ha constatado que hubiera cometido delito alguno – por ahora – y son esta clase de manifestaciones públicas, ostensiblemente aviesas, grandilocuentes y rayanas en el exabrupto las que están desprestigiando a la clase política, porque los ciudadanos silenciosos permanecen silenciosos pero no ignorantes y se dan cuenta de lo que a sus ojos se presenta como un intento de manipulación de su propia inteligencia.

Muralla de Adriano

Muralla de Adriano

Estamos en UPyD por lo que nos une y todos los que estamos en este partido tenemos claro qué es lo que nos une, pero esta moneda tiene dos caras, no estamos en ningún otro partido por lo que nos separa, por lo que nos diferencia. Somos más respetuosos con el Estado de Derecho que cualquiera de los demás, más respetuosos con la presunción de inocencia que cualesquiera de ellos, que es nuestra muralla de Adriano y deberíamos mantenernos atentos a qué es lo que nos diferencia y permanecer lejos del lodazal de las descalificaciones, del juicio paralelo, del prejuicio y apuntar allí donde la razón, el análisis equilibrado y la crítica fundamentada nos hará diferentes.

Nunca podremos estar seguros de que aquellos hechos que se le imputaron fueran o no realmente cometidos por Fabra, al menos aquellos cuyas consecuencias han sido declaradas prescritas, porque lo que ha prescrito es la acción jurídica que permitía entrar a conocerlos – no el supuesto delito en sí – y por ello tales hechos no podrán ser investigados ni ser objeto de procedimiento judicial alguno.

Esto es propio de un Estado de derecho y debe ser respetado como tal por UPyD.

Pero tal situación en modo alguno nos debe llevar al terreno de dejarnos impávidos y por ello permanecer impasibles ante ella. No podemos ni debemos consentir que tales acontecimientos puedan reproducirse y en tanto no tengamos capacidad de condicionar la norma debemos denunciar aquellas que deben ser modificadas, porque lo peor del caso Fabra no es quedarnos sin saber si fue autor y responsable de unos hechos que de haberse probado hubieran constituido delito, lo peor del caso es que haya funcionado el sistema de la forma que lo ha hecho, que haya sido posible aplicar la prescripción, en definitiva que se haya llegado tarde. Esa debería ser la clave de la crítica pública, aquella que coincide con nuestro lema de regeneración democrática y lucha contra la corrupción, clamando por una reforma legislativa que impida que un representante político pueda quedar al margen de un enjuiciamiento permitiendo con ello o bien que un posible culpable permanezca impune, o un inocente quede bajo sospecha permanente, y no se me diga que de ser este último el supuesto bastaría con someterse al procedimiento obviando la prescripción porque tal opción no es realista.

Si es necesario alargar los plazos de prescripción cuando los servidores públicos resulten imputados por determinados delitos, y no me refiero solo a los representantes políticos, habrá que hacerlo, si hay que poner los medios para que el funcionamiento de la administración de justicia cobre una agilidad por la que se viene suspirando por los juristas y la opinión pública desde hace muchos años sin que los remiendos introducidos hayan surtido el efecto deseado, pónganse esos medios, si es necesario hacer lo que sea necesario propongámoslo, solicitémoslo públicamente – a voz en grito – pero no caigamos en el tópico del insulto, del exabrupto y de la descalificación, porque eso es lo que nos ha de diferenciar del resto de la clase política, eso es lo que nos diferencia a la par que es lo que nos une.

Joel Heraklión Silesio.

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DEJEMOS DE RUMIAR

Cuentan de un sabio, que un día    

tan pobre y mísero estaba,

que sólo se sustentaba

de unas yerbas que cogía.

«¿Habrá otro», entre sí decía,

«más pobre y triste que yo?»

Y cuando el rostro volvió,

halló la respuesta, viendo

que otro sabio iba cogiendo

las yerbas que él arrojó.

Calderón de la Barca (S. XVII)

El adjetivo “sabio” tiene dos acepciones en el DRAE: Quien tiene profundos conocimientos en una materia, o quien, aún careciendo de tales conocimientos, posee la sabiduría. Mi abuelo materno, que era un sabio en esta segunda acepción, repetía a menudo: “Una medalla en el pecho… ¿qué barbaridad has hecho?” Este epigrama bien puede ser la transcripción a tiempos de la posguerra civil española, en que la usaba mi abuelo materno el sabio, de aquella otra atribuída a Ugo Fóscolo (poeta italiano de finales del XVIII, principios de XIX): En tiempos de las bárbaras naciones colgaban de la cruz a los ladrones Ahora, en el siglo de las luces, del pecho del ladrón cuelgan las cruces.

Tal parece que la primera acepción que la Real Academia le atribuye al sabio fue totalmente ignorada por nuestro ya expresidente del Gobierno. No he podido obviar el recordar estas cantatas, cuando en su día le oí decir al expresidente Rodriguez Zapatero algo así como que los técnicos tendrán su opinión, pero no se gobierna un país con la opinión de los técnicos. Sus palabras casi literales fueron: “…es lo que a veces pasa: tienes todos los técnicos… pero cuando se monta un lío, ni técnicos ni nada..”. Menudo epigrama para el que ha sido máximo responsable de la administración de un país.

Lo que pasa es que para ver bien un paisaje hay que estar fuera de él: en lo alto de una montaña o en un mirador preparado “ad hoc”. Y nosotros estamos viviendo una etapa de la historia que todavía no podemos contemplar con cierta perspectiva por el simple hecho de estar inmersos en ella. Tras aproximadamente un milenio de latencia medieval se han venido produciendo en occidente una sucesión de “revoluciones” que se iniciaron con el Renacimiento (s. XV-XVI) y a partir del cual la secuencia entre uno y otro suceso se ha ido acortando hasta llegar en algunos casos a solaparse. Siglo y medio después la revolución industrial, de origen británico, cambia los paradigmas productivos traslapándose durante los siglos XVIII y XIX con la revolución francesa que altera el modelo de la monarquía tradicional. A principios del XX se produce la revolución bolchevique, como antítesis de la hegemonía del capitalismo instaurado desde la revolución industrial. A lo largo de este reciente siglo, sigue desarrollándose una revolución tecnológica y cibernética que todavía nos alcanza y que no da señales de haber llegado a su fin.

La vertiginosidad de los cambios hace que estemos viendo el paisaje desde la ventanilla de un tren bala a su máxima velocidad, lo que reduce nuestra capacidad de análisis del entorno en que vivimos.

Hace algún tiempo, con ocasión del resultado de las últimas elecciones europeas (2009) el insigne ideólogo socialista y politólogo Ludolfo Parámio, en un articulo de opinión publicado en El País afirmaba, en referencia a la crisis de las ideas socialdemócratas, que no hay tal, ya que están siendo adoptadas por los gobiernos neoliberales de la U.E. afirmando que: “Resulta una llamativa paradoja que, en un momento en el que las ideas neoliberales se encuentran ante un fuerte descrédito, las elecciones europeas se hayan traducido para los socialdemócratas en un notable retroceso de casi seis puntos respecto a 2004…  …a juzgar por las políticas que se están aplicando, no es fácil hablar de crisis de las ideas socialdemócratas: más bien parece que la derecha se las ha apropiado”.

Por su parte el expresidente Aznar en la inauguración del “Campus FAES 2009” hizo casi por las mismas fechas un análisis totalmente opuesto, si bien estas perspectivas enfrentadas resultan coherentes con la ideología de sus ponentes.: “Lo han dicho rotundamente en toda Europa. Los ciudadanos han respaldado a los gobiernos de centro-derecha, a los gobiernos liberales y conservadores, a los gobiernos que respaldan claramente la economía de libre mercado. Los europeos han decidido confiar, por una abrumadora mayoría, en la opción política que ha demostrado que es capaz de crear prosperidad, crecimiento y empleo. Y han dado la espalda a la opción política que sólo promete subsidios y subidas de impuestos, y con ellos sólo consigue más paro y recesión.” A poco que hayamos seguido con cierto interés lo mucho que se publicó sobre los resultados de Europa-2009, veremos que los análisis y causas esgrimidas para la derrota de unos y el éxito de otros son variopintas, contradictorias, sesgadas, interesadas y en algunos casos absurdas, muy pocas veces acertadas.

Se me hace necesario ahora citar un artículo del literato y periodista peruano-sevillano Fernando Iwasaki que escribió por entonces en ”abcdesevilla.es” acerca del Babel informativo que se respira en España: “Me haría ilusión que la misma unanimidad que existe para decir que Alfonso Sastre es un etarra, se diera también para llamar ladrón al ladrón, inepto al inepto y corrupto al corrupto, pero sé que tal cosa es imposible porque ni siquiera hay consenso mediático acerca de la naturaleza del acto que acabó con la vida de Carrero Blanco. ¿Fue un atentado terrorista o una hazaña revolucionaria? Columnistas y tertulianos tampoco se ponen de acuerdo al respecto.

Por eso he llegado a la conclusión de que todo esto es “rumiar”, ya sabe el lector, pasear por los cuatro cuartos del aparato digestivo de los rumiantes algo que no se sabe bien cómo digerir: del rumen al retículo, luego al omaso y por fin al cuajar.

¡Pasen señores pasen!… pasen y vean…  y lean:

* el gobierno debe hacer todo lo que pueda para apoyar a la empresa, pero nunca creer que es un sustituto de ésta. La función esencial de los mercados debe complementarse y mejorarse mediante la acción política, y no debe ser entorpecida por ella. Apoyamos una economía de mercado y no a una sociedad de mercado

** Mantener el mismo empleo para toda la vida es algo del pasado. Se deben acomodar las crecientes demandas a la flexibilidad y, al mismo tiempo, mantener unos estándares sociales mínimos, ayudar a las familias a afrontar el cambio y abrir nuevas oportunidades.

*** el estado no debería remar, sino conducir: ¡no a un excesivo control¡. La burocracia del sector público debe reducirse a todos los niveles

**** los recortes de impuestos pueden jugar una función crítica a la hora de cumplir con sus amplios objetivos sociales.

Para muestra valen estos cuatro botones. ¿Verdad que parecen responder a una ideología liberal, de corte conservador y de derechas? Pues no. Estas frases han sido especialmente escogidas – hay muchas más – del manifiesto de dos ilustres socialdemócratas europeos pronunciadas halla por los finales del siglo XX, aunque parecen haberlo sido al pairo de la crisis internacional actual. Son nada más y nada menos que del británico Tony Blair y del germano Gerhard Schroeder.

¿Son los conservadores los que se apropian de las ideas de los socialdemócratas, como afirma Parámio, o son éstos los que se acercan al liberalismo? ¿De verdad la inmensa mayoría de los votantes tienen claro qué supone una y otra alternativa, como cree Aznar? ¿A la hora de votar distinguen entre Keynes y Adam Smith, o Friedman? Intuyo que unos y otros rumian y no alcanzan a salir de uno u otro compartimento digestivo.

La sociedad actual, globalizada e interactiva, precisa de un nuevo paradigma, de una nueva mente, de una línea de pensamiento que acabe con las viejas dicotomías. Según Blair y Schroeder: “La mayoría de las personas hace mucho tiempo que abandonaron la opinión mundial representada por los dogmas de izquierda y derecha“, Hay un refrán muy español que afirma que “en el término medio está la virtud”. Habrá pues que dejar de rumiar y tirar por el camino de en medio. ¿Será éste la ya vieja propuesta  “tercera vía” de Schroeder y Blair?

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Fernando Savater o el aristócrata platónico

“Los sabios hablan porque tienen algo que decir, los tontos porque tienen que decir algo” – Platón -.

Recientemente un compañero de UPyD, Eduardo Gómez, publicaba en la web del partido un sabroso y espléndido artículo Las piedras reptantes del valle de la muerte en el que, desde mi óptica, resaltaba dos cosas: una muy interesante reflexión sobre el deterioro del lenguaje y la decadencia de las palabras, y otra muy preocupante sobre la evolución en el tiempo de las relaciones humanas, sociales e interpersonales y el quebranto que, con el transcurso de la historia, han ido sufriendo los valores humanos creando una grave altercación de la escala axiológica.

Andaba pues yo meditando sobre “aquestas porfías” cuando me vino a la memoria que en el bachillerato humanista de los años cincuenta – el que yo estudié – en la asignatura de Filosofía (porque entonces se llamaban asignaturas y no materias ni temas) y concretamente investigando a Platón se nos explicaba que para este grandísimo filósofo la aristocracia consistía en el gobierno del pueblo por “los mejores”, (aristos significa “el mejor” en griego clásico). Sin embargo en la actualidad el significado de este término se ha deteriorado para acabar identificando como aristocracia a la nobleza y a las clases altas que, por tradición o linaje, son reconocidas como tales en la sociedad actual. He aquí otra manifestación de la decadencia de las palabras y de la subversión del escalafón de los valores.

Evidentemente casi dos mil quinientos años después, la palabra aristocracia puede no significar lo mismo, empero para Platón el estado ideal era aquel en que «los filósofos deben convertirse en reyes (gobernantes)… o esos a los que hoy se llama reyes (gobernantes)… deben filosofar genuina y adecuadamente» (La República, 473c). Esto era para él la “aristo-cracia”.

Ni que decir tiene que me gustaría rescatar el significado original del término, tratando de casarlo con el de democracia, sistema que por cierto menospreciaba el propio Platón porque para él ésta no suponía la elección de los mejores candidatos para gobernar, sino que en ella todas las personas están habilitadas en igualdad de condiciones para acceder al poder, considerando por igual a trabajadores, vagos, intelectuales, estudiantes, delincuentes y ciudadanos honorables, por lo que el resultado no garantizaba la elección de los mejores gobernantes o mayorías cualitativas, sino de las masas o mayorías cuantitativas.

Quizá pudo ser cierto entonces pero me gustaría creer que esta situación ha cambiado con los tiempos. Hace ya algún que otro siglo que la acción política – la ideología de uno u otro signo – se ha venido inspirando en filósofos-ideólogos que han ido marcando los paradigmas desde los cuales se han desarrollado distintas acciones políticas, así Hegel, Engels, Adam Smith, Keynes, Friedman y otros han ido sembrando el germen sobre el que políticos y activistas sociales han desarrollado lo que luego ha dado lugar a ideologías tales como el socialismo, el capitalismo, el liberalismo y que por un simple efecto de ubicación en los hemiciclos han derivado en las tan manidas derechas, izquierdas y centros.

Tengo la certeza, la convicción, de que un nuevo paradigma ha entrado en lid para desplazar de una vez por todas las viejas ideologías. Hace ya casi veinte años que distintos pensadores, escritores de renombre, algún que otro círculo de opinión y foros de debate han venido advirtiendo, quizá con tímido acento, de la herrumbre que recubre el taño de estas trasnochadas ideologías. El pluralismo cultural, las imbricaciones de la economía mundial, la internacionalización de los mercados, el declive del marxismo, la desarticulación del capitalismo como elemento distorsionador y generador de una economía de clases, la globalización en su sentido más amplio, y el auge que cualitativa y cuantitativamente han experimentado las mal llamadas clases medias, irrumpiendo en las distintas sociedades como engranaje de mayor peso específico entre los otros dos estratos sociales, cada vez más reducidos y minoritarios, todos estos factores evidencian que las políticas, los políticos y las ideas precisan de una renovación, de un nuevo paradigma que es necesario hacer llegar a la conciencia de una sociedad que todavía no se ha dado cuenta de ello.

Por eso he querido rescatar la idea del gobierno de “los mejores” que ha permanecido olvidada durante más de dos mil años, de los aristócratas de la política, de los aristócratas platónicos, de políticos que “filosofen genuina y adecuadamente” que cambien los paradigmas y que cambien la sociedad. Solo que la «falta de sentido de Estado de las dos principales formaciones, obsesionados con mantener el establishment para que no cambie nada» y la proliferación de los «mangantes de la política, como uno de los principales problemas de España» como ha resaltado Rosa Díez, está propiciando un clima de desencanto que se constituye en caldo de cultivo para la aparición de políticos populistas, políticos desaprensivos, advenedizos oportunistas mediáticos y lo que es peor aún, la aceptación por parte de algunos foros de opinión de que la absoluta falta de formación y de cultura no supone inconveniente alguno para que aquellos que, de una u otra forma pretendan regir los destinos de los ciudadanos y ciudadanas, accedan a las instituciones.

Este es sin duda el gran reto de UPyD, hacer saber a los ciudadanos que lo que mayoritariamente anhelan ya está en el ideario de un partido político nuevo, joven y transversal como es Unión, Progreso y Democracia, conseguir que todos los estratos sociales, incluido el intermedio que constituye el basamento más estable, denso y consistente del Estado, lleguen a identificar a UPyD como aquel partido político que responde a unas aspiraciones todavía no satisfechas por nadie, abriendo de una vez por todas sus esperanzas hacia la convicción de que otra forma de hacer política es posible, más que posible, es real.

Es imprescindible contar con Fernando Savater para ello.