«Antes que nada, demandaré que allí siga manteniendo el placer de comer y reproducirme -qué fuerza tienen estos vocablos- aunque tenga que materializarme corporalmente unos minutos para ello; bueno, se trata de alabar tales goces, sin guasa, aunque me conformaría con ser un alado invisible, parte de un aglomerado “álmico”. Seguro que allí me sentiría perfectamente cumpliendo mi nueva y positiva función superior. Cualquiera con tal de crecer.»
DISFORIAS GALILEANAS
«La obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo.» Platón (427 AC-347 AC)
Parece que hay una parte del género humano que permanece en el tiempo, han existido siempre, desde la antigüedad, como si no hubieran fenecido. Son los que sufren lo que yo defino como “disforias galileanas”.
Víctimas de esta humanidad inhumana fueron Hipatia de Alejandría y Sócrates en la antigüedad, más adelante Giordano Bruno y Galileo Galilei, el más famoso, y los más próximos a la actualidad, Miguel Servet y Mahama Gandhi. En todos ellos encontramos un distintivo común que los convirtió en objeto de persecución y aniquilamiento: su contribución a la ciencia y al pensamiento, costándole la vida a alguno de ellos.
Ha habido otras muchas víctimas de disforia popular en el tiempo, pero por otras razones, religiosas, políticas, ideológicas que nada tienen que ver con la ciencia y el intelecto, así Jesús de Nazaret, Juana de Arco, Julio Cesar, John F, Kennedy y tantísimos otros mártires de toda clase de ideologías y creencias, pero éstos no son objeto de este análisis.
Ahora me referiré al presente más inmediato, a la era de la tecnología, de lo digital, de internet y sus recién nacidas redes sociales.
- Primero fue el teléfono móvil que “afectaba al cerebro” cuando hablabas con él.
- Luego fueron las antenas de telefonía, que “provocaban cáncer”.
- Le siguieron las “chem trails” o estelas de vapor de agua de los aviones a reacción que difundían partículas nocivas, controlaban la climatología y las tormentas.
- Más delante el 4G, seguida del 5G, “nocivas” como ninguna.
- La Agenda 2030, “no tendrás nada pero serás feliz”, sentencia que no aparece en ninguno de sus 17 ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible).
- Y ahora, como quién no quiere la cosa, la AI, o Inteligencia Artificial, que “destruirá al ser humano para sustituirlo”.
Lo comentaba hace poco tiempo con un buen amigo mío, culto y de pensamiento crítico, muy preocupado por eso que se ha dado en llamar la “conspiranoia” del momento: Sólo se teme a lo desconocido.
Los PENSAMIENTOS de Josejazz.
A Sánchez se le puede aplicar esta frase de Miguel Cabanellas: «Ustedes no saben lo que han hecho porque no le conocen como yo (…) Si ustedes le dan España, va a creerse que es suya y no dejará que nadie lo sustituya en la guerra o después de ella, hasta su muerte». Hablaba del dictador Francisco Franco.
OLE y los trampantojos
“Encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.”
Si Platón hubiera vivido en el s. XXI nos hubiera hablado del trampantojo de la caverna, en lugar del mito, dado que la realidad social que vivimos se nos presenta en su totalidad como un gran trampantojo por medio del cual un enorme colectivo de ciudadanos, encadenados de cuello y piernas casi desde su nacimiento por un engranaje mediático-político que sobrepasa a cualquier pretendido cambio de poder o devenir ideológico, generalmente conocido como “stablishment” pero que el filósofo griego calificó como “farsantes prestigiosos”, proyecta sobre el fondo de nuestras conciencias imágenes que son reflejo ensombrecido de lo que éstos pretenden que confundamos con una realidad que dista mucho de ser la que nos ofrecen.
La existencia de aquellos dos mundos, el sensible – de las apariencias – y el verdadero – de las ideas – es perceptible a cualquiera que se proponga cultivar un tanto de perspicacia y dar un repaso al panorama socio-político en que nos estamos desenrollando, que no desarrollando.
A poco que estemos dispuestos a pararnos a pensar sobre esta realidad, que no verdad, social en la que nos desenvolvemos, podremos comprobar que el trampantojo de la caverna de Platón está hoy más alejado que nunca de tratarse de un mito.
Si queremos seguir refrescando la continuidad del relato de “La República” veremos que alguien que proviene del mundo de las verdaderas ideas, trata de conseguir la liberación de aquellos que permanecen en el interior del de las sombras y el adoctrinamiento.
En España este intento está siendo llevado a cabo en los últimos años por un nutrido grupo de ilustrados que parece haber quedado postergado al más ruin de los ostracismos, aquellos que tras la denominación de “Campaña OLE, Otra Ley Electoral” vienen afanosa e incansablemente laborando por conseguir que esa inmensa mayoría de ciudadanos que creen vivir una realidad, dejen de ver sus sombras.

A algunos de los que permanecíamos en el interior del mundo de las sensaciones y de las sombras nos deslumbró la luz que este conjunto de personas, de ciudadanos, nos mostró en sus innumerables intentos de hacernos llegar al mundo de las ideas. Platón no se equivocó cuando afirmó que esta labor, esa escapada al exterior de la caverna que simboliza la transición hacia el mundo real, el acceso a un nivel superior de conocimiento era labor de los sabios, de los ilustrados, de los “aristos”. En esta realidad nuestra hemos podido disponer de la iluminación y magisterio de Lorenzo Abadía.
Pero este intento, se nos advierte por el griego, viene acompañado por un camino complicado. Conseguir llegar a este mundo real (verdad) es difícil ya que representa el paso de lo sensible a lo inteligible. Lo sucedido en los últimos tiempos en España no hace más que adverar lo atinado del análisis de Platón. Pero ¿qué tiene de malo saber la verdad que a tan pocos interesa conocer? Nada en absoluto, salvo que le puede llevar a uno a darse cuenta de que vive engañado y ponerle en la tesitura de decidir si quiere seguir estándolo o no. Es triste, pero es así.
Es cierto. Está siendo un verdadero intento platónico en el más puro sentido alegórico del término, está siendo el viaje a Ítaca de Kavafis, o el de Fernán-Gómez, aninguna parte.

Platón ya advirtió que el regreso al mundo de las sombras de los que habían sido deslumbrados por la luz, con la ayuda de los hombres sabios, el retorno a la caverna de los que han visto el sol y alcanzado la verdad, no echarán de menos su vida anterior ni los honores disfrutados, pero si pasan de la luz a la oscuridad tardarán en acostumbrarse a la penumbra y los que todavía permanecen en las sombras creerán que salir a la luz conlleva que se estropeen los ojos por cuanto no merece la pena la ascensión.
El alumbrado que ha salido de las tinieblas debe ayudar a sus compatriotas. Las tinieblas representan una existencia en la que sólo se concede valor a lo sensible. En el ámbito social y político las tinieblas representan la manipulación de la opinión pública, que se basa en la persuasión mediante lo aparente y no mediante lo real, que es más difícil de comprender.
Pues bien, ¿Hasta qué punto toda esta metáfora ha cobrado carta de naturaleza en la campaña OLE? Pues hasta el punto de que en un desmesurado afán de ayudar a los menguados a ver la luz e intentar hacerlos salir de su trampantojo, se inicia el cervantino mito de la lucha contra los “molinos de viento” y, a sabiendas de que en realidad se trata de molinos, no se duda en arremeter, lanza en ristre, a todo el galope de Rocinante contra el primer molino que estaba delante, y después a otro, y luego a más sin considerar tan siquiera el riesgo de que de repente “dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.”
Y es que en esta ocasión son en realidad gigantes y no molinos de viento.
Justo Coll Villanueva.
SEGUNDA FERMATA
SEGUNDA FERMATA
Además de muchos años, desde la primera fermata pasaron muchas más cosas.
Las suficientes para haber ejercido como letrado en prácticas en dos despachos consolidados, el de D. José Cordero Cordero y en el de D. Francisco Amorós Ibor, haber puesto en marcha un negocio familiar mediante la creación de la mercantil JUSTO COLL S. L., haber ejercido como profesor de autoescuela, compra-venta de automóviles y mecánico, todo ello en la misma organización que llamé “Jurídico-Administrativa”, haber asumido el cargo de Secretario General de la Federación Valenciana de la Madera y haber constituido y fundado la Federación Española de Organizaciones Empresariales de la Industria del Mueble. Todo esto adobado y acompañado de dos matrimonios, divorcio mediante, y seis hijos, cuatro del primero y dos del segundo.
Mi segundo matrimonio, que felizmente perdura en el presente, lo contraje a mi imagen y semejanza, por lo civil, sin más acompañamiento que los testigos, mi hermano y el hermano de mi esposa y tuvo lugar el 15 de Marzo de 1991 después de haber nacido nuestros dos únicos hijos. Ceremonia rápida, fotos en los Jardines de Monforte con mi propia cámara y a seguir con la rutina laboral, eran fechas de declaraciones tributarias.
Siempre estaré reconocido a mi querida esposa por su abnegación, por su infinita paciencia y por su loable comprensión. Por ello he pasado toda mi vida procurando compensarla con mi adoración, con mi respeto y con mi amor.
EL NILO 1992
Tras siete años de convivencia, incluidos los dos de matrimonio y ya normalizado nuestro proyecto de vida en común, era llegada la hora de llevar a cabo nuestra primera fermata juntos, la segunda para mí y organicé un crucero por el Nilo, hablando con propiedad: contraté una agencia que nos lo organizara y fue todo un éxito.
Egipto era desde mi infancia mi lugar de referencia, y mi destino preferido. En el aeropuerto de Manises nos encontramos con otra pareja, de luna de miel, y en el Prat coincidimos con otras tres, dos matrimonios jóvenes, uno vasco y otro alicantino, y otro matrimonio consolidado catalán.
La química funcionó rápidamente entre nosotros y todo el trayecto fuimos los diez en comandita a cargo del gran Hagmed, nuestro ilustre guía de habla hispana, gran conocedor de la cultura española y de España, donde había cursado estudios.
El Cairo, primer destino y primera comida en un “italiano” que hallamos en los bajos de nuestro hotel. Desde allí observamos un gran barco fluvial, de estilo claramente faraónico en el que parecía celebrarse una fiesta. Nuestra estancia en la capital egipcia preveía una visita al Museo Egipcio de El Cairo, con sus fastuosas estatuas, momias y féretros de más de cuatro mil años de antigüedad, la fábrica de alfombras y la de papiros, BES Papyrus Institute, donde hice las compras para el recuerdo que me valieron el calificativo de “gato gordo” por parte de Hagmed que me dijo que así se llamaba allí a los “peces gordos”. Estando en negociaciones con el empleado que nos atendió, que hablaba perfecto castellano, le pregunté dónde podría contratar entradas para aquella barcaza egipcia que se deslizaba por el Nilo, y se ofreció a proporcionarnos todo un servicio. En dos taxis nos recogería en el hotel a las cinco parejas, nos llevaría hasta el embarcadero donde tendríamos hecha la reserva para un crucero por el Nilo de unas dos horas de duración, cena, música, baile y fiesta.
Los taxis esperaron en el embarcadero hasta que regresamos y nos devolvieron de madrugada al hotel, todo por un módico precio por pareja que a todos nos pareció aceptable. Y así se hizo.
Era el Ramadán y los lugareños estaban de ayuno religioso hasta el anochecer que comenzaba el festín de dátiles. La noche era joven para los musulmanes y todos andaban de fiesta por la calle, lo que aprovechamos para deambular por infinitas callejuelas y escondidas barriadas de El Cairo sin saber muy bien por dónde andábamos, pero nos habían asegurando insistentemente que podríamos pasear con toda tranquilidad porque nadie osaría atentar nada contra ninguno. Y así se hizo.
Amanecido el siguiente día en el espléndido hotel que nos hospedaba, desayunamos con las primeras horas del día en una explanada del interior del hotel, plagada de palmeras y con las primeras vistas de las pirámides de Ghizá en el horizonte. Traslado en autocar hasta la propia base de las pirámides, pelea con los camelleros que tiraban de mí para que me subiera al suyo, hasta que intervino Hagmed para solventar el conflicto y apaciguar los ánimos.
Tras un paseo en camello por un terreno desértico visitamos el interior de Keops, la mayor de las tres y luego a la Esfinge. Espléndido. Por la noche espectáculo musical y luminoso con las tres pirámides y la Esfinge de fondo. Sugestivo.
El recorrido por el Valle de los Reyes, con las tumbas desenterradas, el monumental Templo de la Reina Hatsetsup, las estatuas parlantes – los colosos de Memnón –, Karnak y su paseo de las esfinges, todo un baño de historia antigua donde, en afirmación de Hagmed, las piedras hablan. Y mis recuerdos de la célebre novela de Agatha Christie me llevaron a mi primer síndrome de Stendhal.
Y por fin el Nilo, el protector de Egipto, con sus subidas y bajadas, ahora ya controladas tras la construcción de la Presa de Asuán.
Vestimenta de chilaba y turbante. Recorrido en el pescante de la Calesa que nos acercó hasta el embarcadero de Lúxor donde subimos a la llamada motonave, barco-hotel que nos traslado en placentera navegación a lo largo del el Nilo, durante cuatro noches, cinco días, hasta Asuán, salvando varias esclusas donde las peleas entre los capitanes de las motonaves que se agolpaban para entrar los primeros resultaron ser un espectáculo de entrada libre.
Paradas en Esna, Edfu, Komo Ombo, Phylae, y visitas a sus respectivos templos milenarios, incluido el Museo del cocodrilo en Komo Ombo. Aeropuerto y vuelo hasta Abu Simbel, templos de Ramsés II y Nefertari, majestuosos y salvados de las aguas del Lago Nasser de donde, en los años sesenta del pasado siglo, fueron rescatados con la ayuda de distintos países entre los que se encuentra España, que recibió como recompensa el Templo de Debod en Madrid.
Fiesta en el barco, cena especial, baile del vientre y retorno hasta El Cairo, para volar de regreso a España.
PRIMERA FERMATA
PRIMERA FERMATA(1)
El tiempo, ese desconocido secular en el que involuntariamente inmersos desarrollamos toda nuestra vida sin acabar de percatarnos de ello es, a veces, un quebrado camino por el que nos zaleamos desde nuestro origen, a veces, una sinfonía en la que flotamos suspendidos en onírica ensoñación.
Empero tanto si andamos el pedregoso camino, como si sobrevolamos la dulce melodía, es imprescindible el calderón, la fermata o la corona; en suma, la parada, el descanso, la tregua. Todo el mundo debería tener la oportunidad de hacerlo, de retener el curso de la vida sin pararse, de interrumpir el compás sin quebrar la armonía. Eso han sido para mí los viajes que he tenido la dicha de poder realizar en mi vida, no importa dónde, no importa cuándo, pero viajar es necesario para todo aquel que desee convertir su trayecto vital en algo que tenga sentido.
Hoy, nochebuena de dos mil veintitrés, comienza el relato de mi primera parada, mi primer calderón en el que trascendí las fronteras de mi país, porque es ésto y no otra cosa el acto de viajar, salir de nuestro entorno social y cultural, salir del territorio. Si la escapada es por el interior, el viaje no pasa de excursión.
PARÍS 1963
Paso del Ecuador de los alumnos de la Facultad de Derecho de Valencia año en que, según la normativa de la época, alcanzaría mi mayoría de edad: veintiuno.
Lo primero era la propuesta a mis padres que accedieron sin vacilaciones, lo segundo organizar mi cabeza y mi trayecto. Gestioné el pasaporte porque España estaba a la sazón muy lejos de integrarse en la Comunidad Europea y Paco Noguera, un primo hermano de mi madre, me recomendó el uso de Traveler’s checks, unos bonos de viaje especialmente diseñados en dólares USA, que eran reconocidos en casi todo el mundo. Fuimos al Banco donde él trabajaba y me subió hasta el despacho del director para presentarme como cliente. Escena: yo era estudiante de Derecho, sin economía propia, dependiente total de mis padres, ambos trabajadores de la incipiente clase media de la década prodigiosa y cuando el director me preguntó la cantidad, en pesetas, que iba a adquirir su cara mostró la fiel imagen de su pensamiento. No recuerdo la cantidad pero ciertamente no requería la intervención de tan “alto cargo”.
La organización del viaje ofrecía la posibilidad de llegar los últimos días hasta Londres y solo unos pocos contratamos aquella opción. La salida, en autocar, fue triunfal, desde la calle de Játiva frente al Instituto Luis Vives todos cargados con más ilusión que equipaje. No recuerdo haber hecho noche por el camino, pero supongo que debimos hacerlo porque las carreteras no eran precisamente autopistas. Sí recuerdo una parada técnica en Lyón para comer, una especie de bar de carretera en que tan solo nos pudieron servir enormes bandejas de espagueti con queso rayado como plato único. Nos atiborramos.
Llegada a París, ya anochecido, la Torre Eiffel espléndidamente iluminada, mientras todo el autocar comenzó a cantar al unisono el pasodoble “Valencia” del Maestro Padilla.
Recorrí los Campos Elíseos, fotografié el Arco de Triunfo, visité Los Inválidos, con la tumba de Napoleón, el Gran Teatro de la Ópera, en el que me estrené como espectador de “Rigoleto” y donde me aficioné al género, Montmartre, Sacré Coeur, Moulin Rouge, con mi primer espectáculo de chicas en topless, y el Moulin de La Galette. Todo un baño de cultura.
Por el Sena, crucé a L’ile de la Cité, y oí misa en Nôtre Dame. Un sacristán se me acercó y me ofreció subir al altar para ayudar al sacerdote en el oficio. Me vi inexplicablemente sorprendido, un español en la Francia protestante, ayudando a una misa católica en la Catedral más importante de París. Rechacé, no sin un incontenible rubor, la propuesta.
LONDRES
Mientras algunos compañeros permanecieron en París, donde los recogeríamos a la vuelta, los privilegiados que contratamos la excursión opcional fuimos trasladados hasta la costa del Mar del Norte, Calais, donde embarcamos en un Ferri para cruzar el Canal de la Mancha hasta Dover. Recuerdo que el trayecto fue nocturno, llegando a la costa británica con las primeras luces del alba. Allí tuvimos que buscar la Estación Ferroviaria y acceder a un tren, un tanto cutre desde la perspectiva actual, que nos llevó hasta Londres. Casi no habíamos dormido en el Ferri y todos caímos de bruces sobre una especie de mesa que había entre los asientos del vagón. Habíamos depositado el equipaje de mano sobre los estantes que habían en la parte superior sobre nuestras cabezas y en algún punto, de algún lugar, de algún sitio una de aquellas maletas cayó sobre la cabeza del pasajero, aparentemente inglés, que viajaba en el mismo departamento que ocupábamos nosotros. El ruido y su grito hizo que todos levantáramos la cabeza, saliéramos momentáneamente del sopor y sin mediar palabra nos miramos unos a otros sin terminar de entender lo que acababa de pasar. Seguimos durmiendo hasta llegar a Londres.
Hotel de bonita fachada en Lexham Gardens, donde coincidimos con un grupo de chicas italianas, estudiantes como nosotros, con las que fue fácil entablar conversación y pronto nos preguntaron por el régimen político de Franco. Parece que, desde el exterior, esa era la máxima curiosidad que despertaba España.
Cada habitación era compartida por dos de nosotros, y yo lo hice con mi ilustre compañero Jesús Barrachina Luna, de la saga de los célebres Establecimientos Barrachina, de la Plaza del Caudillo (hoy del Ayuntamiento), presidente perpetuo de la Comisión Fallera de la calle Convento Jerusalén, popular empresario restaurador valenciano, ligado al Valencia Club de Fútbol y que hace algunos años nos dejó.
Picadilly Circus, Madame Tussaud, el Támesis, el Parlamento y el Big Ben, y creo que el mejor episodio fue ver una ceremonia de cambio de guardia en Buckingham Palace. Todo un espectáculo.
En uno de aquellos paseos por las calles londinenses, el grupo de amigos tuvo la genialidad de proponer entre ellos esconderse en algún portal o establecimiento, de tal manera que quedé aislado, sin saber inglés, y quizá con la desafortunada broma de ver si era capaz de desenvolverme solo. En un bolsillo de mi chaqueta llevaba una tarjeta del Hotel cuyo nombre recuerdo especialmente por este episodio. Paré un taxi, intenté pronunciar la dirección, varias veces, Lexham Gardens, Lexham Gardens… pero tras varios intentos infructuosos decidí enseñarle la tarjeta. Llegué al hotel y estuve esperando poder gozar de sus caras al verme sentado en la entrada y ver que había llegado sin problemas y antes que ellos. No dije absolutamente nada y me comporté como si nada hubiera pasado, lo que les dejó todavía más atónitos.
El retorno hasta Valencia carece de episodios destacables.
Un saludo, amigo lector.
FIN de la PRIMERA FERMATA
1.- FERMATA, también conocida como corona o calderón, en notación musical es un signo que indica un punto de reposo, suspendiendo momentáneamente el compás y alargando la duración de las figuras musicales a las que afecta.
Libertad, y búsqueda de la verdad.
Debemos darnos cuenta de que el hihab, el burka o el velo islámico, no es cuestión de los cristianos ni de las feministas occidentales.
GOLPISMO ERES TÚ
Exige a Núñez Feijóo la criatura que obligue a rectificar al ex presidente Aznar “en aras del interés de nuestro país, de los valores constitucionales y democráticos”, que ya es confundir conceptos: el interés de España con los intereses de Pedro Sánchez, que se resumen en uno: resistir en La Moncloa al precio que sea.
El Arte y Ellos
Para mí son muy importantes las aportaciones que Mujerárbol hace la la cultura y al conocimiento.
SEXUALIDAD SIN PREFIJO
Cómo han pasado los años y la corteza cerebral sigue tan refractaria.
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